Guerra a Irán profundiza las Grietas del Gobierno Trump

Por Debbie Leite – Voz Operaria Socialista (Brasil)

El 28 de febrero pasado, Estados Unidos e Israel lanzaron ataques coordinados contra Irán que provocaron centenares de muertes, incluyendo el líder supremo Ali Khamenei y 165 estudiantes de una escuela. Según el presidente Donald Trump, esto fue solo el inicio, con una previsión de cuatro a cinco semanas para el conflicto. En la semana siguiente, él afirmó que solo aceptaría menos la «rendición incondicional» de Irán, apuntando para la posibilidad de una duración aún mayor.

Una encuesta de opinión realizada algunas horas después del inicio de la operación ya revelaba un amplio rechazo de la población a la acción militar. Los diarios y declaraciones de parlamentarios demuestran que incluso la burguesía está dividida sobre el tema. Entre el impacto económico de esta guerra, la demostración de autoritarismo al atropellar al Congreso, y la traición de su promesa de campaña de enfocarse en Estados Unidos e no en conflictos exteriores, el gobierno Trump, ya profundamente cuestionado pelas movilizaciones contra el ICE, puede estar frente a un camino sin retorno de pérdida de apoyo y ruina.

Los costos de la guerra

 Para comprender por qué gran parte de la población estadunidense e incluso parte de la burguesía imperialista se opone a la política de guerra del gobierno Trump, es preciso mirar para sus costos directos e indirectos.

 Los gastos multimillonarios para mantener y ampliar el control de Estados Unidos sobre Medio Oriente no comienzan ahora. Según un informe de 2025 de la Brown University, desde el 7 de octubre de 2023 el país ya gastó entre 31 y 33 miles de millones de dólares por ayuda militar a Israel y operaciones militares de apoyo al sionismo en la región. En la Operación Epic Fury contra Irán, fueron 630 millones en la movilización militar anterior al ataque (reposicionamiento de aeronaves y envío de navíos, y 779 millones solo en las primeras 24 horas desde el inicio de la operación. Cada día esas cifras aumentarán, el costo diario para operar un grupo de ataque de portaaviones es estimado en 6,5 millones de dólares [1].

 Ni siquiera los cofres del país más rico del mundo son ilimitados y esos gastos tienen un efecto sobre a economía nacional. Además de los gastos militares inmediatos, también hay una serie de otros impactos económicos.

 Los precios del petróleo y del gas natural ya están subiendo. Una parte considerable de los combustibles que abastecen al mundo son transportados por el Estrecho de Hormuz, localizado en la frontera sur de Irán. Hoy, la navegación por este canal está cerrada. Por eso la cotización del petróleo Brent alcanzaba, el 3 de marzo, un alza de 8,5% y 84,40 dólares o barril [2]. El precio del gas natural europeo casi se duplicó en dos días,[3]. Esto tiene consecuencias para la economía global y origina una mayor inflación. Como expresa un analista del banco ING: «En un conflicto prolongado, la combinación de costos más elevados de la energía, interrupciones logísticas y una baja generalizada de la confianza representa un impacto significativo sobre los volúmenes del comercio global, justamente en un momento en que la economía mundial aún está absorbiendo las consecuencias inflacionarias y de crecimiento del shock tarifario» [4].

 Esos efectos sobre la economía, y la posible inestabilidad social subsecuente, pueden explicar porque sectores de la burguesía, a pesar de no oponerse al proyecto político del imperialismo sobre Medio Oriente, tuvieron recelos en apoyar los ataques. Con todo, quienes sentirán de forma más grave el perjuicio serán los trabajadores.

 El costo de vida en Estados Unidos ja estaba subiendo antes de la guerra. La tendencia ahora es que aumentar aún más. En primer lugar, el precio del combustible en los puestos de gasolina ha subido 14% en la última semana. Los especialistas apuntan que pueden continuar subiendo entre 5 y 10 centavos de dólar por día [5]. Trump, le da poca relevancia al tema: afirma que su objetivo en Irán «es mucho más importante que el precio de la gasolina suba un poquito» [6].

