Su lucha por la unidad de la LIT-CI
A un año de su muerte
por Freitas, Ellen, Javier, Leo, Luciana, Ricardo
19 de Marzo de 2026
«Quien hace la opción de vida por una vida revolucionaria, hace también la opción de tener mucha paciencia con los debates internos, de entender que estos procesos son lentos, que va a haber errores de todos, y que por eso tenemos que garantizar la unidad de la organización en el marco de la fluides de los debates políticos»
Extracto de una intervención de Americo en el comité ejecutivo internacional de la LIT, octubre 2024.
El 19 de marzo de 2025, Américo Gomes sufrió un súbito ataque cardiaco en la terminal de buses de São Paulo, cuando viajaba hacia Campinas; fue trasladado al Hospital das Clínicas, donde falleció. Su trayectoria política abarcó décadas de militancia en el movimiento obrero, desde los metalúrgicos hasta el sector petrolero, la construcción del partido revolucionario en distintos estados de Brasil, la formación de cuadros y una actividad internacional que lo convirtió en referencia más allá de las fronteras de Brasil, particularmente en lugares como Venezuela, Argentina y Centroamérica.
Su lamentable muerte nos llegó en medio de la crisis más grave que atravesaba la Liga Internacional de los Trabajadores Cuarta Internacional (LIT-CI) desde su reconstrucción posterior a la explosión de los años 90. En mayo del 2024 escribió junto a otros camaradas el texto “A LIT novamente à beira da explosão, Em defesa da unidade da LIT”[1], el cual fue un intento riguroso de diagnosticar las causas de la crisis, señalar las responsabilidades de cada sector y proponer medidas concretas para evitar lo que finalmente ocurrió.
Al cumplirse un año de su muerte, los camaradas que escribimos este texto y hoy somos parte de la CORI-CI, queremos hacer público ese último combate político. No se trata de un homenaje sentimental, sino de un acto necesario: las ideas que Américo defendió en su última batalla política contienen tanto el diagnóstico para entender por qué la LIT se fragmentó y qué debemos hacer quienes continuamos la lucha por una Internacional revolucionaria.
Cabe aclarar todos lo que escribimos estas líneas estuvimos en el acto de homenaje a Americo organizado por la LIT y el PSTU, incluso tres de nosotros hablamos en ese acto, y no hicimos públicos estos hechos porque primero estábamos bajo la disciplina del régimen de la LIT, y hubiera sido muy equivocado hacer publica nuestra crisis interna. En segundo lugar, nos parecía equivocado convertir los últimos cinco años de la militancia de Americo en parte de la disputa fraccional que se venía dando.
Por último, reconocemos que tanto Americo como otros camaradas que conformamos la CORI-CI somos corresponsables de los problemas de régimen que se fueron acumulando y llevaron a la explosión de la LIT. Americo siempre se ubicó en los debates desde esa comprensión.
I. Lo que Américo advirtió en mayo del 2024
En mayo del 2024, Américo en medio de la conferencia nacional del PSTU, presentó un diagnóstico que los hechos posteriores confirmaron punto por punto. Sostenía que la LIT enfrentaba “un peligro real de ruptura y hasta de una ‘explosión’, es decir, de desagregación política, pérdida de cuadros y fragmentación de la corriente”, y que esa situación no era producto de un único factor, sino de una disputa de dirección entre dos bloques que venían actuando de forma fraccional.
Quince meses después, en septiembre de 2025, la mayoría expulsó a delegados democráticamente electos en el XVI Congreso Mundial, consumando la ruptura que Américo había anticipado. La LIT se fragmentó en al menos tres sectores: la mayoría que retuvo la estructura; los cuadros expulsados, agrupados en la FDR; y quienes, integrados en la Tendencia Obrera por la Unidad Principista de la Internacional (TOUPI), luchamos hasta el final por evitar la escisión y, al no lograrlo, una mayoría de la TOUPI decidimos construir la CORI-CI.
Américo fue uno de los dirigentes que impulsaron esa posición. Había definido que, si la mayoría imponía expulsiones burocráticas, el régimen de la LIT daría un salto de calidad hacia su burocratización y por lo tanto, la única opción coherente era salir de la LIT para construir una nueva organización internacional. Esto fue planteado por él en una reunión con los militantes que firmamos este texto. Su muerte se produjo seis meses antes de que la ruptura se materializara. Sin embargo, sus documentos e intervenciones contienen, con una claridad notable, tanto el análisis de las causas de la crisis como los fundamentos de lo que después se convirtió en nuestro camino político.
