Voz Obrera Socialista-Argentina
El 11 de febrero el Senado retomará la discusión del proyecto enviado por el gobierno. Milei desde que asumió quiere modificar la legislación laboral vigente, empeorando las ya de por si malas condiciones salariales y laborales de la clase obrera.
Un ataque largamente anunciado y varias veces intentado, en lo que es una de las obsesiones del gobierno libertario. Un plan para asaltar a la clase obrera, para perpetrar un robo en masa contra los/as laburantes y los/as jubilados/as, auspiciado por el FMI y Trump.
Con el texto finalmente presentado se terminan de diluir las mentiras que el gobierno propaló para defender esta reforma contra los trabajadores. En ninguno de sus artículos se proponen medidas para generar empleo. No podía ser de otra manera, ya que el empleo sólo se puede generar con un plan económico obrero y popular; y con la distribución del trabajo mediante la reducción de la jornada sin reducción salarial. Tampoco tiene artículos que promuevan el empleo registrado; que sólo se puede lograr con un control de la contabilidad de las empresas por parte de los trabajadores. Por el contrario: a lo largo de sus 182 artículos sólo habla de cómo perjudicar a los obreros para que los empresarios sean más ricos. Lejos de beneficiar a los sectores precarizados y en negro (como argumenta hipócritamente el gobierno), el abaratamiento de los despidos va a generar más desocupación y apunta a nivelar a toda la clase obrera con esas condiciones de precarización y salarios aún más miserables.
Por otro lado se crea un Fondo de Asistencia Laboral (FAL) para financiar las indemnizaciones por despido con un aporte patronal del 3% por cada trabajador. Pero le reducen a las patronales ese mismo porcentaje de aporte al sistema previsional, con lo cual se desfinancian las cajas jubilatorias. Esto va a ser un justificativo para continuar con el ajuste a las actuales jubilaciones y pone en riesgo a su vez las futuras. También lo van a usar como argumento para avanzar con la reforma previsional.
Obreros más baratos…
Ese esfuerzo por incrementar la parte de la ganancia que se embolsa la patronal, ha sido constante de cada gobierno y es la agenda permanente del FMI y el imperialismo. Y para conseguir eso, las medidas tomadas en las últimas décadas, desde el Estado se agrupan en dos tipos: las que lo impulsan a través de la combinación de devaluación e inflación con paritarias a la baja; y las que lo hacen mediante la aplicación de leyes de flexibilización laboral.
Estos tipos de medidas no son excluyentes entre sí: de hecho, el propio Milei ha impulsado una reforma flexibilizadora con la Ley Bases; y luego les impuso a los gremios (con la mansa aceptación de los dirigentes) un techo de aumentos menor a la inflación. Por otro lado, es desde hace mucho tiempo un objetivo, tanto de la patronal como del imperialismo, el ir eliminando las herramientas legales que impiden que la patronal se quede con una parte mayor de la riqueza que producen los obreros.
Limitación del monto de las indemnizaciones por despido y pago hasta en 12 cuotas, eliminación de multas, salarios “dinámicos” por rendimiento y ajustables a la baja, ajustar los convenios a las posibilidades de la empresa y zona “más desfavorecida”, imposición del banco de horas para eliminar las horas extras, vacaciones al antojo patronal; son los puntos cardinales de una reforma, inventada para que la patronal manotee todo lo que pueda.
…y más indefensos
Otra parte de la reforma laboral apunta a restringir legalmente la organización y la lucha obrera y a disciplinar.
Las asambleas sólo podrán ser convocadas por la conducción gremial, con aviso previo y autorización patronal, no pueden afectar la producción y además se descontarán del sueldo. El derecho a huelga pasa a ser casi una ficción para un gran sector de trabajadores porque una lista enorme de actividades pasan a ser consideradas esenciales o trascendentales y en estas tiene que garantizarse entre el 75% o el 50% del funcionamiento. También se prohíben expresamente las tomas de establecimientos, bloqueos y acciones que impidan la producción y se ponen multas millonarias a las organizaciones sindicales e incluso se habilitan acciones penales contra los participantes.
Por otro lado en las elecciones sindicales sólo tendrán fueros gremiales los titulares electos, no así los suplentes, candidatos no electos o que saquen menos del 5 %. Con esto apuntan a desalentar la participación gremial y en los hechos favorecen al aparato burocrático.
Como queda claro son todas medidas para dificultar la pelea de los/as trabajadores/as en contra de esa transferencia de ingresos hacia los capitalistas; inclinando la cancha en favor de la patronal.
No es que una ley pueda impedir que nos organicemos para pelear. Siempre se van a poder hacer asambleas afuera de la fábrica, tomar medidas clandestinas, y hacer lo que queramos si los trabajadores de un establecimiento estamos decididos a hacerlo. Nuestra fuerza no nace de tal o cual ley, sino del simple hecho de que la producción la hace la clase obrera, y la economía la mueven los/as trabajadores/as.
El problema es que años de democracia, y de control totalitario de los sindicatos por una camarilla de dirigentes adictos al Estado, han impuesto una cultura de respeto y esperanza casi supersticiosa en las leyes, los ministerios y los juzgados. Incluso miles de delegados de base honestos profesan esa creencia. El gobierno y los capitalistas lo saben y apuestan a que el primer impacto ante el cambio abrupto que promueve la reforma laboral posiblemente sea de parálisis y confusión, sin poder coordinar una resistencia efectiva. De todos modos, el fracaso del sindicalismo adicto al Estado puede también ayudar a que desde los lugares de trabajo surja un activismo que no respete los corralitos legales ni los chalecos de fuerza judiciales. Y eso, constituye un peligro mayor para las patronales.
Mucho en juego
Con semejante iniciativa, Milei logró encolumnar a toda la patronal detrás suyo; avanzando en lo que es su segundo objetivo: ganarle la pulseada al sector patronal que quiere una devaluación. Es que Milei apostó su supervivencia política a mantener el dólar estable y “barato”, que diluye la inflación (que sigue existiendo y carcomiendo las bases de su modelo); y sabe que la devaluación que estos sectores piden para “recuperar competitividad”, destruiría ese plan.
Todo lo cual, explica la obsesión libertaria con esta reforma: si logra hacerla pasar, no solo va a golpear brutalmente a la clase obrera; sino que además va a consolidar el apoyo a su política de mantener el dólar a precio fijo a cualquier costo, aislando a los partidarios de la devaluación. También apuesta a que con el nuevo marco legal de superexplotación los capitalistas tengan “seguridad jurídica” para hacer inversiones y reactivar la economía. Si fracasa, será un golpe durísimo para su modelo; no sólo ante ante la oposición patronal sino ante el pueblo trabajador.

