¿Qué balance sacar de los tres días de huelga en Bélgica?

Declaración del Grupo Europeo CORI-CI, 8 de diciembre de 2025

El gobierno anunció su acuerdo presupuestario la mañana del primero de los tres días de huelgas y acciones sindicales, acompañado de una declaración despectiva del Primer Ministro: «Nadie habló de ello»(1). Ah, pero claro que los representantes de la burguesía sí estaban pensando en estas huelgas. Esto no es más que otra muestra de la arrogancia de este gobierno, que cree claramente que las huelgas no lograrán detener la ofensiva masiva contra nuestras condiciones laborales. Y, de hecho, podemos estar de acuerdo con ellos, porque al frente de nuestras organizaciones tenemos representantes sindicales que juegan al diálogo social, es decir, a la colaboración de clases.

Estas medidas son una profundización de la política de austeridad aplicada durante décadas por las diversas burguesías europeas con su brazo armado: la Unión Europea. El objetivo de la patronal europea es bajar los costos laborales en toda Europa reduciendo drásticamente las condiciones laborales, el gasto público y nuestros sistemas de seguridad social.

Pero la respuesta se organiza. En Francia, tras las jornadas de setiembre, el 2 de diciembre se realizó un día de huelga contra el presupuesto de austeridad. En Portugal, el 11 de diciembre se realizará una huelga general contra los ataques al derecho de huelga. En Bélgica, crece un movimiento de protesta contra la profundización de los ataques al seguro de desempleo y la limitación de las prestaciones a dos años, la mayor flexibilidad horaria, la extensión de la carrera laboral requerida para obtener una pensión completa a los 67 años y la penalización por jubilación anticipada. También se están produciendo recortes presupuestarios en los servicios públicos. Además, este gobierno está endureciendo las condiciones de acceso para los refugiados e intensificando la represión contra los inmigrantes indocumentados. A esto se suma el aumento de los presupuestos militares y la represión de las manifestaciones con una violencia cada vez mayor.

Ante la indignación provocada por estas medidas y las diversas luchas locales, nuestros representantes sindicales decidieron convocar una jornada de movilización para el 14 de octubre. Desbordados por la participación en la manifestación(2) y la presión interna en las estructuras sindicales, elaboraron un plan de acción: una huelga del transporte público el 24 de noviembre, una huelga del sector público el 25 y una huelga general el 26. Así, durante los tres días de huelga, los combativos piquetes y los numerosos cierres de industrias demostraron este espíritu de lucha en muchos sectores, especialmente entre estudiantes, trabajadores del sector social y de la salud, docentes y trabajadores del transporte público. Sin embargo, esta presencia combativa, y en ocasiones autoorganizada y espontánea, no fue masiva. Muchos comercios abrieron el día de la huelga general, el servicio mínimo de la SCNB (Ferrocarriles Nacionales Belgas) funcionó bien; en resumen, el país no se paralizó, sino que funcionó a un ritmo “más lento”.

El historial de las direcciones sindicales

Desde la perspectiva de las direcciones sindicales, ellos están «plenamente satisfechos con la movilización«. Celebran estos tres días de acción «ejemplares», que culminan un año de acciones sociales. El comunicado de prensa del frente conjunto, titulado «Los sindicatos muestran una determinación inquebrantable», concluye con estas palabras: «Los sindicatos, por su parte, escuchan el mensaje que les dirige hoy el mundo del trabajo. Es evidente que el éxito de la huelga de tres días los obliga a reflexionar, en los próximos días, sobre los pasos a dar en el movimiento social»(3).

Compartimos la opinión de que la movilización, incluso parcial, es un paso positivo. Esto es lo que podemos ver en todo el mundo: contra los ataques de la burguesía y de sus gobiernos, nuestra clase está retomando la lucha. El problema no radica en nuestra combatividad, sino en la dirección que se está tomando.

Consideremos las reivindicaciones de un folleto del frente conjunto sobre las pensiones. Nuestras organizaciones no exigen el regreso a la edad de jubilación de 65 o 62 años, sino únicamente la eliminación de la penalización de pensiones. Porque, al igual que la reforma de las pensiones, muchas medidas de austeridad propuestas por las patronales están siendo, o serán, negociadas por nuestros dirigentes sindicales en los diversos órganos de concertación social para mantener la “paz social”.

Retomemos un argumento del comunicado de prensa de los sindicatos, que afirma: «Las persistentes protestas de los últimos meses ya han dado sus frutos: los sindicatos han logrado preservar los empleos de fin de carrera, garantizar que el desempleo temporal se cuente para el cálculo de las pensiones, al igual que los 104 días del primer año de carrera, y que los períodos de enfermedad o la baja por tratamiento médico se consideren equivalentes a las pensiones…». Su objetivo, por lo tanto, no es bloquear las medidas, sino reducir ligeramente las ambiciones de las patronales. Y esto, según nuestros dirigentes sindicales, sería una «victoria». En concreto, es más bien un hueso a roer para hacernos creer que nos van a tocar migajas cuando, en realidad, nos vamos a tener que comer todo el sándwich de mierda… sólo que, esta vez, no le añaden clavos. Así, nuestras burocracias no solo tienen una mala estrategia, ¡tienen malos objetivos!