II. La crítica a la mayoría: burocratismo como respuesta a la crisis
Américo no dejaba lugar a ambigüedades en su valoración de la mayoría de la dirección. Afirmaba que “la mayor responsabilidad recae sobre la mayoría de la dirección, porque es la que conduce al conjunto de la Internacional”, y que esa mayoría “no ha respondido políticamente a los cuestionamientos, sino de forma burocrática, agravando el clima interno y empujando el conflicto hacia un choque cada vez más peligroso”. Para Américo, el problema no radicaba en la existencia de diferencias —que consideraba legítimas y discutibles—, sino en que la dirección había elegido responder con métodos administrativos en lugar de abrir una discusión política seria.
Su denuncia era concreta. Sostenía que “el SI y la mayoría del CEI han actuado con métodos bonapartistas, limitando la circulación de documentos, restringiendo la expresión de desacuerdos y tratando debates normales como si fueran maniobras sospechosas de fracción”. En la misma línea, señalaba que la mayoría había impuesto sanciones, exclusiones y censura de posiciones minoritarias, y que en vez de clarificar el debate “había metido todo ‘en el mismo saco’, presentando las críticas como una campaña de calumnias y bloqueando así una discusión seria de las diferencias existentes”. El resultado, según su análisis, era una dirección que se comportaba “como dirección de su propia fracción y no del conjunto”, y que respondía a las críticas “con desproporción, intimidación y caricaturización de las posiciones minoritarias”.
Los hechos posteriores a su muerte ratificaron ese diagnóstico. En octubre de 2024, la mayoría retiró del consejo editorial de la revista Marxismo Vivo a todos los integrantes que sostenían posiciones minoritarias. Cuando tres secciones nacionales pidieron la convocatoria de un Congreso Extraordinario, el CEI se negó a hacerlo, incumpliendo sus propios estatutos. Y en el XVI Congreso Mundial de septiembre de 2025, la mayoría expulsó a delegados electos de una fracción minoritaria que había cumplido con todas las reglas estatutarias para constituirse, cerrando así el ciclo que Américo había descrito como el peor desenlace posible.
III. La crítica a la minoría: amalgamas, etiquetas y métodos destructivos
Américo no era, sin embargo, un crítico de un solo lado. Su documento dedicaba un análisis igualmente severo al método de la tendencia opositora encabezada por Martín Hernández, que más tarde se constituiría como FDR. Le reprochaba el recurso sistemático a “exageraciones polémicas, etiquetas terminadas de antemano y caricaturas de las posiciones contrarias para descalificar a sus adversarios”, y agregaba un señalamiento que iba más allá de la coyuntura: ese método “no es exclusivo de Martín, sino una práctica arraigada desde hace décadas en distintos sectores de la dirección de la LIT, y ni Martin ni la mayoría han roto realmente con esa tradición”.
Un punto particularmente importante de su análisis era el rechazo a la caracterización de la mayoría como “estalinista”. A juicio de Américo, esa comparación histórica “no ayuda a aclarar las diferencias, sino que reemplaza el debate político por rótulos que tensionan todavía más la disciplina interna y empujan subjetivamente hacia la ruptura, cuando todavía no se ha demostrado la existencia de proyectos políticos completamente incompatibles”. Lo que Américo estaba planteando era que el uso de ese rótulo implicaba declarar al adversario como irrecuperable y, por consiguiente, cerrar la puerta a cualquier solución que no fuera la escisión, antes de haber agotado el debate político que permitía verificar si efectivamente existían diferencias irreconciliables.
Además, Américo criticaba que los cuestionamientos de Martín “mezclaran problemas políticos, metodológicos y morales” sin separarlos, y que la crisis se hubiera instalado “con métodos destructivos, antes incluso de que existieran diferencias programáticas irreconciliables claramente definidas”. Esta observación es decisiva, porque significa que, en su análisis, la lucha fraccional no fue consecuencia de diferencias de fondo, sino que las precedió: los dos sectores empezaron a pelear como fracciones antes de haber clarificado qué los separaba políticamente, y esa inversión del orden —pelear primero, discutir después— fue lo que transformó una disputa tratable en una crisis de ruptura.
