La Nakba no terminó

CORI-CI

El 15 de mayo de 1948, el aparato sionista ocupó militarmente el territorio palestino para crear el Estado de Israel, expulsando 750.000 personas, un tercio de la población nativa. Este hecho fue nombrado por los palestinos como la Nakba (“la catástrofe”).

Y no es para menos: casi 80 años después, vemos con claridad los alcances de esa catástrofe: Gaza es hoy un campo de concentración a cielo abierto; Israel se ha convertido en la principal causa de muerte infantil en el mundo; casi 10 mil presos políticos y una ley votada en la Knesset (parlamento de Israel) para asesinarlos en la horca; condiciones inhumanas de vida: sin luz ni agua, sin saneamiento ni medicamentos, bajo bombardeos y desplazamientos constantes; secuestro de personas, torturas y violaciones. Son solo algunos de los principales terrores que hoy enfrentan los palestinos.

La ocupación del 15 de mayo no surgió de la nada. Muy por el contrario, fue un plan del sionismo y del imperialismo construido a lo largo de décadas que, en 1948, tras la Segunda Guerra Mundial, encontró las condiciones que necesitaba para implementarse. Un día antes, el 14 de mayo, el Mandato Británico (entonces la autoridad regional) abandonaba el gobierno y el territorio (lo que Israel celebra como su “independencia”), garantizando así las condiciones militares y políticas para la “ocupación oficial” que se vive en Palestina desde entonces.

Es importante destacar que, ya desde aquel entonces, este proceso de limpieza étnica1 fue llevado a cabo con la complicidad de la burocracia estalinista que dirigía la URSS, y sobre todo de la democracia burguesa internacional: en 1947, tras el fin de la guerra, la ONU aprobó un plan para crear un Estado “judío”, obligando a Palestina a ceder 56% de su territorio al sionismo. Para eso, se apoyó en la empatía mundial con el pueblo judío tras el Holocausto que había vivido en Europa bajo los nazis.

Se omitió la parte más importante de la verdad: poco tenía que ver Israel con el judaísmo propiamente dicho: se trataba de un Estado sionista, es decir, supremacista religioso. En otras palabras, con ideología nazi. Así, una medida que el imperialismo democrático burgués disfrazaba de “humanitaria” era, en realidad, la creación de un enclave militar nazi-sionista (en territorio palestino) para mantener el control de la región y de su población. Algo así, como un portaaviones armado en medio de la región más rica en petróleo del mundo

El 56% del territorio cedido en 1948 era muchísimo para una población no nativa, minoritaria, y racista. Pero no era suficiente para dominar la región: o colonizaban el conjunto del territorio, expulsando y/o aniquilando a la población árabe nativa para eso, o esta se levantaría contra la ocupación militar sionista, una posible chispa el levantamiento de otros pueblos árabes contra el dominio imperialista a través de Israel.

Poco después, el sionismo expulsó 300.000 palestinos más (por eso se conoce a este proceso también como “el éxodo”), y se anexó 22% adicional del territorio, con los mismos métodos de ocupación militar y limpieza étnica, pero esta vez de forma “ilegal” profundizando sus métodos violentos.

En 1967, el sionismo realizó un nuevo y cruento avance sobre Gaza, Jerusalén del Este y Cisjordania que consolidó la Nakba y seteó las condiciones de colonización que llevan hasta el presente y aumentaron las denuncias de organismos internacionales. Desde entonces hasta la actualidad el dominio de Israel sobre territorio palestino sigue creciendo (ya supera 80% del territorio del Mandato Británico). La limpieza étnica ha llegado a niveles de crímenes de lesa humanidad y contra la humanidad – y aún con la complicidad del imperialismo y de la democracia burguesa mundial, que lo financia y apoya política y militarmente (más allá de algún discurso más o menos progresivo, según cada caso).

