CORI-CI
El 25 de enero, se cumplen 39 años del fallecimiento de Nahuel Moreno, dirigente trotskista argentino que durante varias décadas lideró la corriente trotskista conocida como morenismo. A lo largo de su extensa trayectoria militante, Moreno construyó y lideró diversas organizaciones nacionales en Argentina y en otros países, y también organizaciones internacionales. Tal como expresa en su Manifiesto Constitutivo, la CORI-CI “Nació y se reivindica parte de la corriente morenista”[1].
A pesar del tiempo transcurrido desde su muerte, Nahuel Moreno sigue presente en la vida política de la izquierda latinoamericana y mundial. En primer lugar, si bien la corriente iniciada por Moreno se ha dividido en varias organizaciones, la mayoría de ellas se siguen reivindicando morenistas y continuadoras de sus enseñanzas. Al mismo tiempo, otras organizaciones trotskistas y de izquierda conforman su perfil político criticando (y a veces falsificando) sus posiciones.
En una serie de artículos futuros abordaremos los debates con las organizaciones más importantes. En este queremos desarrollar la explicación de por qué nos reivindicamos morenistas.
La obsesión por la inserción y la construcción en la clase obrera industrial
Moreno definió su trayectoria política como una “larga marcha” que se inició en 1944 cuando, con 20 años de edad, fundó el GOM (Grupo Obrero Marxista), en el barrio de Villa Crespo, integrado por un grupo de adolescentes, y reivindicándose trotskista.
Ese mismo año, escribe El partido, un documento interno del GOM que sería clave en su trayectoria y la del grupo[2]. En ese texto, Moreno plantea que había que romper con la esterilidad del “trotskismo de café” (intelectuales que se reunían para realizar largas, eternas conversaciones sin ninguna acción concreta) predominante en su país en esa época. Casi no había obreros argentinos trotskistas. Una de las excepciones fue Mateo Fossa, un dirigente sindical de los trabajadores de la madera, que había roto con el estalinismo y adherido al trotskismo.
Por eso, luego de la captación de algunos otros jóvenes, todo el grupo se radicó en Villa Pobladora, barriada obrera de Avellaneda (un suburbio de la ciudad de Buenos Aires) que, en esos años, tenía la mayor concentración industrial de la Argentina. Allí comienza a relacionarse con los trabajadores de las fábricas de las zonas, especialmente frigoríficos y textiles, en esos años las dos principales ramas industriales. Algunos años más tarde (ya con el nombre de POR) giraría el centro de la actividad hacia la industria metalúrgica, que era la que más crecía y se desarrollaba en el país.
Estas experiencias hicieron que la joven organización morenista (y el propio Moreno) fuesen aprendiendo “en el terreno” cómo desarrollar la militancia revolucionaria sobre la clase obrera. Al mismo tiempo, permitió ganar militantes obreros para la organización, como Elías Rodríguez, un joven dirigente del gremio textil, proveniente del anarquismo.
La obsesión de construir en la clase obrera industrial las organizaciones trotskistas que dirigía forma parte del ADN morenista que reivindicamos. A partir de finales de 1960, las organizaciones morenistas también orientaron su intervención hacia procesos de lucha de otros sectores sociales como el estudiantado y el campesinado. Pero siempre lo hicieron solo por un período, para fortalecer la organización y, luego, con mayor fuerza de militantes y cuadros, retomar la estrategia de construcción en el movimiento obrero industrial.
En ello, Moreno fue un continuador de las propuestas de Marx, Lenin y Trotsky. En su libro Conversaciones expresó: “Yo estoy convencido de que el trotskismo refleja políticamente al sector más explotado del proletariado, pero siempre trata de movilizar al conjunto de los trabajadores, incluso a sus sectores más atrasados o los más aristocráticos. Por eso decimos que el trotskismo es la conciencia de las necesidades históricas de la clase obrera en su conjunto, no de tal o cual sector”[3].
En sus escritos y conferencias, Moreno profundizó las razones de esta estrategia. En primer lugar, que una organización revolucionaria con raíces en la clase obrera tendría mucha mayor estabilidad política y estaría mucho menos sujeta a ceder a las “modas” cambiantes de la vanguardia, como sí ocurría con las organizaciones compuestas predominantemente por estudiantes e intelectuales.
