¿Cuál es la situación de Israel después de la guerra contra Irán?       

Alejandro Iturbe

La guerra de la alianza EE.UU.-Israel contra Irán es hoy uno de los grandes ejes de la situación mundial. En este artículo, intentaré abordar varias cuestiones referidas a Israel: a) Por qué el Estado sionista inició esta guerra; b) en qué condiciones llegó a ella; y c) qué está pasando en el país por el curso de la guerra.

Para considerar el primer punto, voy a hacer un breve resumen de la historia del Estado sionista. Israel fue “creado” en 1948 como un enclave militar del imperialismo, especialmente del estadounidense[1]. También contó con el respaldo de las potencias imperialistas europeas e incluso de la burocracia estalinista. Su creación significó no sólo una dura derrota para el pueblo palestino sino también para el conjunto de los pueblos árabes y musulmanes, El “cerco defensivo»

La creación de este enclave tenía dos objetivos combinados para el imperialismo. El primero era tener un “portaviones armado” en el corazón de una región que tiene casi 50% de las reservas petroleras del mundo. El segundo era más preventivo, ante la caracterización de que habría un ascenso de masas en los países árabes que podía derivar en el surgimiento de fuertes movimientos nacionalistas burgueses. Algo que ocurrió con la fundación de los partidos Baath en Siria e Irak (1947) y, especialmente el nasserismo que tomó el poder en Egipto (1952). Luego de derrotar una alianza anglo-francesa por el control del canal de Suez (1956), Nasser se transformó en el líder del panarabismo que llegó a adoptar un cierto discurso socialista.

Incluso en ese marco, los países árabes perdieron todas sus guerras contra Israel entre 1948 y 1973. Esta fue la base de la percepción de que era imposible derrotarlo militarmente. Sin embargo, en la guerra de 1973 Israel “se llevó un susto grande”.

El “cerco defensivo”

Luego de la derrota en la Guerra de Vietnam (1975), el imperialismo yanqui cambia de política hacia Egipto y el régimen nasserista: comienza a impulsar los acuerdos de Camp David (1979) por los que Egipto reconocía al Estado de Israel y firmaba una “paz definitiva” con él. No sólo dejaba de ser un enemigo sino que comenzaba a transformarse en un aliado-cómplice del imperialismo y el sionismo contra el pueblo palestino[2]. Jordania firmó un acuerdo similar en 1994. En Siria, otro país fronterizo con Israel, el régimen de al-Assad nunca firmó la “paz” pero estableció de hecho un pacto de no agresión, a pesar de haber perdido una parte de su territorio (las Colinas del Golán).

El único flanco débil de este “cerco preventivo” de las fronteras del Estado sionista era el Líbano, que también había perdido una pequeña franja al sur de su territorio (las granjas de Shebaa). Este país vivió una durísima guerra civil entre sus diferentes componentes religioso-sociales y sus expresiones político-militares (1975 y 1990). El país salió muy debilitado, pero la fuerza político-militar dominante pasó a ser Hezbollah, de base chiita e ideología fundamentalista islámica (40% de la población).

Desde ese momento, Hezbollah pasó a ser un enemigo a destruir para el sionismo. Lo intentó con la invasión al Líbano, en 2006. Ese año, el Estado sionista sufrió la primera derrota militar de su historia a manos de Hezbollah. Este hecho, por un lado, quebró el mito de la invencibilidad militar israelí y, por el otro, hizo que destruir esta organización fuese una “cuenta pendiente” para el sionismo.

Más recientemente, los hutíes yemenitas se agregaron como otra falla del “cerco defensivo israelí”. Este pueblo de origen chiita (en gran medida con armas provistas por Irán) logró el control del sur de la península Arábiga, sus costas (el golfo de Adem) y el estrecho de Bab el-Mandeb, puerta de acceso sur al mar Rojo, por donde circulan los barcos de la más importante “ruta del petróleo”. Por eso, aunque Yemen no es fronterizo con Israel, los hutíes tiene la capacidad de atacar los buques petroleros que pasan por esa ruta, incluidos los que abastecen a Israel. En este caso, la tarea de derrotar a los hutíes le correspondió al ejército saudí que, hasta ahora, ha sufrido varias derrotas en sus intentos.          