Hoy, los territorios palestinos están reducidos a Gaza y una parte de Cisjordania. Gaza es un campo de concentración a cielo abierto, y Cisjordania sufre ataques constantes por el avance de colonos: en 2024, se contabilizaban más de 700.000 colonos israelíes ilegales en 350 asentamientos que rodean y aíslan Cisjordania2).

Avance del sionismo en territorio palestino desde 1948:

Palestina hoy:

La guerra sionista-imperialista en “Medio Oriente”

La guerra sionista-imperialista que actualmente vivimos en Medio Oriente manifiesta con toda su fuerza el papel de gendarme del imperialismo que caracteriza a Israel desde su creación. Lo saben ellos, que iniciaron la guerra, y lo saben también los pueblos árabes que opusieron una fortísima resistencia (en algunos casos, contra sus propios gobiernos). En la línea de frente de esta resistencia está el propio pueblo palestina, que sigue luchando y organizándose a pesar de las terribles condiciones de vida; le sigue Irán, que demostró tener mayor capacidad militar de la que parecía en un primer momento y se puso a la cabeza de la resistencia armada; continua por Siria, Líbano, Yemen, Jordania, Marruecos y otros países, cuyos pueblos reconocen a Israel como el responsable de las consecuencias de esta guerra (tanto las militares y políticas como las económicas, producto del bloqueo al petróleo y el consecuente encarecimiento de precios, ajuste, reducción de actividades, cierre de negocios, etc.). Por eso, comienzan a levantar consignas contra el Estado de Israel.

La gran diferencia entre 1948-1967 y la actualidad es que, en aquel entonces, ese gendarme aparecía y se presentaba como invencible, y la guerra actual demuestra no sólo que no lo es sino también que es mucho más frágil y está mucho más en riesgo de lo que se pensaba.3

Estados Unidos e Israel sufrieron una derrota en la guerra a Irán, pero no pueden reconocerla plenamente sin verse obligados a aceptar las consecuencias políticas de la misma. Por eso, Trump se retira de Irán y de Ormuz diciendo “ganamos”, e Israel, sin apoyo imperialista y derrotado en Irán, precisa continuar avanzando en Cisjordania y en el sur de Líbano para paliar esa derrota – inclusive dentro del propio Israel.

Ya desde la avanzada “contra Hamas”, el 7 de Octubre de 2023, y a la vista de la masacre llevada a cabo en Gaza, el apoyo internacional al sionismo se ha reducido enormemente – incluyendo el imperialismo europeo, que se vio obligado a distanciarse de tamaña crueldad para no quedar pegado con crímenes de lesa humanidad.

La guerra y sus consecuencias solo empeoraron las condiciones de Estados Unidos y de Israel en el mundo, poniéndolos objetivamente en el centro de una serie de conflictos globales como consecuencia (como dijimos, por ejemplo, el aumento del precio del petróleo y las reacciones en innúmeros países). Esto no es menor, pues trae a tono una discusión que siempre estuvo planteada, y hoy está en el centro del debate y de la elaboración política: la destrucción del Estado sionista de Israel en la actualidad.

La corriente internacional fundada por el trotskista Nahuel Moreno (el morenismo) siempre ha sostenido que la política de “los dos Estados” es inviable. No hay mucho que agregar a esto, pues la propia historia ha demostrado que es imposible la convivencia pacífica de un estado palestino con un Estado supremacista religioso, su ocupación militar y sus métodos de limpieza étnica.

Si aún cabían dudas, el grado de destrucción del territorio y de la población palestina hoy es un resultado irrefutable de esto. Desde su creación, el Estado de Israel nació como un Estado nazi-sionista y cumple un papel de enclave militar del imperialismo. Cada momento histórico clave del conflicto ha demostrado la validez de esta caracterización. Así, la destrucción del Estado de Israel es una tarea necesaria para pueda existir una verdadera Palestina única donde judíos (no sionistas), musulmanes y cristianos puedan convivir realmente en paz.

