Por: equipo europeo del CORI-CI, 23 de marzo de 2026
El 24 de febrero de 2026 se cumplieron cuatro años desde que Putin invadió Ucrania. Cuatro años en los que ha llevado a cabo una guerra genocida para borrar al pueblo ucraniano del mapa y someter al país. Según su propaganda, se trata de una operación especial contra los «nazis» en Ucrania. Sin embargo, es precisamente el régimen de Putin el que es dictatorial, el que reprime toda oposición interna a la guerra, el que arrasa las ciudades ucranianas, el que detiene a la población civil, el que secuestra a los niños y el que institucionaliza la tortura en los territorios ocupados. Contra esta barbarie, el pueblo ucraniano resiste. Resiste para existir. Y es únicamente gracias al compromiso voluntario masivo de los trabajadores y trabajadoras ucranianos que Putin sufrió su primera derrota al día siguiente de la invasión. Es gracias a su heroísmo que la capital ucraniana no ha caído. Así, las tropas rusas fueron rechazadas hacia el este, donde llevan cuatro años librando una guerra de desgaste mientras bombardean a diario todo el territorio ucraniano. Una guerra que, no lo olvidemos, fue la prolongación de la anexión de Crimea en 2014.
Dado que este artículo se centra específicamente en la polémica con la izquierda sobre el apoyo al pueblo ucraniano, les invitamos a leer el artículo «Cuatro años después de la invasión rusa de Ucrania» (1) para obtener un análisis global de esta guerra.
La propaganda de Putin y del imperialismo europeo y estadounidense.
A juzgar por las informaciones de la prensa imperialista europea y norteamericana, si Ucrania aún no ha sido derrotada es gracias a sus generosos envíos de armamento y a las sanciones impuestas a Rusia. La narrativa aquí es que Putin quiere extender su influencia y que hay que defender la independencia de Ucrania. En realidad, el imperialismo europeo y estadounidense está dispuesto a sacrificar esa independencia, ya que su interés es ganar el máximo de dinero posible aprovechándose de la guerra. De hecho, han reactivado la carrera armamentística vendiendo sus viejas reservas de armas a los ucranianos. Lo vemos en las «negociaciones de paz» de Trump: Estados Unidos no ve ningún problema en ceder parte del territorio ucraniano a Putin y quiere, al igual que Europa, un acceso privilegiado a las tierras agrícolas y al subsuelo ucraniano. En cuanto a la defensa de la soberanía ucraniana, ya veremos…
En la lucha por los mercados, estos capitalistas tienen cada uno sus propios intereses, pero se ponen de acuerdo en una cosa: no dejar que Ucrania gane la guerra expulsando a las tropas rusas fuera de sus fronteras. Por eso el imperialismo nunca ha suministrado armamento ofensivo pesado ni ha realizado entregas de armas en los momentos decisivos de esta guerra. Así, mientras mantienen sus industrias armamentísticas a pleno rendimiento y preparan la reconstrucción de Ucrania, que generará beneficios gigantescos, los «aliados» de Ucrania trabajan activamente para impedir su victoria, organizando una salida honorable para Putin.
La izquierda no está a la altura
En noviembre de 2025, Galina Rymb, activista feminista, anarquista y poeta residente en Ucrania, denunció la lectura «campista» de la izquierda occidental sobre la guerra. Según esta interpretación, la realidad no es producto de la lucha entre clases sociales, sino de la lucha entre bloques de países más o menos progresistas.
«Habéis escrito ensayos sobre los crímenes de Estados Unidos e Israel (y tenéis razón), pero en cuanto caen misiles sobre Járkov o Kiev, os ponéis a repetir sin cesar lo de la «provocación de la OTAN» y las «guerras por poder». Solo perciben los matices cuando el imperio se envuelve en símbolos y estética soviéticos o cuando se trata de una entidad que consideran adversaria de la hegemonía estadounidense. Es simplista e infantil [campista, diríamos en Europa, N. del T.]. Yo diría que hay que hablar de su silencio, pero en realidad hay que hablar de su ruido.»(2)
Esta lectura, a veces incluso a pesar de la intención de aquellos quienes adhieren, sigue los pasos de la propaganda de Putin, que justificaba la invasión de Ucrania por su lucha contra la OTAN. Sin adoptar las conclusiones «campistas», de los partidos estalinistas que atribuyen al régimen de Putin un carácter progresista, numerosos partidos de la izquierda radical razonan en términos de bandos políticos, y no en términos de lucha de clases.