Al mismo tiempo, defendía con determinación que nuestro modelo de revolución socialista solo podría llevarse a cabo si la clase obrera desarrollaba un proceso autónomo de movilización permanente. Por eso, construirse en ese sector social debía ser la prioridad de una organización trotskista, para estar insertos en esa movilización, para impulsarla y para tener condiciones de disputar la dirección.
Un maestro de las tácticas
En su militancia en Argentina durante muchos años, las organizaciones morenistas debieron enfrentar un gran obstáculo para desarrollarse y difundir las ideas revolucionarias entre la clase obrera. Desde 1945, la dirección absoluta de este sector era el peronismo, uno de los movimientos nacionalistas burgueses más fuertes de la historia internacional.
Las condiciones económicas de esos años les permitieron a sus gobiernos otorgar importantes concesiones a los trabajadores. En algunas ocasiones, Moreno contaba un tanto irónicamente que era difícil convencer a los obreros de que para mejorar sus condiciones de vida era necesario hacer la revolución, porque ellos veían que el general Perón se los garantizaba.
Eso obligó a la organización morenista de la Argentina a tener que elaborar permanentemente las más variadas tácticas de intervención sobre la clase obrera y sus procesos. Una experiencia que luego se utilizaría en numerosos países.
En este sentido, Moreno se mostró como un “maestro” en la tarea de elaborar y proponer tácticas concretas para intervenir en la realidad, aprovechar las oportunidades que esta ofrecía, y construir organizaciones en el seno del movimiento de masas, especialmente en la clase obrera.
Con base en análisis rigurosos de las diferentes situaciones de la Argentina y de otros países, las numerosas tácticas propuestas, “posibles” y “aplicables”, conforman, en su conjunto, un verdadero “catálogo” de construcción revolucionaria. Abarca desde las intervenciones en los procesos electorales y el aprovechamiento de la legalidad hasta la militancia en la más absoluta clandestinidad o la lucha armada contra las dictaduras, pasando por la participación en las luchas y la organización sindical de los trabajadores.
Sería muy largo enumerarlas a todas. Queremos destacar especialmente aquellos momentos en que las organizaciones orientadas por Moreno consiguieron “romper el cerco” de la marginalidad y ser partícipes destacadas de importantes procesos de la lucha de clases.
- * Entre 1956 y 1958, el pequeño POR argentino edita, junto con activistas obreros peronistas combativos, el periódico Palabra Obrera, del que se vendían miles de ejemplares. Su influencia en las fábricas permitió que el POR tuviese un peso muy importante en las principales huelgas de esos años y codirigiese la Resistencia Peronista contra la dictadura militar que había derrocado al gobierno de Perón.
* En los primeros años de la década de 1960, Hugo Blanco (estudiante peruano captado en la Argentina por el grupo de Moreno) vuelve al Perú, donde organiza y dirige los sindicatos y la lucha de los campesinos del Cuzco por la reforma agraria. Se transforma así, según palabras del propio Moreno, en “el más importante dirigente de masas trotskista después de Trotsky”.
* En 1979, el PST de Colombia impulsa la formación de la Brigada Simón Bolívar que va a combatir en Nicaragua contra la dictadura de Anastasio Somoza, junto a las fuerzas del FSLN. En los combates, tiene tres muertos y varios heridos. De esta forma, militantes y simpatizantes trotskistas tienen el orgullo de intervenir directamente en un gran proceso revolucionario y en el derrocamiento de uno de los más sangrientos dictadores del continente latinoamericano.
* Ese mismo año, en el Brasil, los militantes de la Convergencia Socialista llaman a construir un Partido de los Trabajadores. En el IX Congreso de los Metalúrgicos del Estado de Sao Paulo, José Maria de Almeida propone un manifiesto que llama a «todos los trabajadores brasileños a unirse en la construcción de su partido, el Partido de los Trabajadores». La moción es aprobada a pesar de la posición de Lula en ese momento (participar en el MDB, un frente opositor con la burguesía). También fue levantada por los morenistas la política de construir una nueva central, la CUT, derribando a los burócratas amarillos. Así, fueron vanguardia en las propuestas de construir uno de los mayores partidos obreros del mundo y la nueva central, en aquel momento una de las más dinámicas y democráticas del mundo. Gracias a eso se pudo forjar una sólida inserción de los morenistas brasileños en la clase obrera.
* A partir de 1982, aprovechando las condiciones de legalidad electoral, su participación en las luchas obreras y su intervención en las listas sindicales antiburocráticas, el MAS argentino va a transformarse en el partido más importante de la izquierda de su país y en el partido trotskista más grande del mundo.