 Los precios de la comida también pueden ser afectados: como apunta un estudio de la Forbes [7], la región del Golfo Pérsico es una importante abastecedora de fertilizantes nitrogenados, esenciales para la agricultura moderna. Su ausencia puede reducir el rendimiento de las plantaciones de alimentos básicos como maíz, trigo y arroz.

 Esto sucede en un contexto de dificultades en el mercado de trabajo en Estados Unidos. Según el Departamento do Trabajo, en febrero, se perdieron 92.000 empleos y la tasa de desempleo subió a 4,4% [8]. Además, el gobierno Trump está aplicando, desde el año pasado, un plan de austeridad que afecta directamente el financiamiento público de hospitales y el acceso de los trabajadores a los planes de salud, con un recorte histórico en el programa Medicaid, uno de los factores que llevó decenas de miles a las calles en el movimiento No Kings Day.

 Debemos recordar que una parte de la campaña electoral de Trump, en 2024, fue la promesa de acabar con las «guerras sin fin», el constante intervencionismo militar en la política externa, para enfocarse en las necesidades de su propio país, incluyendo la reducción do costo de vida, la política de «America First» («América Primero»). Sin embargo, en menos de trece meses, Trump ya ordenó ataques contra siete naciones extranjeras [9], revelando para sus electores sus verdaderas prioridades.

 También hay que considerar el precio más alto en todo conflicto militar: las víctimas. Ya hay centenares de iraníes muertos en los ataques. NI siquiera la superioridad militar estadunidense es capaz de impedir las pérdidas de su propio lado. Al hablar sobre los soldados estadunidenses que murieron durante la operación, Trump declaró: «Infelizmente, probablemente habrá más antes que esto termine. Así son las cosas» [10]. Este tipo de pérdidas fue, históricamente, un factor central que aumenta el rechazo popular a las guerras. En los casos como Vietnam y Afganistán-Irak, además desgastó moralmente a los soldados e incluso llevó algunos a abandonar sus puestos.

 Evidentemente, Trump no va a enviar su propio hijo de 19 años a «morir por la nación», envía los hijos de la clase trabajadora. Las fuerzas armadas de Estados Unidos utilizan una combinación de propaganda ideológica y presión económica para reclutar jóvenes para sus filas. Algunos programas específicos prometen pagar las deudas estudiantiles de los soldados (contraídas por préstamos para la mensualidad de las universidades privadas) ya que casi no existe educación superior pública en el país. Hay otra política específica para reclutar a los jóvenes inmigrantes latinos con la promesa de otorgarles ciudadanía y empleo. Son estos los jóvenes que Trump está dispuesto a sacrificar en nombre de su política desesperada de retomar el control.

División por arriba

 Cuando George W. Bush lanzó las invasiones contra Afganistán e Irak, como parte de la política de «guerra al terror», tenía el apoyo unificado de la burguesía imperialista. Hoy, Donald Trump no puede contar con esto. Para un sector de la clase dominante, los efectos económicos de la guerra, junto con la preocupación creciente de que o gobierno actual no será capaz de revertir la inestabilidad social creciente dentro de Estados Unidos, apuntan para la necesidad de un cambio en el gobierno del país.

 La oposición al presidente se fortalece al interior do Congreso ya que, para realizar los ataques a Venezuela y a Irán, Trump no pidió la aprobación congresual. En primer lugar, esto es ilegal: la Constitución confiere al Congreso el poder de autorizar una guerra ofensiva, y la Resolución de los Poderes de Guerra determina que el Congreso debe ser notificado dentro de las 48 horas cuando las fuerzas estadunidenses son enviadas a un conflicto, limitando también el tiempo que esas fuerzas pueden actuar sin aprobación congresual.

 Esas leyes no fueron necesariamente respetadas por todos los presidentes a lo largo de los años. Los especialistas señalan que presidentes de ambos partidos han ampliado las circunstancias en que podrían actuar de forma unilateral. Citan los ataques sobre Libia en el gobierno Obama como ejemplo [11].

