La lucha de los inmigrantes en el corazón del imperialismo

Debbie Leite – Voz Operária Socialista (Brasil)

Cuando las fuerzas represivas responsables de perseguir y detener a inmigrantes indocumentados en Estados Unidos patrullan las calles de ciudades como Chicago, Los Ángeles y Nueva York, no encuentran una población resignada.

Mientras Trump intensifica la persecución a los inmigrantes indocumentados, dando un salto en el número de detenciones, los trabajadores se autoorganizan para protegerse. Las iniciativas abarcan desde educar a la población sobre sus derechos legales y voluntarios para acompañar a los niños a la escuela, hasta organizar patrullas para monitorear la presencia del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) en los barrios, con redes de comunicación digitales que comparten la ubicación de vehículos y agentes en tiempo real, lo que desata una reacción popular generalizada con silbatos, gritos y bocinas para alertar a los moradores [1].

Al mismo tiempo, en 2025 fuimos testigos de protestas históricas en el No Kings Day («Día sin Reyes»). Millones de personas salieron a las calles en todos los Estados del país, en oposición a la administración Trump, planteando la defensa de los derechos de los inmigrantes entre los principales temas. Además de este día unificado en junio, varias manifestaciones locales a lo largo del año también expresaron la indignación de la población contra las deportaciones y la actuación del ICE. En una ocasión, manifestantes en Nueva York fueron arrestados por bloquear el paso de vehículos de la agencia.

Sin embargo, la persecución de inmigrantes no es un fenómeno nuevo inaugurado por este gobierno ni es exclusivo de los republicanos, con su discurso abiertamente autoritario y discriminatorio. Gran parte del aparato que Trump utiliza ahora para este propósito se construyó y se fortaleció bajo el liderazgo de demócratas como Bill Clinton, Barack Obama y Joe Biden. Más que un problema partidario, los elementos que observamos hoy (como el aumento del flujo migratorio a países imperialistas, la explotación de esos trabajadores para reducir el salario promedio y su utilización como chivos expiatorios de los efectos de las crisis económicas) son propios y característicos del sistema capitalista en el que vivimos.

Las luchas en curso por los derechos de los inmigrantes pueden representar un paso importante para debilitar al imperialismo. Superar las divisiones creadas en la clase trabajadora por las fronteras nacionales, y profundizadas por el discurso xenófobo, es una condición esencial para arrancar victorias significativas.

Lograr condiciones de vida y de trabajo dignas para los inmigrantes es una tarea fundamental, no solo para la propia población inmigrante, sino también para los trabajadores nativos de los países imperialistas. Esta lucha está vinculada con la demanda de soberanía de los países dependientes, como los de América Latina, porque es precisamente el saqueo de la burguesía internacional sobre ellos lo que crea las condiciones de miseria que fuerzan a tantas familias a huir en busca de oportunidades en el extranjero.

La población indocumentada

El proceso para obtener la documentación necesaria para ser considerado residente autorizado en Estados Unidos puede ser largo y arduo, e implica una serie de peticiones, entrevistas y el pago de tasas. Es aún más restrictivo para personas venidas de países más pobres, que buscan escapar de sus dificultades. Si bien técnicamente la ley es la misma para todos los extranjeros, independientemente de su procedencia, existen más barreras económicas y discriminación por parte de las autoridades según el origen. Trump dijo en voz alta lo que muchos ya pensaban cuando anunció que impondría una pausa a la inmigración procedente de países del «tercer mundo»: «Vamos a recibir a algunos de Dinamarca. ¿Les importaría enviarnos algunas personas? Envíennos algunas personas buenas (…) Pero siempre recibimos personas de Somalia, lugares que son un desastre, ¿verdad? Inmundos, sucios, repugnantes, llenos de crimen». [2]

Así, no es de extrañar que muchos tengan que permanecer en el país, o incluso entrar, sin recurrir a los medios oficiales. Estas personas son etiquetadas como «ilegales» por las autoridades (un rótulo que justifica una actitud discriminatoria y represiva, y que es cuestionado por los movimientos por los derechos de los inmigrantes en todo el mundo, bajo el lema «ningún ser humano es ilegal»).

Según una encuesta [3] divulgada por el Instituto de Política Migratoria, 13.7 millones de inmigrantes sin autorización residían en Estados Unidos en 2023, lo que representa 4,1% de la población total del país y uno de cada cuatro inmigrantes.

Entre esta población, el principal país de origen es México, que representa 40% de los residentes indocumentados, resultado de una combinación de factores más allá de la proximidad geográfica, como la dependencia económica histórica del país a Estados Unidos. Los principales puestos de trabajo se encuentran en las áreas de la construcción, servicios de alimentación y servicios de limpieza y mantenimiento de edificios.

Es importante señalar que las políticas de detención y deportación afectan directamente no solo a las personas indocumentadas, sino también a sus familiares, amigos y parejas, quienes sienten la amenaza constante de tener a sus familias divididas. La encuesta citada indica que 14 millones de moradores autorizados (ciudadanos, titulares de Green Cards [tarjetas de residencia”] o titulares de visas temporarias) compartían la residencia con un inmigrante no autorizado. A menudo, estos familiares lideran protestas e iniciativas de autodefensa para proteger a quienes no pueden arriesgarse a ser detenidos por las autoridades migratorias.

La investigación también cita que 6.3 millones de niños (de hasta 18 años) vivían con al menos un progenitor indocumentado. Los niños nacidos en Estados Unidos tienen ciudadanía, independientemente del estatus de ciudadanía de sus padres, pero aún se ven profundamente afectados por la inestabilidad de la vida si sus padres no poseen documentos, ya que enfrentarán limitaciones para encontrar empleo, acceder a programas de asistencia, y corren el riesgo de ser deportados.

