Alejandro Iturbe
El 2 de febrero pasado se cumplieron 83 años del fin de la Batalla de Stalingrado, en la que (luego de varios años de durísimo combate) el ejército y la población de la entonces Unión Soviética (URSS) derrotaron a las tropas de la Alemania nazi y cambiaron el curso de la II Guerra Mundial. Esta batalla y la victoria de la hoy ex URSS merecen un gran homenaje histórico por parte de todos los trabajadores y pueblos del mundo.
Veamos su contexto histórico, sus protagonistas y, a partir de ahí, su significado político. Esta batalla se dio en el marco de la II Guerra Mundial: un conflicto bélico internacional en el que se combinaron diversos tipos de guerras. Uno de ellas fue lo que hemos denominado la “guerra contrarrevolucionaria” de la Alemania imperialista nazi contra la ex URSS (por entonces un Estado obrero burocratizado).
“La caracterizamos así porque, para poder sojuzgar el territorio ruso y apoderarse de sus muchas riquezas naturales (en especial, del petróleo), el régimen nazi necesitaba destruir la URSS como Estado obrero” [1]. En ese marco, desde 1941, las tropas nazis y sus aliados desarrollaron una ofensiva que parecía imparable: dominaron y ocuparon varias repúblicas occidentales de la ex URSS (incluida Ucrania) y comenzaban a penetrar en territorio de la Federación Rusa.
En un punto, a partir de 1942, esta guerra se concentró en el dominio de la ciudad de Stalingrado (cercana a la frontera con Ucrania). Allí, la ofensiva nazi chocó con una heroica resistencia de los soldados y del pueblo soviético que, al costo de dos millones de bajas militares y dos millones más de víctimas civiles, consiguió parar a las fuerzas nazis, hasta terminar derrotándolas (su primera derrota en la II Guerra Mundial). Sin eufemismos, las masas de la entonces URSS dieron la vida por defender su Estado obrero.
Esa derrota cambio el curso de la II Guerra Mundial. En el llamado Frente Europeo Occidental, “Después de esa derrota, los ejércitos alemanes comenzaron a quebrarse moralmente e iniciaron un retroceso irreversible. La situación mundial había cambiado completamente. A pesar de la dura resistencia del ejército alemán en su retroceso, fueron las tropas soviéticas las primeras en llegar a Berlín y tomar la ciudad. Quedó para la historia la famosa foto de la bandera roja colocada por un soldado soviético en la cúpula del Reichstag (Parlamento alemán)”.
Este triunfo tuvo una gran significación histórica: por un lado, representó el punto de inflexión en el inicio de la derrota del proyecto internacional nazi-fascista; por el otro, marcó el fin de un largo período de 20 años de derrotas que venía sufriendo el movimiento de masas en el mundo. Es imposible entender lo ocurrido en las décadas posteriores sin comprender la magnitud de este hecho.
Stalin preparaba una derrota catastrófica
La historiografía oficial escrita por el estalinismo ha construido una gran falsificación histórica: presentar a Stalin como el héroe de este triunfo, el artífice de la victoria del pueblo soviético sobre los nazis en Stalingrado.
La realidad histórica fue exactamente la opuesta. En el artículo ya citado, desarrollamos en extenso cómo las políticas nacionales e internacionales del estalinismo, y del propio Stalin de modo personal, durante las casi dos décadas anteriores, llevaban a una catastrófica derrota frente a la Alemania nazi y, con ello, al derrumbe y la desaparición de la URSS.
Aquí vamos a limitarnos a una enumeración sintética. La primera de ellas fue la política del Partido Comunista alemán (PCA), orientada por la III Internacional ya burocratizada y dirigida por el estalinismo, que acabó facilitando el ascenso de los nazis y de Hitler al poder, en 1933. Fue el hecho que motivó la ruptura de Trotsky y de las fuerzas trotskistas con la IIIa y el inicio de la construcción de la IV Internacional.
En segundo lugar, su política de frentes populares de alianza con la burguesía republicana, aplicada en la revolución española 1933-1939 (apoyada y garantizada por cuadros estalinistas internacionales), que esterilizó esta revolución y la llevó a su derrota en la guerra civil contra el franquismo, hecho que envalentonó a los nazis para lanzar su ofensiva sobre toda Europa.
Antes de eso, uno de los llamados “Juicios de Moscú” (junio de 1937) fue dirigido contra gran parte de la cúpula del ejército soviético (con acusaciones basadas en documentos falsificados), hecho que barrió y fusiló a la mayoría de sus altos mandos. Entre ellos, el mariscal Mijaíl Tujachevsky, principal jefe militar cuya trayectoria se remontaba a la formación del Ejército Rojo, por parte de León Trotsky, en 1918. Stalin descabezó así las fuerzas armadas soviéticas, eliminó a sus jefes más experimentados y probados y los reemplazó por hombres totalmente serviles y mucho menos calificados.
Otro hecho central fue el Pacto Ribbentrop-Molotov (firmado por los cancilleres de Alemania nazi y la URSS, el 24 de agosto de 1939), también conocido como pacto Hitler-Stalin. Establecía un acuerdo de “no agresión” entre ambos países y la división de Polonia entre ellos.