De esta forma, las votaciones contra Trump en el Congreso no son solo sobre garantizar la aplicación de la ley; sino que, para un sector de legisladores  representan una oportunidad de debilitar e incluso cambiar un gobierno que ya está descreditado por las acusaciones ligadas al caso Epstein, y que ya no puede contener la explosión social en respuesta a las acciones do ICE contra os inmigrantes, que no consigue estabilizar la economía y que genera preocupaciones sobre su disposición de mantenerse dentro de los límites del régimen democrático burgués. Además de esto, los demócratas ven la oportunidad de aprovechar este desgaste para un resultado favorable en las elecciones de medio término, en noviembre próximo.

 La guerra provoca tensión incluso entre los aliados de Trump ya que ubicar «América primero» y evitar conflictos exteriores fue parte de su discurso durante su campaña electoral. El vicepresidente JD Vance, en 2023, declaró sobre Trump: «él tiene mi apoyo porque sé que no va enviar, de modo irresponsable, americanos a morir en exterior». Después que Trump no cumplió sus promesas, Vance se mantiene leal e defiende los ataques, pero fuentes próximas a él relatan que estaba receloso y le aconsejó cautela a Trump antes de que tomara su decisión [12].

 Para el resto del Partido Republicano, esta política puede haber sido “el último clavo en el cajón” para una derrota electoral este año. Miembros do partido de Trump ya han comenzado a cuestionar públicamente al presidente, como o legislador Thomas Masie, quien afirmó que «bombardear un país del otro lado del mundo no va a hacer el archivo Epstein” [13]. La crisis interna en el gobierno ya se muestra en los despidos de figuras importantes para la política represiva en el interior do país. Primero, Gregory Bovino, comandante de la Patrulla de Frontera, fue sustituida como consecuencia de las protestas anti-ICE. Más recientemente, Kristi Noem fue despedida del puesto de Secretaria de Seguridad Interna.

 Sin embargo, siempre habrá partes de la burguesía que ven las guerras como una oportunidad. Las empresas petroleras, por ejemplo, son un sector burgués que apoya a Trump, y siempre se aprovechan de situaciones de guerra para aumentar los precios y su margen de lucro.

 Además de los fabricantes de armas tradicionales, los desarrolladores de tecnología de inteligencia artificial son conscientes de la aplicación de sus productos en el campo militar. Esto ya fue puesto a prueba diversas veces en manos del Estado sionista de Israel, empleándola, ejemplo para elegir los objetivos de bombardeos. Cuando la Anthropic, responsable por e modelo «Claude» de IA (utilizado en el ataque a Venezuela y en el secuestro de Nicolás Maduro), intentó poner límites básicos para el uso de su producto para que no fuese utilizado en vigilancia interna en masa ni para construir armas completamente autónomas, rápidamente Trump terminó el contrato con la empresa. Horas después, en una demostración del oportunismo capitalista, libre de las amarras de la ética, la OpenAi, responsable por el ChatGPT, aprovechó para firmar su propio contrato con el Pentágono [14].

Rechazo por abajo

 Para tener éxito en una guerra, es sabido que un gobierno precisa de un poderoso arsenal militar y grandes inversiones. Sin embargo, no se debe subestimar otro factor: el apoyo de la mayor parte de su propia población. La historia de Estados Unidos demuestra este hecho con la derrota sufrida por el gobierno Nixon cuando no consiguió conquistar o apoyo interno a la Guerra de Vietnam, con movilizaciones populares en oposición, los jóvenes rechazando la convocatoria militar o desertando de las filas del ejército.

 Es por eso que las guerras lanzadas contra las naciones de Medio Oriente siempre estuvieron acompañadas de una verdadera máquina de propaganda ideológica, buscando conquistar el apoyo o, por lo menos, la indiferencia de las masas estadunidenses.