Por eso, algunas de las redes de solidaridad que se han organizado en respuesta a las detenciones se centran en las trabajadoras de cuidadores infantiles. Las maestras de guarderías y escuelas se coordinan con los padres y las madres para planificar qué hacer con los niños en caso de que ellos sean detenidos. Algunas incluso se ofrecen como tutoras temporarias, además de participar de redes de comunicación para avisar sobre la entrada de ICE en los barrios. Considerando que ya se han dado casos de padres arrestados en el estacionamiento de la escuela al recoger a sus hijos, es necesario tomar precauciones. La coordinación también es recíproca, ya que una de cada cinco cuidadoras infantiles es inmigrante, en su mayoría son latinas, y los padres también participan en iniciativas para protegerlos, por ejemplo, ofreciéndoles compañía en el trayecto entre la casa y el trabajo. [4]

Una historia de fronteras, detenciones y deportaciones

Para comprender la persecución a los inmigrantes por parte de los gobiernos estadounidenses, no podemos empezar por los mandatos de Trump. Si bien su discurso, orgullosamente autoritario, lo distingue, y sus administraciones han batido récords (como analizaremos en la siguiente sección), el aparato de represión que utiliza ha sido construido y reforzado a lo largo de los años por diversas manos, sin distinción entre los dos lados del sistema bipartidista.

A lo largo de la historia de Estados Unidos, es posible observar dos cosas: la inmigración siempre ha representado una parte significativa de la población del país; y la legislación se ha transformado con el tiempo, según las necesidades políticas y económicas de cada momento, muchas veces para restringir la entrada de extranjeros y limitar los derechos de los inmigrantes dentro del país.

La primera ley que restringió la inmigración en Estados Unidos se promulgó en 1875; entre otras medidas, la ley buscaba específicamente reducir la entrada de mujeres chinas al país [5]. Los chinos fueron objeto de una nueva medida en 1882 con la Ley de Exclusión China, que prohibía la entrada de trabajadores chinos por diez años, negaba la ciudadanía a quienes ya se encontraban en el país y establecía las bases para la deportación de inmigrantes chinos indocumentados [6]. La discriminación basada en el país de origen continuó en las décadas siguientes con la Ley de Inmigración de 1924, que estableció un límite de inmigrantes provenientes de cada país, favoreciendo a Europa occidental [7]. Este sistema solo se abolió con la Ley de Inmigración y Nacionalidad de 1965, que estableció nuevos criterios, como la reunificación familiar y las habilidades profesionales.

Como dijimos anteriormente, la forma de lidiar con los inmigrantes ha variado históricamente según las demandas económicas del país. En este sentido, no siempre se buscó restringir la entrada, sino también importar trabajadores cuando fuera conveniente. Este fue el caso del programa «Bracero» de 1942, un acuerdo entre Estados Unidos y México que llevó a miles de mexicanos a Estados Unidos para que realizaran trabajos agrícolas temporarios, buscando suplir la escasez de mano de obra causada por la Segunda Guerra Mundial, y que fue cancelado en 1964 [8].

Entre los hitos en los intentos de restringir la inmigración no autorizada se destaca la reforma de 1986, bajo el gobierno republicano de Ronald Reagan. Su enfoque se basó en tres puntos: sancionar a los empleadores que contrataran a inmigrantes indocumentados, reforzar la vigilancia fronteriza (un tema que continuó cobrando relevancia en el debate público en los años siguientes), y ofrecer documentación a quienes hubieran vivido y trabajado en Estados Unidos durante al menos cinco años (medida que tuvo alcance limitado). Nuevas reformas se llevaron a cabo en 1996, bajo la administración del demócrata Bill Clinton: la Ley de Reforma de la Inmigración Ilegal y de la Responsabilidad del Inmigrante, entre otras medidas, exigió que el gobierno rastrease las entradas y salidas de visitantes extranjeros, amplió los delitos considerados «graves» que servirían como base para la deportación de no ciudadanos, y prohibió a los inmigrantes indocumentados reingresar al país por períodos prolongados. Otras leyes del mismo año restringieron el acceso de esa población a los programas de asistencia social [9].

El período posterior a los atentados del 11 de setiembre de 2001 presenció nuevos cambios en materia de inmigración. La política de «Guerra al Terror» del gobierno de George W. Bush implicó tanto la invasión y la guerra imperialista en el exterior, como una reestructuración de la seguridad y la inteligencia nacionales, reforzando el aparato represivo del Estado y recurriendo a la propaganda nacionalista y xenófoba que presentaba a los extranjeros, especialmente a los de países árabes, como una amenaza. En ese contexto, se creó el Departamento de Seguridad Interna de Estados Unidos (DHS), que abarca el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP) y el Servicio de Ciudadanía e Inmigración de Estados Unidos (USCIS), agencias fundamentales para la aplicación de las políticas de detención y deportación en los años siguientes. La administración Bush también aumentó el presupuesto para el control migratorio y la vigilancia de las fronteras, pero incluso mucho menos que la administración que le sucedería.

El demócrata Barack Obama, presidente de 2009 a 2016, se ganó el título de «Deportador en Jefe» entre los inmigrantes y activistas. Durante sus mandatos, tres millones de personas fueron deportadas [10], una cifra muy superior a la de los gobiernos anteriores; se priorizaron las remociones formales (que dificultan el proceso de reingreso) en lugar de los «retornos voluntarios», en los que la persona puede salir del país sin una orden oficial, lo que resulta en menos complicaciones legales. Su política estuvo acompañada de un aumento significativo del presupuesto: en 2012, se asignaron casi 18 mil millones de dólares al control de la inmigración en el país [11].

