8M en América Latina: la ofensiva imperialista y el triángulo de la opresión

Por Lu D

Este 8 de Marzo, Día Internacional de la Mujer Trabajadora.  nos encuentra en medio de una nueva ofensiva imperialista en América Latina. El 3 de enero una intervención militar de Estados Unidos secuestró y encarceló a al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, con la excusa del narcotráfico. Pero el objetivo real fue declarado abiertamente por Trump: avanzar en la posesión y control directo del petrolero venezolano. El 26 de enero, por presión del mismo EE.UU., México suspendió el envío de petróleo a Cuba, lo que genera un aumento de la crisis económica y humanitaria en la isla.

Estos son los puntos más crudos y actuales de una política yanqui para aumentar el saqueo en el conjunto de América Latina y que tiene distintas expresiones:  el conflicto por los aranceles con Brasil, la injerencia en las elecciones de Argentina y de Honduras, la alianza estratégica con Bukele en El Salvador, entre otras.

Las razones de esta ofensiva van mucho más allá del estilo brutal de Trump. A la pretensión histórica yanqui de apropiarse de Latinoamérica, se suma la situación global y del gobierno de Trump en particular. La crisis abierta en 2008 no se resolvió estructuralmente; las recuperaciones fueron parciales y la competencia entre Estados se intensificó. El lugar de Estados Unidos como amo absoluto del mundo empezó a ser cuestionado y para mantenerse en ese lugar necesita recuperar y avanzar en terreno conquistado. Además, internamente la situación de EE.UU. también es conflictiva, proliferan protestas contra el gobierno de Trump por la situación económica y contra el ICE y pronto habrá elecciones.

 En este intento de recuperar terreno, América Latina es central porque, además de la cercanía geográfica, representa el 20% del comercio de Estados Unidos, como mano de obra barata (20% de la fuerza laboral en EE.UU es de origen latino y al menos  al menos 2,8 millones de trabajadores/as de América Latina lo hacen en filiales mayoritariamente estadounidenses), por los recursos naturales estratégicos que posee (el 49,6% del litio, el 35% del cobre, el 94% del niobio, 33% del agua, existente en el mundo) y la dependencia económica que tienen el conjunto de los países del continente mediante deuda externa (el 44,9% de la deuda pendiente con el FMI es de países latinoamericanos).

¿Y a nosotras qué?

Este problema no es ajeno a los que tenemos como mujeres trabajadoras. La política y el servilismo de los gobiernos,(con sus ajustes fiscales, reformas y represión)  tienen efectos sobre la vida del conjunto del pueblo trabajador, y dentro de eso las mujeres, que ya cargamos con las peores condiciones, somos las más afectadas.

Veamos algunos datos:

  • Según datos de la OIT la tasa de participación en el mercado laboral es del 52 % (mientas que el de los varones es del 74%). El mismo informe indica que las mujeres ganan un 20% menos en promedio y se concentran en empleos de menor calidad. La mayoría de las mujeres se emplean en tareas de servicios y cuidados XXX, en la industria las mujeres representan un 20%. Las mujeres migrantes y jóvenes además se llevan la peor parte en cuanto a precariedad en los trabajos.
  • Cuidados: las tareas domésticas y de cuidados recaen centralmente sobre las mujeres. Según informe de la Cepal el 24,2% del tiempo de las mujeres está dedicado a esas tareas no remuneradas, mientras que de los hombres es el 8,8%. Esto es en promedio, porque en muchos casos el tiempo dedicado es mayor.
  • Violencia: en 2024 se registraron en América Latina al menos 3.828 víctimas en 26 países y territorios de la región, lo que equivale a ~11 muertes por día y al menos 19.254 en los últimos cinco años. El boletín regional de CEPAL señala que encuestas nacionales en 12 países muestran que entre 63% y 76% de las mujeres experimentaron alguna forma de violencia de género.

A esta violencia hay que sumarle la que deviene de los propios estados y regímenes, lo que se ve particularmente crudo en “estados de excepción” como el de Bukele en El Salvador, donde además de la persecución y encarcelamiento la violencia sexual cometida por militares es impune o el caso de Venezuela donde no se puede acceder a datos reales.

El triángulo de la opresión

Estos tres aspectos están íntimamente relacionados: el 47% de las mujeres inactivas en el mercado laboral declara que es por razones de cuidado, son las mismas por las que las mujeres tienen menos posibilidad de acceder a trabajos de tiempo completo y mejores pagos, ya que (aunque varia de país a país) prima la casi inexistencia de guarderías gratuitas en barrios populares y la falta de jardines maternales estatales. Entonces para muchas de nosotras ver qué hacer con los/as hijos/as, para poder salir a trabajar o tomar trabajos con jornadas de 8 o 9 horas es una odisea.

  Además de eso muchas empresas prefieren no contratar mujeres, no solo por prejuicio de que no podemos (que también lo hay) sino porque tienen que estar pendientes de los cuidados, por la posibilidad de embarazo o enfermedad de los/as hijos/as o ancianos/as a cargo.