Después del atentado del 11 de setiembre de 2001, el gobierno Bush movilizó la conmoción nacional para justificar su política de «guerra al terror». Algunos resquicios de eso perduran hasta hoy, con o estereotipo racista de «musulmán terrorista». La narrativa construida se apoya en una supuesta división entre Occidente (que representa la “civilización”) y Oriente que representa la “barbarie”.

Los gobiernos de Estados Unidos tratan de ocultar su propia responsabilidad en gran parte de la inestabilidad política en la región, dice que «estos países están siempre en conflictos, estos pueblos tienen una naturaleza violenta». Muchas veces, se apoyan hipócritamente en la opinión negativa del público sobre los regímenes dictatoriales de países como Irán para defender la necesidad de que “los salvadores occidentales” intervengan. El resultado acaba siendo un nuevo régimen igualmente opresor. Israel también cumple un papel en este proceso, objetivamente, como una base militar del imperialismo, e ideológicamente representa un supuesto oasis de «democracia» en la región.

 Las declaraciones de Trump después de los ataques utilizan los argumentos típicos de esta ideología: afirman, por ejemplo, que Irán emprende «una guerra contra la civilización» [15]. Sin embargo, la eficacia de este discurso ya no es la misma que en 2002, y el gobierno estadunidense no logra convencer el público de que el ataque fue en respuesta a una amenaza inminente representada por el programa nuclear iraní.

 La opinión de la población fue relevada en una encuesta horas después de la operación: solo uno cada cuatro entrevistados apoyaban el ataque, 43% afirmaban que estaban en contra y 29% afirmaba que no tenían certeza. Aislando las respuestas de los electores republicanos, la tasa de aprobación es mayor, pero lejos de la unanimidad, 45% estaba en contra o en dudas [16]. Estos índices de rechazo al inicio de una campaña militar no son comunes en la historia moderna de Estados Unidos. Las guerras iniciadas por los gobiernos anteriores, como la intervención de Clinton sobre Kosovo, de Reagan sobre Granada y, principalmente, la de Bush sobre Irak y Afganistán, contaron inicialmente con el apoyo de más de la mitad de la población. El rechazo crecía a medida que los conflicios se prolongaban [17].

 Hoy, existe un sentimiento de solidaridad internacional importante en un sector de la población estadunidense que quiebra el bloqueo de la propaganda nacionalista. Podemos ver eso en las protestas de apoyo a Palestina, desde octubre de 2023, así como en movilizaciones de demonstraciones en rechazo a la invasión a Venezuela y el ataque a Irán. El mismo día de la operación, hubo protestas contra la guerra, frente a la Casa Blanca, en Washington en Times Square (Nueva York), y al día siguiente en otras ciudades (Atlanta, Chicago, Los Ángeles, Miami y Minneapolis). La coalición que llamó las protestas incluye organizaciones de izquierda, organizaciones musulmanas, grupos del movimiento por la causa palestina y del movimiento negro. En un comunicado, afirmaron: «El ataque sin provocación e ilegal de Trump a Irán es un acto de guerra que amenaza causar muerte y destrucción impensables. Pero el pueblo de este país rechaza otra ‘guerra sin fin’ y saldrá ahora a las calles para hacer oír su voz » [18]. Desde entonces, seguimos viendo movilizaciones en diversas ciudades de Estados Unidos y por el mundo.

 Para otro sector, el rechazo a la guerra contra Irán puede ser por motivos menos ideológicos y más objetivos. Como ya mencionamos, el costo de vida sigue en alza para las familias trabajadoras de Estados Unidos, y ver el dinero que los ciudadanos pagan en impuestos ser gastado en operaciones militares, mientras el Estado no garantiza derechos básicos como la salud y la educación pública, tiene un gusto amargo.

 La encuesta ya mencionada muestra las preocupaciones económicas del pueblo, 45% de los entrevistados, incluyendo 34% de republicanos e 44% de independientes, afirman que serían menos propensos a apoyar la campaña militar contra Irán si los precios da gasolina o del petróleo aumentasen en Estados Unidos, algo que ya está sucediendo. Adicionalmente, mientras Trump trata las vidas de aquellos que sirven en sus tropas como descartables, sus electores parecen discordar: 42% de los republicanos afirman que serían menos propensos a apoyar la campaña militar si el resultado fuera la muerte o heridas de tropas estadunidenses, algo que también ya es una realidad.