Trump llegó al poder por primera vez en 2017, tras una campaña electoral firmemente respaldada por la retórica antiinmigración, que incorporó, por ejemplo, la promesa de construir un muro que separara a México de Estados Unidos. Cabe destacar que antes de esto, ya existían barreras físicas en la frontera sur, como los tramos construidos a partir de la Ley de Valla Segura de 2006 (bajo la administración de George W. Bush, y que costó alrededor de 2.4 mil millones de dólares) [12]. Así, Trump no necesitó construir un nuevo aparato de persecución a los inmigrantes, sino utilizar lo heredado de gobiernos anteriores, intensificando el tono de la propaganda racista y xenófoba. Entre las principales medidas de su primer mandato, se destacan el acto que prohibió la entrada de personas procedentes de países predominantemente musulmanes, en 2017 [13]; y el acuerdo con el gobierno mexicano, en 2019, que obligaba a las personas que solicitaban asilo a permanecer al sur de la frontera hasta la finalización del proceso burocrático.

La administración Biden, que lo sucedió, no rompió con esta política represiva. De hecho, superó las cifras de deportación del primer mandato de Trump, con más de 271.000 inmigrantes deportados solo en 2024, 82% de los cuales fueron detenidos por agentes fronterizos [14]. Según informes del ICE, esto representó un aumento de 90% en relación con el año anterior, siendo la mayoría de los deportados originarios de México, Guatemala y Honduras [15]. Biden también amplió las restricciones a la política de asilo, en 2024, suspendiendo las solicitudes de asilo basándose en un límite numérico arbitrario de personas que cruzaban la frontera de manera irregular, lo que luego incluyó a los menores no acompañados [16].

La postura del Partido Demócrata

Una de las conclusiones que podemos extraer de los datos arriba es que los gobiernos demócratas no difieren cualitativamente en su trato a los inmigrantes; solo adoptan un discurso distinto mientras aplican sus políticas de deportación. Obama, por ejemplo, alegaba que se centraría en deportar únicamente a «criminales», y Biden dio preferencia a los «retornos voluntarios» en lugar de las remociones formales [17].

Esto forma parte de un cálculo electoral, ya que la población latina es una parte importante de su base electoral, y entre 1996 y 2022 el número de votantes hispanos en el Partido Demócrata se triplicó, pasando de 5% a ​​16% [18]. En los últimos años en particular, parte de la crisis del Partido Demócrata se debe a un movimiento de jóvenes que se inclina políticamente hacia la izquierda. Quienes participaron en movimientos como las protestas tras el asesinato de George Floyd o de los actos y ocupaciones universitarias en defensa de Palestina, aún pueden votar por candidatos demócratas por falta de opciones, pero lo hacen con mucha menos confianza en su política institucional tradicional, y esos votos podrían perderse si sus candidatos hablasen explícitamente qué pretenden hacer con los inmigrantes.

La política de los demócratas para con este sector va más allá de adaptar sus campañas electorales, incluye también intentos de cooptación. Es decir, se insertan desde abajo en los procesos de movilización que surgen de forma independiente, como el movimiento Black Lives Matter, y buscan cooptar su dirección, vinculándolo a la política institucional del partido. Así, intentan contener la dinámica de estos procesos de la lucha de clases y canalizarla hacia sus candidatos en las elecciones.

La ampliación de un sector hacia la izquierda en el país que hoy observamos es un elemento progresivo que abre importantes posibilidades para los revolucionarios. Esto se refleja electoralmente, por ejemplo, en la elección de Zohran Mamdani a la alcaldía de Nueva York, tras derrotar también al candidato de la política más tradicional dentro del propio Partido Demócrata [19]. Sin embargo, para que este fenómeno avance, es necesaria una organización de la clase y sus sectores oprimidos, como los inmigrantes, de forma independiente, es decir, por fuera del Partido Demócrata y sin su financiamiento.

El segundo mandato de Trump

El primer año con Trump de nuevo en el gobierno de Estados Unidos, 2025, estuvo marcado por una agresiva política económica basada en aranceles impuestos a socios comerciales, en un intento del imperialismo debilitado por retomar su control sobre el mundo. Impuso amenazas a la soberanía nacional de países semicoloniales como Venezuela, y en diciembre de este año, en una escalada de tono contra el régimen de Maduro, Trump incluso intervino en el espacio aéreo del país [20], interceptó un petrolero frente a la costa e impuso un bloqueo a la circulación de los petroleros objetos de sanciones [21]. Estas medidas acompañan la política interna de persecución de los inmigrantes indocumentados, y el principal efecto de la nueva administración se produce en el campo de las detenciones.

La detención de personas sin autorización legal para residir en EE. UU., según la ley, no tendría carácter punitivo. Permanecer en el país después del vencimiento de la visa, por ejemplo, no se considera un delito en sí mismo, y entrar al país sin autorización se considera una contravención (un delito menos grave, a menudo castigado sin prisión) [22]. Por lo tanto, se trataría de detenciones de naturaleza civil, en las que el inmigrante permanece bajo custodia estatal mientras asiste a sus audiencias judiciales, hasta que se determine el final del proceso, que generalmente resulta en su expulsión. Históricamente, este proceso involucra principalmente a personas con antecedentes penales, aunque no se distingue la naturaleza ni la gravedad de los delitos cometidos, sirviendo solo como retórica para justificar la idea de que serían personas «peligrosas».