IV. Las raíces profundas: la crisis de los años 90 como problema no resuelto
Uno de los aportes más sustanciales del documento de Américo fue vincular la crisis que estalló en el 2020 con problemas de fondo acumulados desde la reconstrucción de la LIT tras la fragmentación de los años 90. Reconocía que el núcleo histórico de dirección “tuvo el mérito de reconstruir la Internacional”, pero sostenía que ese mismo núcleo “hoy aparece dividido, y que sin un balance explícito de ese proceso no será posible reconstruir la confianza de la militancia”. Es decir, los errores políticos y metodológicos no resueltos desde aquella reconstrucción estaban en la base de la crisis presente, y mientras no se hiciera un balance abierto de esa experiencia, la organización seguiría repitiendo patrones de fragmentación.
Este punto conecta directamente con uno de los ejes que la CORI-CI asumimos como propios en nuestro manifiesto constitutivo, donde declaramos que queremos “entender el estallido de la corriente en los 90, del que aún no hay un entendimiento global y al que en ciertos aspectos parece estar ligada la crisis actual”. No se trata de una coincidencia: la posición de la CORI-CI sobre esta cuestión es heredera directa del planteo de Américo. Fue él quien insistió, cuando todavía era posible intentarlo desde adentro de la LIT, en que la Internacional necesitaba hacer un balance honesto de su propia historia reciente para comprender por qué estaba repitiendo los mismos mecanismos que ya la habían llevado a la desagregación una vez.
V. La unidad principista como posición política
Lo más característico de la batalla que dio Américo era su negativa a alinearse con ninguno de los dos bloques en disputa. No estaba con la mayoría ni con la FDR; estaba contra el fraccionalismo como método y a favor de la unidad como política consciente y deliberada. Llamaba “a los cuadros de la Internacional a defender la unidad de la organización contra el fraccionalismo” y planteaba que “la única forma de evitar una ruptura es que la dirección explique abiertamente las causas subjetivas y objetivas de la crisis, así como los desacuerdos políticos, teóricos, metodológicos y morales que se fueron acumulando en los últimos años”.
Esa posición no era centrismo. Américo era explícito en que la mayor responsabilidad correspondía a la mayoría, precisamente porque era quien dirigía. Pero se negaba a transformar esa crítica en una política de ruptura, porque entendía que la crisis no había demostrado todavía la existencia de “proyectos políticos completamente incompatibles”. Lo que había, según su valoración, era un problema de régimen interno que se había envenenado hasta el punto de parecer una diferencia programática, pero que aún podía ser procesado si ambas partes aceptaban discutir con honestidad y frenar la escalada.
Para eso en su carta a la militancia en el 2024 proponía medidas concretas: crear una comisión imparcial para investigar denuncias, detener las acusaciones políticas de ambas partes, frenar las sanciones de carácter fraccional, suspender la última sanción impuesta a Martin —que consideraba un error grave, por haber castigado dos veces la misma declaración—, discutir el papel de los ex miembros del TIBA( luego FDR) y establecer un mecanismo específico para tratar los problemas de régimen. Ninguna de esas propuestas fue adoptada. La dirección mayoritaria las ignoró. La FDR no las asumió como bandera. La crisis continuó su curso hacia la fragmentación.
VI. Un dirigente cuya trayectoria sostenía lo que argumentaba
Américo no era solamente un polemista interno ni un teórico del régimen organizativo. Era un cuadro forjado en la lucha de clases, cuya trayectoria daba sustento material a cada uno de sus argumentos. Comenzó su militancia en la resistencia contra la dictadura brasileña. Actuó entre los metalúrgicos de São Paulo durante el período de ascenso del movimiento obrero. Fue perseguido, despedido de distintas fábricas, vigilado por los aparatos represivos, pero nunca abandonó la militancia. Participó activamente en la huelga petrolera de 1995 y contribuyó a construir estructuras partidarias, núcleos sindicales y referencias militantes en distintos estados de Brasil.