 Una muestra de oposición a la guerra que llamó la atención, la última semana, vino de un ex marine. En un video que circuló por las redes sociales, el veterano es retirado a la fuerza y agredido por personal de seguridad por protestar contra la intervención en Irán, en una audiencia del Comité de Servicios Armados del Senado. Mientras era expulsado de la audiencia, él afirmó “ América no quiere enviar sus hijos e hijas a una guerra por Israel» [19]. Este hecho reveló un importante desgaste en la política de alineamiento entre Estados Unidos y el Estado sionista.

 Es importante retomar que los índices de aprobación del gobierno Trump ya estaban en baja antes del 28 de febrero. Gran parte de eso debido a la ofensiva del ICE contra la población inmigrante y la represión a los ciudadanos que se levantaron contra esta política, dando como resultado asesinatos como los de Rennee Good y Alex Pretti. El movimiento en Minneapolis y nacional, en respuesta a estos hechos ya forzaron al gobierno a retroceder y retirar una cantidad de agentes de la región [20].

 Además, Trump enfrenta cuestionamientos por su relación con el caso Epstein, corroborada por los archivos recientemente publicados por el Departamento de Justicia, un punto que causa desconfianza incluso dentro de su propia base electoral [21]. Hay una percepción popular que aumenta: la real motivación para esta guerra sería sacar la atención de las acusaciones relacionadas con el caso Epstein. Es un análisis simplista, que ignora el proyecto político del imperialismo y del sionismo para Medio Oriente y las posibles ganancias económicas para Estados Unidos se tuviera éxito en instalar un régimen sumiso en Irán. Sin embargo, el hecho de que esta teoría haya sido difundida y aceptada es una señal relevante del nivel de desconfianza de la población con el presidente y la confusión sobre las motivaciones de la guerra.

 Como la familia real francesa que, en sus lujosos palacios, a las vísperas de la revolución, Trump ignora la insatisfacción de la población y se ocupa de la construcción de un salón de fiestas de más de ocho mil metros cuadrados en la Casa Blanca, con un costo de nada menos que 400 millones de dólares [22]. El proyecto, cuando se abrió una consulta pública, recibió 32 mil comentarios (98% negativos [23]). Infelizmente para Trump, los rumbos de su gobierno e de la furia popular que crece contra él parecen apuntar que él no estará aprovechando las fiestas en la Casa Blanca por mucho tiempo.

¡Fora Trump! ¡No a la Guerra Imperialista-sionista! ¡Por una alternativa independiente e anti-imperialista!

 La guerra declarada por los Estados Unidos e Israel contra Irán no tiene un carácter «preventivo», como ellos afirman sino el objetivo de saldar las cuentas abiertas por la Revolución de 1979 y establecer un régimen fantoche del imperialismo. La clase trabajadora estadunidense no tiene nada a ganar con esta guerra, y mucho por perder. Nosotros no tenemos ninguna confianza en el régimen iraní de los ayatolás, una dictadura capitalista y opresiva que nunca fue consecuente en su combate al imperialismo. Sin embargo, llamamos a la unidad militar y a la defesa incondicional de Irán frente al ataque. Una derrota de Estados Unidos e del Estado sionista significaría una victoria para la clase trabajadora mundial y, en especial, para el pueblo palestino [24].

 Este ataque no debe ser entendido como una demostración real de fuerza del gobierno Trump, sino como una tentativa desesperada de retomar el control mientras se profundiza su impopularidad e la inestabilidad en su país. Este es el momento de fortalecer al movimiento de masas y los instrumentos de la clase trabajadora, impulsar las protestos en Estados Unidos e alrededor del mundo que planteen abajo Trump e su política de violencia, dentro de su país contra los inmigrantes y fuera de él, en Venezuela e Irán. El internacionalismo es fundamental. Es decir, la comprensión de que los intereses de los trabajadores están interligados alrededor do mundo. También es importante considerar que cuando hay una agresión de un país imperialista sobre otro país más débil, la consigna «¡No a la guerra!» toma un carácter progresivo en el país imperialista. Por ello, es esencial la participación de las organizaciones de los trabajadores en las movilizaciones llamadas con esta bandera.

