Víctor Montes
Publicado en el site del PST de Perú
La «Marcha Nacional» del pasado 14 de noviembre se vislumbraba como un paso adelante en la lucha por la caída del gobierno de José Jeri y el Congreso corrupto. Sin embargo, la acción tuvo un impacto menor al que tuvo la movilización del 15 de octubre, y una actitud claramente menos beligerante que la mostrada por los asistentes en dicha oportunidad. ¿A qué se debe esta diferencia?
Camino a la jornada del 14
La convocatoria del 14 de noviembre nació como continuación de la movilización desarrollada un mes atrás, en la que la represión policial se cobró la vida de Mauricio Ruiz, ‘Truco’.
Esta vez, coincidiendo con un aniversario de la movilización en la que el espurio gobierno de Manuel Merino acabó con la vida de Inti y Brayan, la convocatoria contó con la adhesión explícita de la dirigencia de las CGTP y de federaciones obreras como la FETRIMAP (sindicatos industriales), además de la participación de algunos gremios estudiantiles como la Federación Universitaria de San Marcos.
Sin embargo, a una semana de la movilización ya se hacía evidente una diferencia con la acción del 15 de octubre. En primer lugar, el sector juvenil se mostró dubitativo. El llamado “bloque universitario” mantuvo su orientación vanguardista y no preparó la acción desde las bases universitarias, lo que se expresó, en los hechos, en una menor concurrencia estudiantil.
Por otro lado la llamada ‘Generación Z’, que había protagonizado algunas acciones de vanguardia durante el último momento de vida del gobierno de Dina Boluarte, y que había sido parte de la primera línea en la acción del 15 de octubre, no apareció en la forma en que lo venía haciendo. Esta actitud, que lamentablemente no se corresponde con la necesidad de impulsar la más amplia movilización para enfrentar y derrotar al gobierno, pesó en la convocatoria final.
La clase obrera frente a la lucha contra el gobierno
En ese contexto, es digno de resaltar la actitud del Sindicato Celima, que semanas antes de la jornada peleó por hacer votar, por mayoría, una moción en la FETRIMAP de adhesión a la convocatoria. El sindicato, además de tener una trayectoria de lucha solidaria con otras organizaciones obreras, ha estado presenta en las luchas nacionales de los últimos 20 años, también se hizo presente en la CGTP para impulsar una acción organizada de la clase obrera en la jornada. Sin embargo, la dirigencia de la FETRIMAP no se puso a la altura de la tarea, y más allá de convocar con un afiche, no impulsó que las bases obreras de la Federación discutan su participación en forma democrática.
Por su lado, la dirigencia de la CGTP tampoco se jugó a que los “pesos pesados” que conforman la central, como construcción civil, se hagan presentes en la movilización. El SUTEP (trabajadores de la educación), que el 15 de octubre había participado con una columna importante, tampoco apareció. Lo cierto es que la actitud de las dirigencias nacionales frente a la convocatoria del 14 de noviembre pone en evidencia que su política no es enfrentar consecuente y combativamente al gobierno, hasta derrotarlo y echarlo.
El gobierno responde reforzando la represión
Por su parte, el gobierno de Jerí respondió reforzando la represión. En el marco del estado de emergencia vigente en Lima y Callao, el gobierno envió a la policía a amedrentar a la juventud universitaria, rodeando San Marcos y la Universidad Católica, solicitando DNIs en sus puertas e incluso deteniendo a uno de los dirigentes estudiantiles sanmarquinos a la salida de la ciudad universitaria.
Un día antes, Fernando Rospigliosi presidente interino del Congreso, adherente a Fuerza Popular, y ex ministro del Interior del régimen de Alejandro Toledo, públicamente había llamado a utilizar la represión contra los manifestantes, incitando a la policía a utilizar sus armas de reglamento.
Con esto se hizo evidente que el estado de emergencia, decretado el 22 de octubre, no tenía el propósito de enfrentar a la criminalidad, como había sido presentado por Jerí. De hecho los ataques a transportistas han continuado mientras el gobierno anuncia la extensión del estado de emergencia.
La realidad es que dicha medida ha tenido y tiene la finalidad de reprimir la movilización popular y juvenil que tras el 15 de octubre parecía abrir un nuevo momento de crisis análogo al de diciembre-marzo de 2022-2023. Así repitiendo a su manera el libreto de Dina Boluarte, Jerí quiere sostenerse sobre las botas y perdigones de la represión.