En Francia, el NPA revolucionario (NPA-r) escribe que se trata de «una guerra emprendida por los objetivos imperialistas del autócrata ruso, a los que los rivales occidentales, bajo la batuta de Estados Unidos y al amparo de la OTAN, han respondido proporcionando a Ucrania una ayuda militar y financiera altamente interesada. »(3) Para Revolución Permanente, la guerra es también una cuestión de rivalidad inter imperialista: «En cuanto al carácter de la guerra en sí, no ha cambiado: sigue siendo una guerra reaccionaria que enfrenta a dos bandos que defienden los intereses de las clases explotadoras. »(4) En Bélgica, esta posición la defiende, en particular, el colectivo Rouge, para quien «En Ucrania, tras la invasión de Putin, una guerra reaccionaria enfrenta al régimen de Zelensky, apoyado por la OTAN, con Rusia, en detrimento de los trabajadores y las clases populares de ambos países. » (5)
Queremos debatir con estos compañeros sobre su caracterización de la situación en Ucrania, que desde nuestro punto de vista es errónea, esto, mientras que en nuestra opinión, se posicionan correctamente en defensa del derecho a la autodeterminación del pueblo palestino. De hecho, nos parece contradictorio, por un lado, apoyar la lucha armada de un pueblo oprimido en Palestina (6) y, por otro, negar ese mismo derecho al pueblo ucraniano.
El análisis en términos de lucha de clases… caso por caso.
Hay una profunda verdad en la carta ya citada de Galina Rymb, cuando dice lo siguiente sobre la izquierda occidental: «Ridiculizáis nuestras revoluciones (1968, 1989, Maidan) calificándolas de «revoluciones de colores», de complots de la CIA o de espectáculos occidentales. Os negáis a creer que gente como nosotros pueda levantarse por su propia cuenta».
Y es lógico, pues, si se analizan los acontecimientos con gafas de bandos, se encuentra la prueba de la conspiración occidental cuando se ve una bandera europea en la plaza de Maidan, o cuando se envían armas estadounidenses a Ucrania. Somos incapaces de comprender que esta guerra es, ante todo, fruto de los intereses de las diferentes clases sociales, antes que una lucha geopolítica. Así, en los análisis campistas no se encuentra por ninguna parte un análisis de la lucha de nuestra clase en Ucrania, salvo para ser relegada al papel de marioneta del imperialismo europeo o estadounidense. Sin embargo, un poderoso proceso revolucionario surgido de diez años de esperanzas traicionadas, tras la recuperación del levantamiento contra el fraude electoral (la «revolución naranja»), culminó en la movilización insurreccional de la plaza Maidan. Este proceso revolucionario cumplió la tarea democrática de derrocar al gobierno a sueldo de Moscú. Ante este acontecimiento histórico, Révolution Permanente nos ofrece, una vez más, un buen ejemplo de la postura de la izquierda campista frente a este movimiento revolucionario: es este «movimiento reaccionario de la plaza Maidan el que ha llevado a la fragmentación de Ucrania» (7).
Por nuestra parte, no compartimos esta capitulación ante la propaganda pro imperialista que pretende apropiarse de esta poderosa revolución democrática que derrocó un régimen dictatorial.
Creemos que si Putin invadió Ucrania fue precisamente porque no podía tolerar que el pueblo ucraniano, que mantenía vínculos constantes con el pueblo ruso, demostrara que la movilización da sus frutos, que las dictaduras no son invencibles. No podía tolerar ese viento de libertad en sus fronteras. Y es precisamente para dar una lección a las aspiraciones democráticas de los pueblos kazajo y bielorruso en 2021 y 2022 por lo que Putin intervino política y militarmente, para aplastar cualquier revuelta. Creía que podía llevar a cabo un cambio de poder fácil en Ucrania, en pocos días. Se equivocó de lleno y subestimó el vigor de nuestra clase en Ucrania, que se estaba movilizando y armando.
¿Cómo analizar una guerra?
Todos los artículos de la izquierda citan religiosamente a Carl Von Clausewitz: «La guerra es la continuación de la política por otros medios». Y estamos de acuerdo. Ahora hay que ser coherentes en el análisis. Así, para saber cuál era la naturaleza de la guerra, hay que analizar la naturaleza de la política de Rusia. ¿Estaba en conflicto abierto con la OTAN y con Occidente en general, o era la de una potencia regional que sometía a los pueblos de su esfera de influencia para saquear mejor las riquezas de esos países? ¿Estamos ante una guerra inter imperialista o ante una guerra de liberación nacional del pueblo ucraniano?