La nueva administración Trump trata a todos los inmigrantes indocumentados como criminales y ha aumentado el número de detenciones de personas sin antecedentes penales en 2000% [23]. Como resultado, el número de no ciudadanos detenidos ha alcanzado el nivel más alto de la historia. Cuando Trump asumió el cargo en enero, ya había 39.000 detenidos, cifra que aumentó a 61.000 a finales de agosto [24].

Para alcanzar estas cifras, el gobierno recurrió a acciones ostentosas de las policías migratorias, como el ICE, especialmente en barrios con alta concentración de inmigrantes. Trump puso fin a las directrices que restringían los arrestos en áreas consideradas sensibles, como escuelas, hospitales y lugares de culto [25]. La población sintió el efecto de estas medidas; por ejemplo, los profesores relataron una disminución en la asistencia de los alumnos, y los padres temían acompañar a sus hijos a la escuela [26]. Según una demanda presentada por la Unión Americana por las Libertades Civiles (ACLU), los agentes federales detenían a personas sin orden judicial ni información previa sobre las personas que aprehendían, actuando en función del color de piel o la ocupación, empleando la fuerza, esposándolas y llevándoselas en vehículos sin identificación [27]. Estas acciones se convirtieron en un espectáculo público, con las redes oficiales de la Casa Blanca publicando videos, a menudo humorísticos, que mostraban a personas esposadas, detenidos abordando vuelos para salir del país y realizando un «tour» por las instalaciones penitenciarias. Estas acciones popularizaron las comparaciones entre el ICE y la Gestapo (la policía de la Alemania nazi) entre activistas y opositores al gobierno.

Estas operaciones de aprehensión no se limitan al ámbito federal, ya que el Departamento de Seguridad Interna también cuenta con la ayuda de las fuerzas policiales de los Estados. El Programa 287(g) permite acuerdos entre el ICE y las policías locales, delegándoles a estas algunas facultades que normalmente no tendrían sobre la detención de inmigrantes no autorizados. El programa no es nuevo, ya que se implementó después del 11S, pero ha experimentado un avance cuantitativo durante la primera administración Trump. Por su parte, Biden, durante su mandato no hizo nada para revertir estos acuerdos, y con el regreso de Trump al cargo, el número de agencias que participan del programa sigue aumentando [28].

Una vez detenidos, los inmigrantes terminan en centros destacados por violaciones de los derechos humanos, sometidos a condiciones indignas y a métodos de tortura. Los informes incluyen a detenidos alimentados con comida en mal estado, falta de agua potable y hacinamiento. Se observa que 86% de los inmigrantes detenidos se encuentran en centros privados (una cifra muy elevada en comparación con la población carcelaria total del país, donde menos de 10% se encuentra en prisiones privatizadas) [29]. Entre estas prisiones privatizadas está el Centro de Detención del Sur de la Florida, apodado «Alcatraz de los Cocodrilos» (South Florida Detention Facility; Alligator Alcatraz). Un estudio de Amnistía Internacional expone las condiciones inhumanas en este centro, con luces encendidas las 24 horas, acceso limitado a duchas, falta de atención médica, y castigos físicos, confinados en jaulas diminutas y esposados ​​[30]. En setiembre de 2025, el tiempo promedio de detención era de 44 días, y la localización remota de muchos de los centros de detención aún dificulta que los detenidos mantengan contacto con sus familias y obtengan representación legal. Esta situación podría seguir agravándose, ya que el presupuesto para la detención de inmigrantes aumentará en 45 mil millones de dólares durante los próximos tres años [31].

En cuanto a la frontera sur, el gobierno actual ha aumentado en 60% la presencia de tropas en la región [32]. La relación de dominación política y económica de Estados Unidos sobre México es responsable por las condiciones de vida que llevan a tantos trabajadores mexicanos a migrar en busca de una pequeña mejora en sus vidas, y también se utiliza para trasladar al país parte de los costos de la vigilancia fronteriza. El llamado «Programa Permanecer en México», establecido durante el primer gobierno de Trump, se está reanudando; con él, quienes solicitan asilo en Estados Unidos, independientemente de su origen nacional, son forzados a esperar en territorio mexicano, en una situación de vulnerabilidad y, a menudo, durante largos periodos, mientras se procesan sus solicitudes. Aproximadamente 71.000 personas se vieron afectadas durante el primer mandato de Trump [33]. Además, en febrero de 2025, el gobierno mexicano acordó enviar tropas a la frontera a cambio de un alivio momentáneo de los aranceles [34].

También se utiliza la deportación como herramienta de represión política e ideológica. Tras la ola de protestas y ocupaciones pro palestinas en universidades estadounidenses, a varios jóvenes que participaron del movimiento o demostraron su apoyo se les revocaron las visas de estudio [35]. El gobierno incluso tiene la intención de exigir que turistas de 42 países compartan su historial en las redes sociales antes de que se les permita ingresar al país, una regla que ya existía para los solicitantes de visas de residencia [36].

El capitalismo y el trabajador inmigrante

El debate sobre la inmigración ha ganado espacio no solo en Estados Unidos. Sectores de extrema derecha que adoptan un discurso más autoritario y abiertamente xenófobo, sectores conciliadores que se presentan como alternativa, moderados en su discurso pero hipócritas en su práctica cuando gobiernan, y movilizaciones por abajo para garantizar los derechos de esta población, también han sido una realidad en Europa, en países como Portugal y el Reino Unido. Esto no es casualidad; es la forma en que el sistema capitalista, históricamente, en todos los países y bajo cualquier tipo de gobierno, utiliza la opresión nacional para explotar aún más a la clase trabajadora.