Stalin se sintió fortalecido y definió invadir Finlandia el 30 de noviembre de 1939, para anexarla a la URSS por la fuerza. La llamada “Guerra de Invierno” terminó en marzo de 1940 con una durísima derrota para las tropas soviéticas, a pesar de la superioridad de efectivos y de armamento. El método de anexión compulsiva había fortalecido el patriotismo finlandés y, junto con la incapacidad de los jefes militares soviéticos, fueron los factores determinantes de esa derrota. No es casual que, después de eso, los finlandeses apoyaran al ejército nazi en su ataque a la URSS.
Esta derrota del Ejército Rojo fue uno de los elementos centrales que llevó a Hitler a considerar que la URSS y su estructura militar eran “un edificio podrido”, y se convenció de que sería fácil derrotarlos. En ese marco, comenzó a diseñar en secreto la Operación Barbarroja (la invasión de la URSS).
La ceguera estratégica de Stalin y del estalinismo
Esta ceguera estratégica era absoluta. Leopold Trepper, jefe del equipo de espías comunistas en la Alemania nazi (conocido como la Orquesta Roja), había logrado infiltrar un taquígrafo en las reuniones del Alto Comando nazi y le avisó a Stalin de los planes de Hitler. Pero Stalin no le creyó: llamó a Hitler para preguntarle si esto era verdad. Por supuesto, recibió una respuesta negativa, que fue aceptada como verdadera. ¡Para él valía más la palabra de Hitler que la información de los comunistas que se estaban jugando la vida en territorio enemigo![2]
Una vez lanzada la Operación Barbarroja, el pronóstico de Hitler (de que rápidamente derrotaría el “edificio podrido” de la estructura militar de la URSS) parecía cumplirse. Stalin y el estalinismo habían preparado las condiciones para esta catastrófica derrota. Lejos de haber sido el “conductor estratégico” de la victoria de Stalingrado, Stalin mereció el calificativo con que Trotsky lo había llamado en años anteriores, en un libro de la década de 1930: El gran organizador de derrotas.
La falsificación histórica del imperialismo
Existe otra falsificación sobre el curso y la dinámica de la II Guerra Mundial hasta la derrota de la Alemania nazi. Fue construida por el imperialismo estadounidense y las potencias europeas aliadas a través de libros de historia, filmes, series televisivas y documentales. El mito es que el punto central de inflexión de la dinámica de la Segunda Guerra Mundial fue el llamado Día D (el desembarco de las tropas aliadas, con fuerte peso estadounidense) en la costa de Normandía (norte de Francia), el 6 de junio de 1944[3]. A partir de este mito, se sostiene que el factor central de la victoria sobre el nazi-fascismo fue la intervención militar de Estados Unidos.
Veamos los hechos. El desembarco en Normandía fue una operación militar de gran envergadura: involucró 5.000 barcos y el traslado inicial de 60.000 soldados. Luego de establecida una sólida cabecera de puente en Gran Bretaña, llegaron a desplazarse al continente casi tres millones de soldados. Se trató de un hecho de innegable significación para aquellos que estudian la historia militar del siglo XX y sus técnicas y tácticas.
No negamos la importancia militar del Día D en el frente occidental europeo. Pero si se estudia con objetividad el curso de la Segunda Guerra, la conclusión es que ese punto de inflexión fue en realidad la batalla de Stalingrado (un año antes) en el llamado “frente oriental” europeo. Fue la primera derrota de la Alemania nazi en la II Guerra Mundial.
Hay otros elementos a considerar. Hemos dicho que los ejércitos alemanes empezaron a retroceder hacia Alemania. Pero en ese retroceso, Hitler se negaba a aplicar la táctica de “defensa móvil” (retroceder organizadamente en condiciones desfavorables antes de sufrir derrotas más duras) que le sugerían muchos altos oficiales. Por el contrario, ordenó que se intentase frenar a cualquier costo la ofensiva soviética hacia Alemania. No lo consiguió, pero los avances del ejército soviético se daban en una situación durísima.
Por el contario, en frente occidental (abierto a partir de la invasión de Normandía) las condiciones eran muchos más fáciles. La superioridad de armamentos y abastecimientos de los Aliados era muy grande y su control del espacio aéreo era casi total. Además, en los hechos, los ejércitos alemanes sí aplicaban la táctica de “defensa móvil” en este frente; retrocedían hacia Berlín e iban abandonando territorios, que pasaban a ser dominados por las tropas aliadas a un costo mucho menor que el que debían pagar las tropas soviéticas en el frente oriental. A pesar de ello, fueron estas tropas las primeras en llegar a Berlín y tomar la ciudad.
Hemos dicho que el triunfo de Stalingrado tuvo una significación histórica: no sólo cambió el curso de la II Guerra Mundial sino que, con ello, cerró un período de veinte años de derrota de las masas y abrió así el camino a importantes triunfos revolucionarios.
Dicho esto, contra la propaganda imperialista y la falsificación estalinista, reiteramos que fue el heroísmo de las masas y de los soldados soviéticos (sobrepasando las desastrosas políticas del estalinismo) el artífice de esta gran victoria. A ellos, entonces, les rendimos nuestro emocionado homenaje.
[1] https://litci.org/es/la-naturaleza-de-la-segunda-guerra-mundial-ii/?utm_source=copylink&utm_medium=browser
[2] Sobre este hecho, recomendamos leer el libro El Gran Juego, escrito por el propio Leopold Trepper.
[3] https://litci.org/es/algunas-consideraciones-sobre-el-dia-d/?utm_source=copylink&utm_medium=browser