Para nosotros, más allá de los discursos y los artículos de la prensa imperialista, la política de Rusia y la OTAN ha sido la colaboración y no el enfrentamiento. Además de las evidentes relaciones de complicidad entre Putin y Trump, tomemos un ejemplo más factual. Durante la guerra civil en Siria, Rusia y la OTAN se repartieron el espacio aéreo, lo que permitió a la aviación rusa aplastar la resistencia siria y mantener a Assad en el poder. Una labor contrarrevolucionaria del Kremlin, llevada a cabo en coordinación con los ejércitos occidentales.
A diferencia de los camaradas del NPA-r, no creemos que Putin haya «lanzado un desafío al orden imperialista occidental» (8) al invadir Ucrania, sino más bien que, con la pasividad cómplice de la OTAN y de Occidente, ha llevado a cabo su labor contrarrevolucionaria de someter al pueblo ucraniano.
Y los intentos de Trump de negociar una salida para Putin reflejan el interés del «Occidente» en mantenerlo en el poder, ya que es impensable que caiga el régimen de Putin, que esclaviza a su pueblo y a los de la región. De hecho, a pesar de las diferencias y la competencia entre capitalistas, el imperialismo europeo y estadounidense necesitan que Rusia les proporcione las riquezas de la región. Evidentemente, al precio más bajo posible y quedándose con su parte del botín en Ucrania. (9)
Las consecuencias del análisis «campista»
El principal problema de estos análisis es que conducen a una política criminal: la de desarmar a nuestra clase. Con el pretexto de una tercera vía independiente (lo cual es correcto), llaman a deponer las armas o, peor aún, a volverlas contra la burguesía del país oprimido en plena ofensiva militar de la nación colonizadora.
Esta posición se justifica, en el caso de Revolución Permanente, con citas de Lenin que advierte contra la trampa del nacionalismo. Lo que dice Lenin sobre la lucha por la independencia de la nación oprimida, sobre su defensa incondicional —a pesar de sus direcciones— y sobre una alianza militar con ella, no se aplicaría aquí, pues: «si existe una resistencia justa contra la invasión rusa y por la autodeterminación del pueblo ucraniano, esta se encuentra actualmente “capturada” por el imperialismo occidental (…)» (10).
Sus conclusiones son un «ni-ni», es decir, ni Zelenski ni Putin, y a favor de una tercera vía, la que sería independiente. Según el NPA-r «La única salida de la guerra favorable a las clases populares y a los derechos de los diferentes pueblos presentes en suelo ucraniano a disponer de sí mismos sería la revuelta general contra la guerra y la fraternización de los soldados y los habitantes». (11)
Por supuesto, no confiamos ni un segundo en el régimen pro imperialista de Zelenski y mantenemos nuestra independencia política de clase, pues estamos a favor del establecimiento de un gobierno de los trabajadores y trabajadoras, y de una Ucrania verdaderamente independiente. Pero nuestro deber como revolucionarios es estar a favor de la victoria de la nación oprimida y, concretamente, en su bando militar. Es, por otra parte, esta victoria la que ayudará al pueblo ruso a derrocar el régimen de Putin.
Es esta misma política la que aplicamos en todos los conflictos en los que un pueblo oprimido es agredido, ya sea en Palestina, en Irán o en Venezuela. Actuamos con un criterio de clase y no con un análisis geopolítico o periodístico.
Preguntamos a los camaradas de Revolución Permanente, que sin embargo se sitúan correctamente «del lado de la nación oprimida» (12) en el caso de Irán, a pesar de su régimen dictatorial, ¿por qué no hacen lo mismo en Ucrania? ¿Cuál es la diferencia? ¿Acaso el pueblo ucraniano no es un pueblo oprimido?
La lucha de clases en Ucrania
Nuestra clase en Ucrania ha elegido su bando, no el de la OTAN, ni el de su gobierno corrupto y pro imperialista, sino el de la resistencia armada contra el ocupante. Y como recuerda un artículo de la Red Europea de Solidaridad con Ucrania, el pacifismo es minoritario en la izquierda. Los compañeros tienen incluso una expresión desde 2022: «el pacifismo es un privilegio» (13). Al día siguiente de la invasión, el debate ni siquiera se planteaba. Se plantea aquí, en Occidente. «Mientras tanto, militantes de izquierda, anarquistas, feministas y sindicalistas ucranianos mueren en primera línea. No luchan por la OTAN, sino por el derecho a la existencia y por la idea fundamental de que la clase obrera merece vivir libre del yugo del imperialismo ruso.» (14)
Pero imaginemos por un momento que el pueblo ucraniano aplicara ahora esta «tercera vía» independiente. ¿Qué pasaría entonces si los soldados ucranianos depusieran las armas? ¿Supondría eso una situación más favorable para nuestra clase en la lucha por la revolución socialista? Por suerte, nuestra clase ha optado instintivamente por proteger sus tierras, sus barrios y sus ciudades de la invasión rusa y está mostrando el camino revolucionario a seguir.