Más allá del curso posterior de estas experiencias, ellas quedan como importantes enseñanzas de que, con una política correcta y audaz, las organizaciones trotskistas puede dar importantes saltos en su construcción, incluso en momentos aparentemente muy difíciles.
La militancia internacional y la división de la IV
Desde 1948 (cuando participó como delegado del II Congreso de la IV Internacional) estas riquísimas experiencias nacionales tuvieron un marco que el propio Moreno sintetiza en Conversaciones: “La mayor parte de mi militancia política ha estado, sigue estando, volcada al partido mundial, a la construcción de la Cuarta Internacional”. Por ello, es necesario realizar una evaluación del papel jugado por Moreno en los debates dentro del movimiento trotskista, las posiciones que defendió y los polémicas que sostuvo con otros dirigentes y corrientes a lo largo de casi 40 años.
Comencemos por el proceso vivido por el movimiento trotskista y la IV Internacional en la Segunda Posguerra. El pequeño núcleo de cuadros y militantes trotskistas agrupados en la IV se vio sometido a duras presiones y pruebas. Debió hacerlo sin la presencia de Trotsky y con una dirección muy débil e inexperta.
De acuerdo con los pronósticos previos de Trotsky, la guerra había producido un gran ascenso revolucionario en Europa y otras regiones del mundo, lo que originó el surgimiento de nuevos Estados obreros que se sumaban a la URSS. Por otro lado, contra esos pronósticos, la IV no ganó peso de masas e incidencia en esos procesos, sino que continuó siendo un pequeño núcleo. Fue el estalinismo quien los dirigió. Algo que, sumado al papel de la URSS en la derrota del nazifascismo, lo convirtió en la dirección indiscutida del movimiento obrero y de masas mundial.
En este contexto, la mayoría de la nueva dirección de la IV (encabezada por el griego Michel Raptis (Pablo) no pasó la prueba. Comenzó con un análisis y un pronóstico impresionistas de la situación mundial que era similar al que presentaban la prensa imperialista y la del estalinismo: se venía la III Guerra Mundial entre el imperialismo estadounidense y los Estados dirigidos por la burocracia estalinista. En esa guerra, el estalinismo se vería obligado a jugar un papel objetivamente revolucionario.
A partir de esos análisis y pronósticos, el pablismo adoptó un curso cada vez más revisionista y oportunista: orientaron a las organizaciones trotskistas occidentales a entrar en los PCs estalinistas. Posteriormente, también le capituló a los movimientos nacionales burgueses y apoyó los gobiernos del MNR en Bolivia (en el proceso de la revolución de 1952) y al del FLN argelino, luego de la independencia de este país en 1962.
Varios dirigentes y sus organizaciones nacionales se opusieron a las posiciones y orientaciones del pablismo: Moreno y el POR argentino, Pierre Lambert y el PCI francés, James Cannon y el SWP de EE. UU., y Gerry Healy de la sección inglesa. En 1953, Pablo expulsó a la dirección del PCI francés, esas fuerzas decidieron romper con la IV pablista y se reagruparon en el CI-CI (Cuarta Internacional – Comité Internacional). Fue el fin de la IV Internacional como organización unificada y el inicio de una dispersión en varias organizaciones que se reivindican “cuartistas”.
El combate contra el revisionismo
Fue el primero de los muchos combates que Moreno realizó contra el revisionismo que, desde la primera mitad de década de 1960, pasó a ser liderado por el belga Ernest Mandel (el mandelismo). Este revisionismo estaba originado en ceder a las presiones y las “modas” predominantes en la vanguardia, en cada período.
Por eso, se expresó de modos diferentes: en los ´50, Mandel apoya a Pablo en su capitulación al estalinismo; en los ´60, luego de la revolución cubana se hace “guerrillerista”; en la primera mitad de los ´70 gira a capitularle a la vanguardia europea surgida del Mayo Francés; en la segunda mitad de esa década acompaña el giro de esa vanguardia y le capitula a sus ilusiones en la democracia burguesa.
En un documento presentado al X Congreso Mundial del Secretariado Unificado de la IV Internacional (el SU), Mandel expone con claridad que su forma de elaborar políticas está basada en adaptarse a “las inquietudes de una amplia vanguardia de masas”, como él llamaba a lo que hemos denominado “modas imperantes”[4].