 Así el circulo que nos condena a la subordinación económica se refuerza y actúa como base de la violencia machista que es familiar en la mayoría de los casos, porque sin autonomía económica es muy difícil salir del lugar subordinado. La ideología machista (que podemos resumir como la idea de que la mujer es inferior) sirve para que, dentro de los explotados, la mitad además sea oprimida

 ¿Esto quiere decir que solo ganando autonomía económica individual una puede zafarse de la opresión? No, es mucho más complejo, pero si es fundamental tener presente como las condiciones materiales actúan sobre nuestras penurias cotidianas y como sin modificación en ellas, todos los demás aspectos es más difícil modificarlos.

La ofensiva imperialista precariza aún más nuestras vidas

En este estado de la cuestión, la ofensiva del imperialismo norteamericano, las multinacionales y los gobiernos aumenta la precariedad de nuestras vidas en todos los sentidos. Porque significa presión para el pago de deuda externa, cambios laborales en función de mejorar las ganancias de las multinacionales, aumento de la extracción desmesurada de recursos, con las consecuencias sociales que ello acarrea.

 Los “ajustes fiscales” en función de pagar deuda externa, son es los brutales recortes de los presupuestos para asistencia social, salud, educación, discapacidad, jubilaciones, y eso agrava nuestras penurias y sobrecarga ¿Quiénes mayoritariamente hacen filas horas para conseguir turnos médicos? ¿Quién cuida a los ancianos/as en condiciones de pobreza? Los ataques a los derechos laborales, como a la reforma en Argentina atacan particularmente a sectores de mayoría femenina, y al empeorar las condiciones de trabajo del conjunto, también se traslada en sobrecarga doméstica para nosotras. 

Organizar y pelear con independencia de clase

Hoy es necesario enfrentar los ataques de Trump con todos y todas los/as que estén dispuestos/as a hacerlo y eso tiene que recorrer este próximo 8 de Marzo en América Latina. También es necesario enfrentar los retrocesos a las medidas democráticas conquistadas. Pero eso no puede diluir las demandas específicas que hoy tenemos las mujeres trabajadoras. Defender los derechos como mujeres en general, no nos puede hacer disolver nuestra realidad como trabajadoras, como explotadas y oprimidas y eso se tiene que expresar el 8 de Marzo que es un día que tiene origen en las luchas de nuestra clase (Link a artículo histórico).

Es importante sacar conclusiones de la experiencia de las últimas décadas: años de lucha conquistaron derechos democráticos importantes —como el acceso a la IVE en Argentina, leyes contra la violencia de género, ESI, cupos y mayor presencia de mujeres en espacios de poder— que hoy la ultraderecha, con su discurso abiertamente machista, amenaza con hacer retroceder y que por eso es necesario enfrentar; pero al mismo tiempo, la experiencia reciente muestra que ni la llegada de presidentas, funcionarias “feministas”, ministerios específicos o mujeres en altos cargos, ni los discursos de gobiernos “progresistas”, mejoraron la vida de las mujeres trabajadoras, porque esos proyectos mantuvieron la misma lógica de subordinación a los mandatos del imperialismo, las multinacionales y las patronales locales, reproduciendo el deterioro general de la clase trabajadora y profundizando, para nosotras, la doble carga de explotación y opresión; por eso, seguir a esos sectores patronales no constituye una salida real para nuestra situación.

A la vez, las demandas que tenemos como mujeres trabajadoras, no son solo nuestras, son parte de las demandas del conjunto de la clase. Y tenemos que pelear para que así sean asumidas. Esto no es sencillo, porque el machismo actúa también entre nuestros compañeros de trabajo, de lucha y de organización. Pero no podemos permitir que ese machismo nos siga relegando y dividiéndonos.

Revolución para terminar con la opresión

Una salida real para los problemas de las mujeres trabajadoras, solo será posible si cambiamos el curso de la historia, si doblegamos la estructura del sistema. Como profundizaremos en un próximo artículo, hace más de 100 años la Revolución Rusa logró para las mujeres trabajadoras más que lo que cualquier país capitalista modelo, porque no se trata de discursos sino de poner el excedente de la producción (la ganancia que hoy se quedan los capitalistas) al servicio de medidas que logren romper con la doble jornada en el hogar socializando las tareas domésticas y de cuidado de niños/as, enfermos/as y ancianos/as; de garantizar realmente acceso a todos los puestos laborales; de sustentar tanto del derecho a no ejercer la maternidad, como el de elegir el momento en que hacerlo. Eso es posible en un sistema opuesto al actual, un sistema al servicio de las necesidades de la mayoría de la población y no de la ganancia capitalista, una sociedad socialista.  Para eso nos organizamos y peleamos, por la revolución obrera y socialista que de las condiciones para nuestra real emancipación. 

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