Friedrich Engels dedica un capítulo de su obra La situación de la clase trabajadora en Inglaterra, de 1845, a la cuestión de la inmigración irlandesa. Observa cómo los irlandeses que trabajaban en Inglaterra tenían los salarios más bajos, ni siquiera podían garantizar una alimentación adecuada, y vivían en condiciones de vivienda insalubres. Esto no era casualidad, ya que existía una estrecha relación entre el desarrollo de la industria inglesa y la miseria de los irlandeses; en sus palabras: «El rápido desarrollo de la industria británica no habría sido posible si Inglaterra no hubiera contado con una reserva: la numerosa y pobre población de Irlanda. Los irlandeses, en su tierra, no tenían nada que perder y, en Inglaterra, mucho que ganar» [37]. Los inmigrantes se veían forzados a aceptar bajos salarios y duras condiciones de trabajo, y en consecuencia, el obrero inglés que competía con ellos por un puesto de trabajo también veía reducidos sus salarios y sus derechos.

Karl Marx retoma este tema en sus cartas, abordando cómo la división entre los trabajadores ingleses e irlandeses, profundizada ideológicamente por la prensa burguesa, era un obstáculo para que la clase obrera alcanzase victorias. Observa: «El obrero inglés medio detesta al obrero irlandés como un competidor que rebaja su nivel de vida, se siente al respecto como miembro de una nación dominante y, por lo tanto, se torna un instrumento de sus aristócratas y capitalistas contra Irlanda (…) El irlandés le paga con la misma moneda; lo ve simultáneamente cómplice y el instrumento ciego de la dominación inglesa en Irlanda» [38]. La conclusión es que el destino del obrero inglés estaba intrínsecamente ligado al del irlandés, siendo imposible la liberación de uno sin la liberación del otro. La clase obrera inglesa necesitaba, como cuestión de vida o muerte, romper con su identificación con la política de la burguesía para la subyugación de Irlanda y asumir también la tarea de emancipar a este pueblo.

En su obra El imperialismo, fase superior del capitalismo, Vladimir Lenin también observa las características de los flujos migratorios y las tácticas empleadas por la burguesía para dividir a la clase obrera. Analiza cómo disminuye la emigración de los países imperialistas, mientras aumenta la inmigración hacia ellos, pues los trabajadores abandonan los países atrasados, donde los salarios son más bajos. Esto se utiliza para profundizar una división entre los sectores privilegiados de la clase obrera y sus sectores más desfavorecidos, lo que debilita al movimiento obrero, especialmente dentro de los países imperialistas, garantizando así la estabilidad de su burguesía.

Así, Lenin afirma: «En Francia, ‘una parte considerable’ de los mineros son extranjeros: polacos, italianos, españoles. En Estados Unidos, los inmigrantes de Europa oriental y meridional ocupan los puestos peor pagados, mientras los obreros estadounidenses proveen el mayor porcentaje de capataces y de personal con empleos mejor remunerados. El imperialismo tiende a formar categorías privilegiadas incluso entre los obreros, para separarlos de las grandes masas del proletariado» [39].

Las citas aquí presentadas siguen actuales y sirven como base para comprender la realidad de hoy. Para el Estado, los inmigrantes de los países más pobres constituyen una importante fuente de mano de obra barata, un ejército de reserva, utilizado para reducir los salarios de toda la clase trabajadora. En particular, quienes carecen de documentación tienen menos derechos legales que el resto de la población y son empujados a aceptar los niveles más altos de explotación. Las detenciones y deportaciones se utilizan para regular el flujo migratorio según los intereses de la burguesía en cada momento, así como para profundizar el miedo y la sumisión de esta población.

Además, discursos como el adoptado por Trump desempeñan un importante papel social para la burguesía en tiempos de crisis, al señalar al inmigrante como el culpable del deterioro de las condiciones de vida que ella misma ha provocado. En una coyuntura propensa a explosiones y movilizaciones, esto puede debilitar la lucha y la organización de la clase, ya que una clase trabajadora dividida por el discurso antiinmigración jamás conseguirá victorias.

Por eso damos tanta importancia a las movilizaciones que se realizan hoy en Estados Unidos, a la autoorganización de las comunidades inmigrantes, así como a la participación y la solidaridad de otros sectores de la clase trabajadora en las protestas contra las detenciones y deportaciones. Los avances en este sentido debilitan a nuestro enemigo, el imperialismo, y abren posibilidades para la organización de los trabajadores.

El levantamiento en defensa de los inmigrantes

La ofensiva gubernamental es solo una parte de la realidad, y no tendríamos un panorama completo sin analizar también su contraparte: la respuesta en forma de protestas y autoorganización para defender a los inmigrantes y sus derechos, empezando por el derecho de permanecer en el país y en libertad.

Las ciudades de Los Ángeles, en California, y Chicago, en Illinois, se encuentran entre las que tienen mayor población inmigrante en Estados Unidos [40] y han sido escenario de importantes iniciativas de las comunidades para responder a la presencia de los agentes migratorios. En Los Ángeles, grupos como la Unión del Barrio y la Coalición de Autodefensa de la Comunidad capacitan a voluntarios para patrullar los vecindarios, reconociendo, documentando y respondiendo a la presencia de los agentes migratorios. Uno de los principales objetivos es activar una red de contactos y utilizar las redes sociales para alertar a la población vulnerable sobre áreas de riesgo, pero también ayudan a localizar a las personas detenidas, notificando a sus familias y conectándolas con asistencia jurídica [41]. En una entrevista para The Guardian, uno de los líderes de la Unión del Barrio afirma: «Los Ángeles, como primera línea, ha sido un espacio crucial para mostrar que la comunidad está organizada, y nosotros no retrocederemos» [42].