Por eso, algunos de los mejores textos de Moreno fueron escritos como polémicas con los análisis y posiciones de Mandel. En primer lugar, el documento que presentó al X Congreso Mundial del SU en respuesta al que había presentado Mandel, y que es conocido como Morenazo, luegorepublicado como libro con el título de El partido y la revolución[5].
El segundo es La Dictadura Revolucionaria del Proletariado (1979/1980), que polemiza con una nueva desviación de Mandel: un intento de adaptar el concepto de dictadura del proletariado al contenido de la democracia burguesa. Junto con una clara sistematización de qué significa la dictadura del proletariado y sus diferentes variantes, Moreno realiza un pronóstico: si el SU profundizaba ese camino, acabaría abandonando el campo del trotskismo y de los revolucionarios para pasar al del reformismo. El pronóstico lamentablemente se cumplió[6].
Moreno también combatió otra variante de revisionismo y de oportunismo; el desarrollado por Pierre Lambert y la OCI francesa, que le capituló al gobierno burgués de frente popular encabezado por François Mitterrand, a inicios de la década de 1980. Expuso esta crítica en el libro La traición de la OCI[7] y en las tesis Trotskismo y oportunismo ante los gobiernos de frente popular, votadas en laconferenciade fundación de la LIT-CI, en 1982[8].
Estos textos de Moreno son hoy una referencia imprescindible para la construcción de una organización trotskista revolucionaria, por sus elaboraciones teóricas, políticas y programáticas, y también como una guía para orientarse en diferentes tipos de situaciones.
La reconstrucción de la IV Internacional
Moreno siempre defendió que la tarea más importante de un trotskista es responder a la necesidad imprescindible de la construcción de una organización internacional revolucionaria, según el modelo de la III Internacional durante sus cuatro primeros congresos. Es decir, una organización centralizada democráticamente. Trotsky reivindicó este modelo al fundar la IV Internacional.
Después de su división en 1953, Moreno consideró que esta tarea se expresaba a través de la necesidad de reconstruir la IV y dedicó sus mayores esfuerzos a ello. En esa propuesta enfrentó y combatió otro tipo de desviaciones.
La primera es la que denominó nacional-trotskismo: dirigentes y organizaciones que habían abandonado la tarea de construcción de una IV centralizada para volcar todos sus esfuerzos en la construcción de su propio partido, como Gerry Healy (WRP inglés) y Pierre Lambert (OCI francesa) En el mejor de los casos, construyeron débiles organizaciones colaterales internacionales.
La segunda es la que denominó federativismo. Luego de la división de 1953, los sectores que habían roto con la IV pablista se agruparon en la CICI (Comité Internacional de la Cuarta Internacional). Moreno y el POR propusieron que el CICI se transformase en una nueva organización internacional centralizada, basada en los acuerdos teóricos, políticos y programáticos del combate común contra el pablismo.
Encabezar esa tarea le hubiera correspondido al SWP de EE.UU., entonces el partido trotskista más fuerte y el que contaba con los cuadros más experimentados (varios de ellos educados por el propio Trotsky). Sin embargo, el SWP nunca asumió la tarea de construir una dirección centralizada de la CICI. El SWP consideraba que la IV debía funcionar como una federación de partidos y no como una dirección internacional centralizada. De esta forma, ese partido fue responsable por omisión de la crisis vivida por el trotskismo desde 1953.
En su combate al federativismo, Moreno decía: “Creemos que la organización y la dirección internacionales son una categoría distinta y superior a cualquier organización y dirección nacionales, por grandes o capaces que ellas puedan ser […] Toda dirección nacional está destinada al fracaso si no es parte activa de la construcción de una dirección internacional […] Así como sin oxígeno no hay vida, sin dirección y organización internacionales no hay trotskismo verdadero”[9].
Reivindicamos esta concepción de Moreno sobre el modelo de organización y dirección internacional revolucionaria y los combates que dio a lo largo de su vida sobre esta cuestión.
La moral revolucionaria
Otro aspecto que queremos reivindicar de Moreno es su posición sobre la defensa de la moral revolucionaria, que consideraba un principio, al igual que Trotsky. Por eso educó al morenismo en el repudio total al método de utilizar calumnias y difamaciones en los debates políticos, lo que fue introducido en la izquierda por el estalinismo.
Lamentablemente, ese mismo método fue luego introducido al trotskismo por corrientes como el pablismo y el lambertismo.