Nuevamente las direcciones
Era de esperar que las direcciones del movimiento juvenil, obrero y popular, pusieran en marcha un plan, apenas pasado el 15 de octubre, para luchar por echar abajo el estado de emergencia y con él al propio gobierno de Jerí… Pero no fue así.
Renunciando a su responsabilidad, dichas direcciones retomaron su rutina de visita a los ministerios y entidades del estado, al tiempo que pusieron rumbo a la configuración de las planchas electorales con miras a abril de 2026. Es decir, subordinaron la necesidad de continuar la lucha en forma inmediata y de tener un plan que permita la derrota y caída del gobierno, a sus cálculos electorales y dinámica de negociación con el estado.
Por más que sobre el final incluyeran en sus convocatorias y afiches la consigna “que se vayan todos”, en los hechos no hubo ningún llamado a que las organizaciones de base realizasen asambleas y organizaran su participación el 14 de noviembre para garantizar una acción superior a la del 15 de octubre, tanto por su masividad como por su combatividad.
Con esto, le han dado carta de ciudadanía al gobierno de José Jerí, un presidente que concentra el acuerdo de los sectores más corruptos y reaccionarios del país acuartelados en el Congreso (Fuerza Popular, Renovación Popular, APP, Acción Popular, Perú Libre, Bancada Magisterial, etc.), así como la colaboración de toda la patronal, que espera ganar de esta alianza corrupta y criminal entre el Congreso y el Ejecutivo, la profundización del plan económico neoliberal, que implica eliminar más derechos laborales, carta libre para despedir y entregar con más facilidad los recursos naturales a las grandes empresas, mientras las “migajas” son devoradas por la economía ilegal, que además se transforma en criminalidad.
Una estrategia obrera y de lucha
No es posible negociar con un gobierno que representa esta alianza reaccionaria. Solo será echando abajo tanto a este gobierno asesino como al Congreso corrupto y reaccionario, que el pueblo pobre y trabajador de nuestro país tendrá la posibilidad de abrir camino a sus más profundas reivindicaciones, como acabar con la criminalidad, garantizar trabajo estable, incremento de salarios y pensiones, recuperación de los recursos naturales, etc.
Desde el PST lo decimos con claridad: el momento actual demanda la lucha consecuente por la caída del gobierno sin depositar esperanza alguna en las próximas elecciones, que se desarrollan bajo el control de la patronal y los sectores más reaccionarios y corruptos de la política nacional.
Por eso se hace urgente discutir en las bases sindicales, estudiantiles y populares, la organización de la huelga general combativa por la caída del gobierno, que demande el encarcelamiento, juicio y sanción de los policías, militares, y políticos, como Jerí o Boluarte, responsables por la represión y asesinato de quienes salieron a luchar y nunca volvieron a casa. Y son esas mismas organizaciones de base las que deberán exigir y arrancarle a las diligencias nacionales la convocatoria a dicha medida. Sin embargo sabemos que hay una pregunta que siempre se plantea cuando se pone en perspectiva la caída del gobierno ¿Y después qué? ¿Quién va a gobernar?
Está claro que quienes llegan al gobierno abandonan sus ofrecimientos para abrazar el librero de las grandes empresas, y llenarse los bolsillos con dinero corrupto. Por eso, no debemos esperar a la llegada de un ‘salvador’ si realmente nos preguntamos ¿Qué gobierno puede responder genuinamente a los intereses y necesidades del pueblo pobre y trabajador? ¿Qué gobierno es capaz de defender nuestros recursos naturales, recuperarlos de manos de las transnacionales mineras y petroleras, Y definir una perspectiva de soberanía nacional? Para nosotros esa respuesta es un gobierno de las organizaciones obreras y populares. Único gobierno capaz de garantizar la refundación del país sobre bases verdaderamente democráticas, que incluya la demandada Asamblea Constituyente.
Y para eso tenemos que construir una dirección revolucionaria que desde la clase obrera se proponga dirigir al conjunto del pueblo pobre hacia la concreción de su propio gobierno. Esa es la estrategia del PST, y llamamos a los luchadores y luchadoras, obreros y obreras, estudiantes a construir juntos este proyecto.

