Partido de la Clase Trabajadora El Salvador|CORI-CI
A 140 años de la revuelta de Haymarket, la clase trabajadora a nivel mundial todavía honra a los mártires de Chicago y, con ellos, los logros del movimiento obrero. Esta es una fecha de conmemoración y reivindicación de todas las luchas históricas alcanzadas y defendidas por el proletariado. Este próximo primero de mayo, muchas organizaciones a nivel mundial se tomarán las calles nuevamente y El Salvador no será la excepción.
El significado del Primero de Mayo
Lastimosamente, parecería que hemos perdido la mística de lo que realmente significa esta fecha. Algunos piensan que es momento solamente de hacer remembranza y enfatizar en las luchas del momento; otros, de manera mucho más ingenua, piensan que es tiempo de celebración, como si de celebrar la explotación se tratara.
Una de las consignas principales para este primero de mayo en El Salvador es el llamado a la unidad. A simple vista, parecería una consigna razonable y muy acertada en estos momentos de represión por parte del régimen. Pero habría que hacer una introspección minuciosa de lo que realmente esto significa. Así pues, planteémonos las siguientes preguntas generales: ¿qué significa la unidad? Y ¿la unidad para qué?
¿Qué significa la unidad?
La unidad representa, al menos en términos conceptuales, la propiedad de ser: la base de todo un conjunto, algo singular e indivisible. Desde este punto de vista, el llamado a la unidad parece lo más sensato y necesario para todos los movimientos sociales y sindicales del país: ¡Todos juntos contra la Dictadura!
Ahora bien, la segunda pregunta ¿la unidad para qué? es mucho más complicada de describir de manera conceptual y práctica.
Dos concepciones de unidad: la perspectiva trotskista
Desde la tradición marxista revolucionaria, particularmente desde el trotskismo, es fundamental distinguir entre dos tipos de unidad que responden a necesidades distintas y que no deben confundirse: la unidad para la lucha (o unidad de acción) y la unidad político-ideológica.
La unidad para la lucha o unidad de acción
La unidad de acción es una táctica amplia y flexible que permite a la clase trabajadora enfrentar enemigos comunes junto a sectores diversos, incluyendo organizaciones democráticas, movimientos sociales e incluso sectores de la pequeña burguesía que en determinado momento coincidan en objetivos inmediatos. Trotsky la defendió como herramienta imprescindible: frente a la represión, la ofensiva patronal o las amenazas fascistas, los trabajadores deben marchar juntos aunque piensen distinto.
Esta unidad no exige coincidencia programática total. Se construye sobre demandas concretas y compartidas: defensa de libertades democráticas, rechazo a la represión, resistencia a medidas antipopulares. Es la unidad que permite a sindicatos de distintas tendencias, organizaciones campesinas, movimientos estudiantiles y colectivos populares confluir en una misma movilización. Su principio rector es sencillo: golpear juntos, marchar separados. Cada organización mantiene su bandera, su programa y su independencia, pero actúa coordinadamente contra el adversario común.
La unidad político-ideológica: el filtro de clase
Sin embargo, la unidad de acción no puede confundirse con la unidad político-ideológica, que responde a criterios mucho más estrictos. Esta segunda forma de unidad exige coincidencia en el programa, en el método y en los objetivos estratégicos. Aquí sí opera un filtro de clase riguroso: no hay lugar para alianzas con la burguesía ni con sus representantes políticos.
La unidad político-ideológica es la que se construye entre organizaciones genuinamente obreras y revolucionarias que comparten la perspectiva de la independencia de clase, el rechazo a la conciliación con el capital y el horizonte de la transformación socialista. No se trata de sectarismo, sino de claridad: mientras la unidad de acción es amplia porque responde a tareas defensivas e inmediatas, la unidad político-ideológica es selectiva porque define quiénes construirán el instrumento revolucionario.
Por qué importa esta distinción
Confundir ambas unidades ha sido históricamente fuente de desastres para el movimiento obrero salvadoreño. Cuando la unidad de acción se transforma en subordinación política a sectores burgueses «progresistas» o «democráticos», la clase trabajadora pierde su autonomía y termina siendo furgón de cola de proyectos ajenos. Los frentes populares que diluyen el programa obrero en nombre de la «amplitud» acaban desarmando políticamente a los trabajadores precisamente cuando más necesitan claridad.
Por el contrario, cuando se rechaza toda unidad de acción en nombre de la «pureza» programática, las organizaciones revolucionarias se aíslan de las masas y pierden capacidad de incidencia real. El sectarismo es el reverso del oportunismo: ambos conducen a la impotencia.
La tradición trotskista nos enseña a combinar ambas tácticas con criterio: máxima amplitud en la acción, máxima claridad en el programa. Podemos y debemos marchar junto a quienes enfrentan la represión del régimen, pero sin disolver nuestra identidad de clase ni renunciar a la construcción de una alternativa revolucionaria independiente.
Nuestra postura: Unidad con identidad de clase
Desde el PT entendemos perfectamente la importancia de la unidad, especialmente en estos tiempos de represión y persecución hacia el movimiento obrero; no obstante, consideramos necesario reflexionar sobre qué tipo de unidad estamos hablando.
Identidad de clase: La clase trabajadora es una fuerza viva que no se puede manejar de manera mecánica. Necesitamos una unidad que nos ayude a avanzar conjuntamente, respetando las divergencias y peculiaridades de los diferentes grupos, pero sin perder el fundamento último que nos une: la identidad de clase.
Sin oportunismo: Esta unidad no debe dar espacio al oportunismo. Sabemos que dentro del movimiento obrero existen sectores cuya agenda tiene un único objetivo: la lucha electoral. Esta tiene un límite claro: dentro de la democracia burguesa, la lucha electoral tiende a preservar el orden de la propiedad privada y, por ende, el sistema capitalista, fundamento de todos los males de nuestra clase.
Plan programático e instrumento político: No podemos llamar a la unidad sin un plan programático que defina el rumbo del movimiento y que no se limite a reivindicaciones económicas. Asimismo, es indispensable un instrumento político que dirija al movimiento en sus luchas actuales y futuras.
El fin último de la lucha
Finalmente, no podemos llamar a la unidad sin tener claro cuál es el fin último de la lucha. El objetivo no puede limitarse a mejoras internas, sino a la transformación de la sociedad salvadoreña y mundial.
Por tanto, desde el PT planteamos:
Sí a la unidad con identidad e independencia de clase, para que la clase obrera tome decisiones propias y no se someta a direcciones reformistas o ideologías burguesas.
Sí a la unidad que cohesione y fortalezca a la clase trabajadora, permitiéndole decir «no» a la conciliación de clases, que es un engaño de la burguesía para mantener el poder.
Sí a la unidad, pero a la unidad revolucionaria, que forje el carácter de la clase trabajadora para ir más allá de las reformas.
A 140 años de la heroica gesta de los Mártires de Chicago, el Partido de la Clase Trabajadora (Sección Salvadoreña de la CORI-CI) reafirma su compromiso con la lucha permanente por reformas democráticas, pero, sobre todo, con la revolución permanente hacia una sociedad socialista.
¡Por la unidad obrera con independencia de clase: ni dictadura ni conciliación, poder de las y los trabajadores!
¡Frente a la represión y el hambre: organización, lucha y revolución socialista!
¡Que vivan los Mártires de Chicago! ¡Abajo los explotadores! ¡Arriba la clase trabajadora salvadoreña y mundial!