Y, afortunadamente, la mayoría de los revolucionarios en Ucrania no siguen los consejos y análisis de los partidarios de los bandos, pues, de lo contrario, nadie dentro de nuestra clase estaría en el poderoso movimiento popular de independencia nacional para defender una perspectiva revolucionaria, independiente de Zelensky y del imperialismo.
Porque el problema de la burguesía ucraniana y del imperialismo es que la población ucraniana está ahora armada. El impulso democrático de la revolución de Maidan se traduce en reflejos muy concretos en las primeras movilizaciones en los Comités de Defensa Territorial. Evidentemente, se ha abierto la lucha para disciplinar al proletariado ucraniano con un estado mayor asesorado por la OTAN. Pero la realidad está ahí, y es inédita para cualquier ejército burgués en tiempos de guerra (15): se desobedecen las órdenes, existen grupos feministas y LGBT, hay movilizaciones victoriosas contra la corrupción, y todo esto, insistimos, ¡se desarrolla en plena guerra! Y no porque la burguesía ucraniana lo tolere, sino porque no tiene otra opción.
Y es en esta realidad contradictoria donde los revolucionarios deben actuar juntos, con el proletariado ucraniano, por una independencia real de Ucrania, para expulsar a las tropas rusas de todo el territorio, ¡primer paso en la construcción de una Ucrania socialista!
Notas:
(1) https://coriqi.com/quatre-ans-apres-linvasion-russe-de-lukraine/
(2) Ucrania / una carta a la izquierda occidental, desde Europa Central y Oriental. https://www.pressegauche.org/Ukraine-une-lettre-a-la-gauche-occidentale-depuis-l-Europe-centrale-et
(3) https://npa-revolutionnaires.org/quatre-ans-de-guerre-en-ukraine-deux-millions-de-morts-et-blesses-sur-les-fronts-pour-des-marchandages-sur-le-dos-des-peuples/
(4) https://www.revolutionpermanente.fr/Ukraine-A-un-an-du-debut-d-une-guerre-reactionnaire
(5) https://rouge-rood.be/declaration-8/
(6) https://rouge-rood.be/les-etats-unis-font-desarmer-le-hezbollah/
(7) https://www.revolutionpermanente.fr/A-bas-l-escalade-militaire-de-l-OTAN-en-Europe-de-l-Est-Ni-intervention-imperialiste-ni-ingerence
(8) https://npa-revolutionnaires.org/a-qui-aura-profite-la-guerre-en-ukraine/
(9) Sobre este tema, le remitimos a la entrevista a un militante revolucionario que ha vivido durante mucho tiempo en Rusia y Ucrania. https://www.youtube.com/watch?v=uqsPRTDAPSU
(10) https://www.revolutionpermanente.fr/Ukraine-l-enjeu-d-une-politique-anti-imperialiste-independante-27618
(11) https://npa-revolutionnaires.org/les-internationalistes-face-a-la-guerre-dukraine/
(12) Contra la guerra imperialista, construir un movimiento internacional por la derrota de Estados Unidos e Israel, declaración firmada por la Corriente Revolucionaria Permanente y otras organizaciones, entre ellas Rouge en Bélgica. https://www.revolutionpermanente.fr/Pour-un-grand-mouvement-international-contre-la-guerre-imperialiste-en-Iran-Pour-la-defaite-des
(13) Anna Zyablikova, una carabinera y médica anarcofeminista de Járkov, lo expresó con contundencia: «Puedes ser una persona muy buena y seguir todas las reglas, pero un misil ruso te alcanzará de todos modos. Rechazan el sentimiento de impotencia ante la agresión militar y se esconden tras el pacifismo: “la guerra es mala”. ¡A nosotros en Ucrania tampoco nos gusta la guerra! No me gusta haber tenido que abandonar mis sueños profesionales. Pero no puedo renunciar a ellos. No puedo permitirme esconderme tras el pacifismo». Fuente: https://solidarity-ukraine-belgium.com/post/nous-combattons-nous-avons-des-droits-comment-la-democratie-des-soldats-alimente-la-resistance-ukrainienne
(14) Ucrania / una carta a la izquierda occidental…
(15) https://solidarity-ukraine-belgium.com/post/nous-combattons-nous-avons-des-droits-comment-la-democratie-des-soldats-alimente-la-resistance-ukrainienne