La burguesía imperialista belga mantiene así el control sobre los trabajadores y las trabajadoras mediante el mecanismo de la concertación social, y sabe perfectamente que tendrá que tolerar las acciones sindicales para diluir la ira de nuestra clase.

Además, Bart De Wever es muy consciente de ello al impulsar su programa, pues sabe que el modelo de concertación social le permite desmantelar aún más nuestras condiciones laborales. Y, lamentablemente, los sindicatos se limitan a decirnos: «Esperen nuestras instrucciones, nos vemos en enero». Y, probablemente, los diversos sectores, divididos, organizarán pequeñas movilizaciones dispersas. Esto agotará un poderoso movimiento de protesta contra este gobierno. Muchos dirigentes sindicales de alto rango reiteran que, ante las medidas del gobierno, habrá una «maratón» de acciones sociales. Fue precisamente esta estrategia desmovilizadora la que permitió al gobierno de Michel implementar sus medidas en 2014. En Francia, también fue esta estrategia, con una huelga al mes, la que diluyó el masivo movimiento contra la reforma de las pensiones.

Tenemos evaluaciones diferente

Creemos que la victoria o la derrota de una movilización o de una huelga depende del análisis de un criterio fundamental: ¿ha conducido a una mejor organización independiente de nuestra clase? El criterio de retiro o retractación de medidas es importante, pero secundario. Dado que los gobiernos capitalistas nos atacarán constantemente para aumentar sus ganancias, el criterio fundamental es si, tras esta lucha, somos más fuertes contra nuestros enemigos.

Así, para los sectores que se movilizaron y organizaron para esta huelga fortaleciendo su unidad y tomando iniciativas, esto ya es una pequeña victoria.

Este es el caso de ciertos sectores como la educación, la sanidad y los servicios sociales, donde existe una dinámica de base y combativa. Estas iniciativas, aún locales, deben multiplicarse e inspirar a otros sectores, convirtiéndose en un foro para debatir nuestras reivindicaciones y nuestros planes de acción locales y nacionales.

Unificar las luchas

Nuestra primera propuesta es abrir un debate sobre el resultado de estos tres días de huelga en todas las asambleas posibles: sindicatos, movimientos y colectivos. Debemos ser capaces de evaluar la estrategia actual del frente único sindical y cómo modificar esta dinámica, que nos llevará, como a menudo en el pasado, al agotamiento del movimiento. Debemos discutir las luchas ganadas o perdidas y extraer lecciones de ellas para organizarnos mejor la próxima vez.

Un punto importante, mencionado en el folleto del sector Psico-médico-social, es «unir las luchas partiendo de los problemas que compartimos con otros sectores». Porque el aislamiento de las luchas es el factor principal que explica la facilidad con la que la burguesía ha impuesto sus planes de austeridad de gobierno en gobierno durante décadas. Debemos estar unidos, no divididos entre sectores.

Sobre la cuestión de cómo impulsar una estrategia de clase, y por lo tanto una estrategia ofensiva, dentro de los sindicatos, debemos reabrir el debate sobre cómo forjar una oposición interna a los sindicatos a través de la lucha. Esta oposición nos permitiría cambiar el objetivo de los sindicatos, de la concertación a la confrontación. Para lograrlo, debemos inspirarnos en la experiencia de luchas pasadas para construir organizaciones de lucha y superar el modelo actual de concertación social.

Como mencionamos al principio de este artículo, los ataques son europeos e incluso mundiales, dado que el capitalismo es un sistema internacional. Una respuesta acorde con estos ataques sería una huelga general europea, forjada mediante la construcción de vínculos con los trabajadores y las trabajadoras de toda Europa. Pero para lograrlo, debemos construir nuestros propios comités y asambleas de base, lo que nos permitan impulsar acciones y huelgas contundentes que tengan consecuencias duraderas.

(1) La burocracia calculó esa mañana entre 70.000 y 100.000 manifestantes. ¡Éramos más de 140.000!

(2) Esa tarde, 24 de noviembre. https://www.lesoir.be/712784/article/2025-11-24/nen-meme-pas-parle-pour-de-wever-la-greve-na-pas-eu-dimpact-sur-le-budget

(3) Declaración del Frente Común, publicada por los tres sindicatos (FGTB, CSC y CGSLB): https://fgtb.be/presse/les-syndicats-affiche-une-determination-intacte

Traducción: Natalia Estrada.

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