 Alertamos que, en un año campaña electoral, el Partido Demócrata intentara cooptar este sentimiento contra el gobierno Trump. Debemos recordar como este mismo partido ya estuvo al frente de ofensivas militares estadounidenses en Medio Oriente, de deportaciones en masa de inmigrantes, e inclusive sus propias figuras están citadas en los archivos Epstein. Su política es de domesticación del movimiento, sacarlo del combate directo en las calles y canalizarlo para dentro de las elecciones y los límites de la institucionalidad burguesa. Para conquistar victorias en la lucha contra Trump, por mejores condiciones de vida, en defensa de los inmigrantes y contra la ofensiva imperialista, es necesaria una alternativa de organización independiente de la clase trabajadora.

Referencias:

[1] Todos los datos citados em este párrafo pueden ser encontrados en: https://www.aljazeera.com/news/2026/3/3/how-much-could-the-iran-war-cost-the-us-heres-what-we-know

[2] https://cbn.globo.com/economía/noticia/2026/03/03/barril-de-petroleo-brent-continua-em-alta-cotado-a-us-8440.ghtml

[3] https://www.nytimes.com/2026/03/03/world/middleeast/stock-markets-iran.html

[4] Idem al 3.

[5] https://www.independent.co.uk/us/money/iran-strikes-cost-of-living-gas-prices-b2930499.html

[6] https://www.nytimes.com/2026/03/07/busines/gasoline-prices.html

[7] https://www.forbes.com/sites/rrapier/2026/03/01/beyond-oil-the-strait-of-hormuz-and-the-global-food-risk/

[8] https://www.nytimes.com/live/2026/03/06/busines/jobs-report-economy

[9] https://www.nytimes.com/2026/03/02/us/politics/iran-trump-polls-republicans.html

[10] https://www.theguardian.com/us-news/2026/mar/01/trump-more-deaths-military-iran

[11] https://theintercept.com/2026/03/01/trump-iran-attack-war-powers-resolution-united-nations-charter-legal/

[12] https://www.nytimes.com/2026/03/04/us/politics/vance-trump-iran.html

[13] https://www.independent.co.uk/news/world/americas/us-politics/trump-iran-epstein-files-masie-b2930178.html

[14] https://edition.cnn.com/2026/02/27/tech/openai-pentagon-deal-ai-systems

[15] https://www.aljazeera.com/news/2026/3/2/trump-says-iran-war-projected-to-last-4-to-5-weeks-could-go-far-longer

[16] Todos los datos citados en este párrafo provienen de:

https://www.aljazeera.com/news/2026/3/2/poll-suggests-only-a-quarter-of-americans-support-attacks-on-iran

[17] https://www.nytimes.com/2026/03/06/us/politics/trump-iran-war-public-support.html

[18] Todas las informaciones de este parágrafo provienen de:

https://www.theguardian.com/us-news/2026/feb/28/khamenei-killing-protests-us

[19] https://horadopovo.com.br/veterano-da-marinha-americana-e-agredido-ao-protestar-contra-guerra-no-ira/

[20] Leer más en: https://corici.org/como-la-rebelion-contra-el-ice-puede-derribar-a-trump/

[21] Leer más en: https://corici.org/archivos-epstein-retrato-de-un-sistema-sin-justicia/

[22] https://www.nbcnews.com/politics/white-house/judge-rejects-request-block-trump-ballroom-construction-400-million-rcna260866

[23] https://www.nytimes.com/2026/03/03/us/politics/trump-ballroom-comments.html

[24] Leer más en la declaración de la CORI-CI: https://corici.org/defendemos-a-iran-del-ataque-militar-de-trump-y-el-estado-de-israel/

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