Las organizaciones a partir de los lugares de trabajo en la ciudad también participan, como el Centro de Trabajadores de Lavaderos de Autos – CLEAN. La asociación, que actúa desde 2007 para combatir la sobreexplotación en la rama de lavado de autos, donde trabajan muchos latinos, ahora toma acciones para defender de las detenciones a los trabajadores [43].

Iniciativas similares posibilitan la organización y movilización de la población en Chicago. Un informe publicado en el LA Times [44] retrata la reacción en tiempo real de los residentes de Little Village, un barrio con una alta concentración de mexicanos, también conocido como “La Villita”. Los residentes que recibieron silbatos distribuidos por grupos de voluntarios los utilizaron, creando un sonido de alerta sobre la entrada de vehículos de ICE, mientras que otros usan sus propios autos para tocar bocina, acompañar el trayecto de los policías e incluso intentar bloquearles el paso. El mensaje se difunde en grupos de WhatsApp y transmisiones en vivo en Instagram, como se cita en el informe: «Quienes tengan papeles, salgan y patrullen. Quienes no, quédense adentro». La presencia del ICE muchas veces atrae una aglomeración de activistas que buscan monitorear e prevenir su acción. Así, los residentes pueden obstaculizar los operativos, defendiendo a los inmigrantes indocumentados.

Los patrullajes se acompañan con otras iniciativas cotidianas, como la producción y distribución de materiales educativos sobre los derechos legales de los inmigrantes, grupos de voluntarios que acompañan a los niños a la escuela y de regreso, y asistencia a las familias para obtener comida y remedios.

Las movilizaciones se extienden a otras ciudades, especialmente a aquellas con alta concentración de inmigrantes. Nueva York, por ejemplo, fue escenario de protestas que congregaron a miles de personas frente a la sede del ICE en oposición a la administración Trump y las deportaciones [45]. En diciembre de 2025, activistas formaron barricadas y bloquearon la salida de vehículos de la agencia de un garaje en Manhattan, siendo reprimidos y arrestados por el departamento de policía local, pero logrando frustrar el operativo planeado [46].

Otra forma de movilización que llamó la atención fue «Sin Sueño para el ICE» [No Sleep for Ice]. Al enterarse del hotel en el que se alojan los agentes, los manifestantes se congregan afuera, asegurándose de que los fuertes ruidos durante toda la noche no les permitan descansar. Este tipo de protesta comenzó en Los Ángeles, pero se extendió por todo el país, teniendo lugar en Estados como Minnesota y Ohio. Según una de las organizadoras, esto tiene dos objetivos: presionar a los hoteles para que dejen de hospedar a agentes de ICE y obstaculizar la habilidad de estos de actuar con eficiencia [47]. Hoy, los agentes son conscientes de que una parte significativa de la población los ve como enemigos.

La ira colectiva acumulada contra el gobierno culminó en el «Día sin Reyes» el 14 de junio. Organizados en oposición a un desfile militar promovido por Trump, se estima que más de cinco millones de personas salieron a las calles en más de 2.000 ciudades [48]. La demanda del fin de las deportaciones fue una de las más destacadas, junto con la oposición al autoritarismo.

Tanto las masivas movilizaciones unificadas como las manifestaciones locales son una señal importante sobre nuestra coyuntura política. El impacto del «No Kings Day» se sintió en todo el mundo, enviando un mensaje claro de que, en su primer año, la nueva administración Trump está frágil, amenazada por una poderosa oposición en las calles. Las experiencias de autodefensa son esenciales para la clase trabajadora, ya que fortalecen su autoorganización, le enseñan a confiar en sus propias fuerzas y ​​a creer en la posibilidad de luchar contra las fuerzas represivas del Estado. Estos son movimientos que deben profundizarse, con los trabajadores estadounidenses nativos junto a los inmigrantes, debilitando el régimen imperialista y permitiendo avances en la construcción de una organización independiente y revolucionaria en el país.

Una conclusión que debemos extraer es que no existe hoy un fortalecimiento indiscutible de sectores de extrema derecha como Trump. Al contrario, la dinámica es de creciente movilización de la clase trabajadora. La situación en el interior de Estados Unidos no es aislada, y en 2025 también presenciamos levantamientos impresionantes en Nepal y Madagascar, además de la resistencia ucraniana y el movimiento internacional de solidaridad con Palestina.

Propuestas para la defensa Incondicional de los inmigrantes

La administración Trump desenmascara la política de todo el capitalismo imperialista para con los trabajadores inmigrantes. La explotación extrema con bajos salarios y las peores condiciones de trabajo, lo que afecta a la clase trabajadora en su conjunto, la opresión y los intentos de dividir a los trabajadores, con un embrutecimiento en el discurso y en la represión propios de tiempos de crisis económica. Como hemos visto, estas políticas no son exclusivas de él, sino que históricamente también han sido adoptadas por el Partido Demócrata, lo que hace imposible cualquier confianza en esta institución.

Debemos exigir, ante todo, la liberación inmediata de todos los inmigrantes que se encuentran actualmente en centros de detención, así como el cese de todas las operaciones de aprehensión por parte de las agencias federales de control migratorio y de las policías locales. En realidad, agencias como el ICE deben ser disueltas, ya que su único propósito de existencia es imponer el terror contra una población vulnerable.

Todos los inmigrantes que ya se encuentran en suelo estadounidense deben tener acceso a la documentación, sin largos procesos burocráticos, discriminación ni tasas. Si residen, trabajan y construyen comunidades en el país, no pueden ser etiquetados como «ilegales» y relegados a ciudadanos de segunda clase, con menos derechos y sujetos a la persecución y la separación de sus familias. Por lo tanto, abogamos por la provisión inmediata de tarjetas de residencia permanente para todos los inmigrantes. Las tropas también deben ser retiradas de las fronteras para que el flujo migratorio sea libre; decidir el lugar de residencia no puede ser un privilegio, sino un derecho.