Esa inserción real en el movimiento obrero le daba una autoridad que no provenía de la mera elaboración teórica. Cuando defendía la centralidad del proletariado como sujeto de transformación social, lo hacía desde décadas de práctica concreta en sectores estratégicos. Cuando denunciaba el burocratismo de la dirección, lo hacía con la convicción de que una organización revolucionaria no puede pretender dirigir a la clase trabajadora si reproduce en su interior los métodos de las burocracias que dice combatir. Cuando rechazaba las amalgamas y las etiquetas, lo hacía porque entendía que la tradición bolchevique exige debatir con claridad y no sustituir los argumentos políticos por descalificaciones.
Los homenajes que se le rindieron tras su muerte coincidieron en destacar su coherencia entre pensamiento y acción, su rechazo a la hipocresía y al oportunismo, y su capacidad para formar nuevas generaciones de militantes. Esa dimensión moral no era un rasgo personal separado de su política: era parte constitutiva de su concepción de la militancia revolucionaria. Y es precisamente eso lo que la CORI-CI reivindica hoy como principio fundacional: “la defensa incondicional de una moral revolucionaria que rechace el método de ‘vale todo’ en las relaciones entre organizaciones revolucionarias y en sus debates internos”.
VII. Lo que ocurrió después: la confirmación de sus advertencias
Américo murió un 19 de marzo del 2025. La ruptura se consumó en septiembre de 2025. Entre esas dos fechas, los hechos confirmaron cada una de sus advertencias sin excepción. La mayoría endureció sus métodos burocráticos. La FDR radicalizó los suyos. Ninguna de las medidas que Américo propuso fue implementada. La TOUPI —el agrupamiento al que Américo contribuyó a dar forma política— fue el único sector que luchó coherentemente por evitar las expulsiones en el XVI Congreso Mundial, pero fuimos derrotados en ese objetivo.
Cuando las expulsiones se concretaron, la mayoría de la militancia de la TOUPI tomamos la decisión que Américo había anticipado en sus discusiones internas: abandonar la LIT, porque una organización que expulsa a una minoría política debidamente constituida pasa a tener un régimen centralista burocrático incompatible con la tradición bolchevique. Nació así la CORI-CI, con presencia en Argentina, Bélgica, Brasil, Chile, Costa Rica, El Salvador, Francia y Honduras.
La CORI-CI no se constituyó como aliada de los expulsados ni como continuación de la FDR. Mantenemos nuestra independencia política respecto de ambos sectores rupturistas y caracterizamos lo ocurrido como el desenlace de una “guerra fratricida” en la que “dos sectores regresivos fueron victoriosos en su política de dividir” a la Internacional. Esa fue, con precisión, la posición de Américo: responsabilidades de ambos lados, con la mayor carga sobre quien dirigía, pero sin absolver a la minoría de sus métodos destructivos.
VIII. La continuidad de esta batalla
Américo dejó escrito que “sin una política consciente de unidad, la LIT puede encaminarse a una nueva desagregación histórica”. Eso fue exactamente lo que ocurrió. No hubo política consciente de unidad. La desagregación se consumó. Y quienes hoy formamos la CORI-CI asumimos la responsabilidad de que esa derrota no sea el final de una tradición política, sino el punto de partida de una nueva construcción que no repita los errores que la llevaron a la ruptura.
Hacer público hoy el último combate político de Américo es, antes que nada, un acto de honestidad. Su última batalla demuestra que la ruptura de la LIT no era un desenlace inevitable: hubo voces que advirtieron a tiempo, que propusieron salidas concretas y que pelearon por la unidad con métodos principistas. Fueron desoídas por los dos bandos de una guerra fratricida que ninguno de los dos supo o quiso detener.
Su ejemplo de vida, su inserción obrera, su actividad internacionalista, su firmeza ideológica, su fuerza moral, representa el tipo de militancia que necesitamos reconstruir. Y su última batalla constituye la brújula política que nos orienta: contra el burocratismo de las direcciones que se cierran sobre sí mismas, contra las amalgamas y las etiquetas que sustituyen el debate por la descalificación, a favor de un régimen centralista democrático que funcione como cuestión de principios, a favor de la construcción en la clase obrera como eje estratégico permanente, y a favor de una moral militante que no admita separación entre lo que se dice y lo que se hace.
Américo no pudo dar esta batalla hasta el final. Nosotros la continuamos.
[1] Este es el texto de donde sacaremos las citas a lo largo de este artículo.