Hoy, después de la derrota del Israel-EEUU en la última guerra Medio Oriente, este debate toma un nuevo color: la destrucción del Estado de Israel ya no es una consigna “principista pero abstracta”, sino una tarea concreta planteada para los pueblos árabes del Levante, del Norte de África y del Golfo Pérsico.

Estados Unidos se retira de la región muy debilitado, pero por ahora, y a pesar de sus profundas crisis, sigue siendo el jefe del imperialismo a nivel internacional. Los efectos de esta derrota sobre Israel son mucho mayores: de hecho, corre riesgo su existencia. No es casual que la discusión haya girado hacia si Israel tiene “derecho” o no de existir. Algo que antes se daba por sentado y se consideraba incuestionable, hoy vuelve a ser el eje de la discusión del conflicto en Medio Oriente, pues mientras Israel “tenga el derecho a existir”, ninguno de los pueblos árabes podrá tener ningún tipo de paz.

Imaginemos que Egipto, Turquía, Túnez, Irak, y otros países en la región se sumasen al ataque de Irán contra Israel: la derrota del Estado sionista sería inevitable y definitiva. Si esto no sucede no es porque “no es posible derrotar a Israel” ni porque las masas árabes no comprendan esta tarea y su centralidad, sino porque los gobiernos burgueses árabes y musulmanes no quieren llevarla a cabo. Por eso, la destrucción del Estado de Israel debe ser el eje del programa de esta lucha. No solo porque resolvería el conflicto Israel-Palestina, sino que ayudaría al avance de la conciencia y organización de las masas árabes y musulmanas contra sus propios gobiernos – aquellos que, desde la misma creación de Israel, han sido cómplices de su consolidación en territorio palestino, en contra de las masas de sus propios pueblos y, a veces, apoyándose en el propio aparato sionista para controlar las reacciones y procesos revolucionarios.

Al mismo tiempo, apoyar la lucha del pueblo palestino contra Israel para recuperar su territorio histórico es una tarea que deben tomar todos los pueblos del mundo. En especial, los de aquellos países cuyos apoyaron la creación de Israel y siempre lo respaldaron. En el caso de las potencias europeas las grandes movilizaciones de masas obligaron a sus gobiernos a “tomar distancia” de Israel. En Italia, además, los trabajadores ya han realizado varias huelgas generales en apoyo a la lucha del pueblo palestino. Son ejemplos que debemos seguir en todo el mundo.

Por eso, en el 78 aniversario de la Nakba, desde la CORI-CI seguimos levantando aquello que reivindicamos históricamente: el derecho de retorno de los palestinos expulsados, pero no a cualquier Palestina, sino a una Palestina única, libre, laica y soberana del río al mar. Y seguimos afirmando que esto solo será posible si el conjunto de los pueblos árabes musulmanes y del resto del mundo llevamos adelante de conjunto la tarea inmediata que eso nos plantea: la destrucción definitiva del Estado sionista de Israel.

POR UNA PALESTINA ÚNICA, LIBRE, LAICA Y SOBERANA DEL RÍO AL MAR!

POR EL DERECHO DE RETORNO A SU TIERRA DE LOS PALESTINOS DE TODO EL MUNDO

FUERA EL SIONISMO DE PALESTINA

POR EL DERECHO DE IRÁN Y DE TODOS LOS PUEBLOS ÁRABES A LA RESISTENCIA ARMADA CONTRA LA GUERRA SIONISTA-IMPERIALISTA

CORI-CI

15/04/2026

1 Para más informaciones sobre el término y sobre el proceso como un todo, recomendamos leer “La limpieza étnica de Palestina”, de Ilan Pappé.

2 https://imeu.org/resources/the-nakba/timeline-the-palestinian-nakba-catastrophe-establishment-of-israeli-apartheid/146

3 Para más información sobre la situación actual en Israel, recomendamos leer https://corici.org/cual-es-la-situacion-de-israel-despues-de-la-guerra-contra-iran/, de Alejandro Iturbe.

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