Estos derechos no nos los concederá la burguesía por voluntad propia; debemos arrancarlos mediante la movilización. Para lograrlo, es necesario profundizar las experiencias de organizaciones independientes para luchar y defenderse de la persecución y la represión, y avanzar hacia su unificación, coordinando las organizaciones en nivel regional y nacional.

Se necesita un proceso de unificación aún más amplio, entre la lucha de los inmigrantes y de los demás sectores oprimidos de la sociedad estadounidense. La población negra del país actualmente ronda los 48,3 millones [49], similar en número a la población inmigrante, y también similar en la violencia que sufren a diario, siendo blanco de brutalidad policial, de los ataques de grupos supremacistas blancos y de una política sistemática de encarcelamiento. No es casualidad que fuera en defensa de la vida de la población negra que presenciamos uno de los levantamientos más significativos de esta década, a partir de las protestas tras el asesinato de George Floyd. La lucha contra el racismo dirigido a los estadounidenses negros está estrechamente vinculada a la lucha contra la discriminación que sufren los latinos, los indios, los chinos y los árabes.

Los inmigrantes y los negros constituyen una parte significativa de la clase trabajadora estadounidense, representando su estrato más explotado. Creemos que la lucha por la emancipación de los trabajadores debe ser unificada, incorporando las demandas específicas de los sectores oprimidos. Debemos, por ejemplo, contrarrestar el mito de que los inmigrantes les están «robando los empleos» a los estadounidenses, coordinando una movilización conjunta por empleo para todos, con la ampliación de los derechos laborales, la protección y la igualdad de derechos para los trabajadores inmigrantes, y el derecho a organizarse sindicalmente.

La clase trabajadora de Estados Unidos, para avanzar en estas luchas y lograr su emancipación, necesita estar organizada. Estamos viendo un crecimiento creciente de un sector combativo a la izquierda, que muestra que esto es posible. Esa organización, sin embargo, no puede estar vinculada al régimen que la oprime; es decir, debe ser completamente independiente del Partido Demócrata.

Finalmente, creemos que la solidaridad internacional entre estos trabajadores y las luchas de la clase trabajadora en todo el mundo debe continuar y ampliarse.

Por el fin del imperialismo, en defensa de la soberanía de América Latina

Sin embargo, es necesario reconocer que la mayoría de los trabajadores que deciden migrar de sus países no lo hacen por capricho, sino por necesidad, huyendo de situaciones económicas insoportables o de persecución política. El mismo imperialismo que oprime y persigue a los inmigrantes es responsable por las condiciones que los llevan a escapar de los países semicoloniales, en primer lugar.

Esto es evidente en la situación de México, el principal país de origen de los inmigrantes en Estados Unidos. No se trata solo de proximidad geográfica, sino de una historia de explotación que comienza con el extenso robo territorial en el siglo XIX y continúa con los acuerdos comerciales de los siglos XX y XXI, y la imposición de aranceles en la actualidad. La economía de México depende profundamente de Estados Unidos, lo que se refleja en una sumisión política de su gobierno (no es casualidad que aceptaran los acuerdos para el “Programa Permanecer en México” y para el envío de tropas mexicanas para ayudar a vigilar la frontera). Como resultado, el crecimiento del país se estanca y muchas familias dependen de las remesas de dólares que envían sus familiares al norte de la frontera.

Los demás países de América Latina también se encuentran en una situación de dependencia y sumisión al imperialismo yanqui. La burguesía internacional saquea sus recursos naturales, explota la mano de obra “más barata” de estos países y los confina a un lugar desfavorecido en la división mundial del trabajo, teniendo además el derecho de intervenir directamente en sus decisiones políticas y utilizar su superioridad militar cuando lo considera necesario.

Si bien defendemos los derechos de los trabajadores latinos que han decidido migrar, es necesario un segundo proceso de conquista de la independencia de sus países de origen. Sin embargo, esto no se logrará en alianza con los gobiernos latinoamericanos que siempre aceptan someterse, desde los de la extrema derecha, como Milei en Argentina, que actúa dentro del régimen democrático burgués, o Bukele, que instauró una dictadura en El Salvador, hasta aquellos que se presentan como progresistas, como Lula en el Brasil, o el gobierno mexicano de Claudia Sheinbaum, que garantiza la seguridad de la frontera sur de Estados Unidos.

Latinoamérica es uno de los principales lugares de origen de los inmigrantes en Estados Unidos, pero no es el único. Existe una población importante de inmigrantes indios, que también sufren con los efectos de la dependencia económica de su país; de chinos, que huyen de un régimen político dictatorial y de la explotación extrema; de inmigrantes musulmanes, que son blanco de una forma específica de xenofobia en Norteamérica y en Europa. Estos son distintos reflejos de la dominación imperialista en el mundo.

Resolver los problemas relacionados con los flujos migratorios y los derechos de los inmigrantes requiere hoy desmantelar el sistema del capitalismo imperialista que está en la raíz de estos problemas, incluyendo la soberanía nacional de los países semicoloniales. Esta es fundamentalmente una tarea de la clase trabajadora, organizada de forma independiente más allá de las fronteras nacionales. Por eso nosotros, de la CORI-CI nos organizamos como un partido internacional, entendiendo que la revolución socialista debe liberar a los trabajadores de todo el mundo.

Traducción: Natalia Estrada.