En el proceso que condujo a la fundación de la LIT-CI hay un ejemplo muy claro de su actitud en este sentido. Ricardo Napurí, principal dirigente del POMR, la sección peruana del lambertismo (quien había manifestado diferencias políticas y metodológicas), fue acusado por Lambert y dirigentes de su propio partido, de haber robado plata de la organización.
En ese momento, Napurí no tenía especial cercanía política con el morenismo. Pero Moreno y su organización internacional de la época (la Fracción Bolchevique) no dudaron y, siguiendo la política de Trotsky en la década de 1930, propuso llamar un Tribunal Moral Internacional para que determinase la verdad o la falsedad de las acusaciones. El Tribunal se reunión en Bogotá, en 1982, y determinó la falsedad de las acusaciones contra Napurí.
Ligado a lo anterior, Moreno educó al morenismo en el establecimiento de relaciones honestas y leales con otras organizaciones trotskistas para verificar si existían bases para un reagrupamiento. Repudiaba los métodos desleales como el entrismo en otras organizaciones revolucionarias para “robarles un pedazo”, lo que aplican de modo habitual corrientes como el lambertismo y otras. También defendía un método fraternal para llevar a cabo la división de una organización si en su interior surgían sectores con diferencias irreconciliables. Rechazaba el método de las expulsiones sin justificación y, como ya vimos, el de las calumnias y las difamaciones. También en este aspecto queremos reivindicarlo.
La prueba de la historia
Por todo lo que hemos dicho, consideramos que Moreno fue el dirigente trotskista de la Segunda Posguerraque mejor pasóla “prueba de la historia” con sus elaboraciones teórico políticas, con sus combates contra el revisionismo y el oportunismo, y también con los resultados de las organizaciones que fundó y orientó durante su vida. El resultado final fue que al momento de su muerte, la LI-CI era la organización trotskista internacional más fuerte y dinámica, con miles de militantes distribuidos en más de 20 países.
Por supuesto que en esta larga trayectoria Moreno cometió muchos errores, tanto en sus elaboraciones como en las tácticas propuestas. De algunos de ellos se autocriticó estando vivo (como sus equivocadas expectativas en la posible dinámica hacia posiciones trotskistas de la dirección castrista). El propio Moreno nos hubiera alentado a criticar esos errores ya que, precisamente, a diferencia de otros dirigentes trotskistas que se consideraron “infalibes”, Moreno hizo de la autocrítica una herramienta de elaboración y militancia y alentaba permanentemente a que los militantes morenistas fuesen muy críticos con él.
Actualmente, el movimiento trotskista profundiza su crisis y su división en numerosas organizaciones, incluso en las que se reivindican morenistas. Tal como hemos dicho, abordaremos en una próxima serie algunos análisis sobre la causa de esa crisis así como los debates que existen.
Ante esta crisis, queremos recordar la orientación que daba Moreno para enfrentar situaciones similares: ser más obrero, más marxista y más internacionalista que nunca. La CORI-CI reivindica e intenta aplicar esta premisa para llevar adelante la tarea definimos en nuestro Manifiesto constitutivo: reconstruir una organización internacional sobre la “base conceptual de las Tesis de Fundación de la LIT y sus estatutos”.
[1] https://corici.org/manifiesto-constitutivo-de-la-corriente-obrera-revolucionaria-internacional-cuarta-internacional/
[2] http://fundacionpluma.info:8080/xmlui/handle/123456789/452
[3] https://www.corrienteroja.net/conversaciones-con-nahuel-moreno/
[4] En defensa del leninismo, en defensa de la IV Internacional en: https://ceip.org.ar/Boletin-de-Informaciones-Internacionales-Nro-7
[5] https://www.elsoca.org/pdf/libreria/Morenazo.pdf
[6] https://www.elsoca.org/pdf/libreria/Libro%20Dictadura%20Revolucionaria%20del%20Proletariado.pdf
[7] https://www.elsoca.org/index.php/publicaciones/libreria/2502-la-traicion-de-la-oci
[8] https://litci.org/es/nahuel-moreno-oportunismo-y-trotskismo-ante-los-gobiernos-de-frente-popular/?utm_source=copylink&utm_medium=browser
[9] “La historia de nuestra corriente hasta la fundación de la LIT”. Revista Marxismo Vivo. San Pablo: Editora Lorca, Edición Especial, 2007, p.18.