Referencias:

[1] https://blockclubchicago.org/2025/10/16/look-for-the-helpers-how-chicagoans-are-supporting-their-neighbors-amid-ice-raids/

[2] https://abcnews.go.com/Politics/trump-ramps-anti-immigrant-rhetoric-embraces-phrase-hole/story?id=128279166

[3] https://www.migrationpolicy.org/research/unauthorized-immigrants-us-2025-fact-sheet

[4] https://19thnews.org/2025/11/ice-child-care-workers-network-of-resistance/

[5] https://www.nps.gov/safr/blogs/chinese-women-immigration-and-the-first-u-s-exclusion-law-the-page-act-of-1875.htm

[6] https://www.migrationpolicy.org/article/immigration-shaped-united-states-history

[7] Ídem nota 6.

[8] https://guides.loc.gov/latinx-civil-rights/bracero-program

[9] Ídem nota 6.

[10] https://www.migrationpolicy.org/article/obama-record-deportations-deporter-chief-or-not

[11] Ídem nota 10.

[12] https://www.cnbc.com/2015/10/09/this-is-what-trumps-border-wall-could-cost-us.html

[13] https://www.nytimes.com/2020/01/31/us/politics/trump-travel-ban.html?emc=edit_na_20200131&ref=cta&nl=breaking-news&campaign_id=60&instance_id=0&segment_id=20884&user_id=e9848bda5d7546386411f6e2fbdaf95e&regi_id=16153474

[14] https://www.bbc.com/news/articles/c36e41dx425o

[15] https://www.npr.org/2024/12/20/nx-s1-5235329/why-deportations-hit-a-10-year-high-in-2024

[16] https://www.gazetadopovo.com.br/mundo/um-mes-antes-das-eleicoes-gerais-biden-reforca-restricoes-de-asilo-na-fronteira/

[17] https://www.migrationpolicy.org/article/biden-deportation-record#returner

[18] https://www.pewresearch.org/politics/2024/04/09/the-changing-demographic-composition-of-voters-and-party-coalitions/

[19] Para leer más sobre la elección de Mamdani, ver: https://corici.org/un-socialista-democratico-gano-la-alcaldia-de-nueva-york-que-significa-eso/

[20] https://g1.globo.com/mundo/noticia/2025/11/29/trump-diz-para-companhias-aereas-considerarem-espaco-aereo-da-venezuela-fechado.ghtml

[21] https://g1.globo.com/mundo/noticia/2025/12/16/trump-anuncia-bloqueio-total-a-petroleiros-da-venezuela-e-diz-que-pais-esta-completamente-cercado.ghtml

[22] https://www.cbsnews.com/news/ice-detainee-data-fastest-growing-without-criminal-records-trump/

[23] Ídem nota 22.

[24] https://www.migrationpolicy.org/article/trump-immigrant-detention

[25] https://www.migrationpolicy.org/article/trump-2-immigration-first-100-days

[26] https://www.theguardian.com/commentisfree/2025/nov/29/chicago-ice-oppression-us-community-immigration-raid

[27] https://www.theguardian.com/us-news/2025/aug/03/los-angeles-ice-patrols-union-del-barrio-immigration

[28] https://www.aclu.org/news/immigrants-rights/how-expanded-287g-program-turns-local-police-into-deportation-agents

[29] Ídem nota 24.

[30] https://www.amnesty.org/en/latest/news/2025/12/estados-unidos-nuevas-investigaciones-revelan-violaciones-de-derechos-humanos-en-los-centros-de-detencion-de-alligator-alcatraz-y-krome-en-florida/

[31] Ídem nota 24.

[32] https://www.bbc.com/news/articles/clyn2p8x2eyo

[33] Ídem nota 32.

[34] https://www.cnbc.com/2025/02/03/trump-tariffs-mexico-canada-china-sheinbaum-responds.html

[35] https://www.aljazeera.com/news/2025/4/18/us-revokes-nearly-1500-student-visas-who-are-the-targets

[36] https://www.aljazeera.com/economy/2025/12/15/us-social-media-rules-for-tourists-could-have-chilling-effect-on-travel

[37] ENGELS, Friedrich. A Situação da Classe Trabalhadora na Inglaterra. São Paulo: edición de Boitempo, p. 131.

[38] https://marxists.architexturez.net/portugues/marx/1869/11/questao.htm

[39] LENIN, Vladimir. Imperialismo, Fase Superior do Capitalismo. Brasil, edición de Navegando, p. 241).

[40] https://www.pewresearch.org/short-reads/2025/08/21/key-findings-about-us-immigrants/#where-do-most-u-s-immigrants-live

[41] https://theintercept.com/2025/06/21/los-angeles-ice-raids-immigrants-organizing/

[42] Ídem nota 27.

[43] https://www.theguardian.com/us-news/2025/dec/02/los-angeles-carwash-raids-ice

[44] https://www.latimes.com/california/story/2025-11-09/little-village-chicago-ice-raids-activism

[45] https://peoplesdispatch.org/2025/06/11/movement-against-ice-raids-spreads-to-cities-across-the-us/

[46] https://www.theguardian.com/us-news/2025/dec/01/new-york-city-ice-raid

[47] https://time.com/7341833/no-sleep-for-ice-protests-hotels/

[48] https://www.npr.org/2025/06/14/nx-s1-5432708/no-kings-protests-military-parade

[49] https://www.pewresearch.org/race-and-ethnicity/fact-sheet/facts-about-the-us-black-population/

compartir artículo

Otros artículos

La vigencia de Nahuel Moreno

CORI-CI El 25 de enero, se cumplen 39 años del fallecimiento de Nahuel Moreno, dirigente trotskista argentino que durante varias