Volviendo atrás en el tiempo, en 1979, una gran revolución obrera y popular derribó el régimen monárquico del Sha, títere de EE.UU. Como resultado de esa revolución, se instaló el régimen de los ayatolás que, por su génesis, mantiene una gran autonomía del imperialismo estadounidense. Desde entonces, este imperialismo tiene “cuentas pendientes” con ese régimen y lo considera un “enemigo estratégico” a derribar. De modo creciente, Israel se ha ido sumando a este objetivo. Como un elemento complementario pero importante, existe una alianza firme entre el régimen iraní y Hezbollah, ambos de base fundamentalista chiita.       

Los territorios palestinos

Después de su “creación” y de la expansión de los meses posteriores, Israel se quedó con 78% del territorio histórico palestino. El 22% restante quedó dividido en dos partes aisladas entre sí (en teoría, la base de un futuro Estado palestino). La Franja de Gaza, al occidente, quedó bajo administración egipcia; Cisjordania, al oriente, quedó bajo administración jordana.

Después de la Guerra de los Seis Días (1967), Israel se apropió de estos territorios. Si bien no los anexó formalmente, los ocupó militarmente, sometiendo a durísimas condiciones a la población palestina. En esta situación, a finales de 1987, estalló la Primera Intifada: la heroica rebelión de los jóvenes y niños palestinos que, con piedras y palos, enfrentaban los tanques y las modernas armas de los soldados israelíes.

Incluso con esta correlación de fuerzas tan desfavorable, y a pesar de la terrible represión israelí (hubo cerca de mil muertos palestinos), la Intifada se mantenía. Esto comenzó a generar una profunda crisis en la moral de los jóvenes soldados israelíes que, en defensa de Israel, manifestaban estar dispuestos a matar soldados enemigos y “terroristas”, pero ya no soportaban más matar a niños y adolescentes desarmados.  

El imperialismo yanqui y los dirigentes sionistas comprendieron rápidamente que esta situación abría la posibilidad de una derrota político-militar de Israel. Ante ese peligro, comenzaron a impulsar el “camino de negociación” que llevaría a los Acuerdos de Oslo, firmados en 1993-1994 entre Yasser Arafat, presidente de la OLP (Organización para la Liberación de Palestina) y el gobierno israelí, con la intervención de Bill Clinton, entonces presidente de EE.UU.[3] Por esos acuerdos, la OLP reconoció la legitimidad de la existencia del Estado sionista y firmó “la paz” con él. Fue una verdadera traición a la lucha del pueblo palestino.

El ejército israelí supuestamente se retiraría de los territorios ocupados y los entregaría a un “gobierno palestino”: la Autoridad Nacional Palestina (ANP), que los administraría. Más allá de los argumentos que la dirección palestina usó para justificar esta traición, la ANP se transformó en una administración colonial al servició del dominio israelí en Gaza y Cisjordania[4]. En ese marco, en 2000 estalló la Segunda Intifada en Jerusalén Este y Cisjordania. Si bien iba dirigida contra los soldados y ocupantes israelíes, también enfrentaba políticamente a la ANP.

Hamas y la Franja de Gaza

En este contexto, en 2006, Hamas (una organización político-militar fundamentalista islámica sunita que mantenía en su programa la propuesta de destruir el Estado de Israel) gana, por amplia mayoría, las elecciones para el Parlamento de la ANP, con sede en Ramalah (Cisjordania). Con este triunfo, gana también el derecho a formar el gobierno de ambos territorios y asumir la representación política de los palestinos.

Ante esa situación, Mahmoud Abbas, miembro de al-Fatah y presidente de la ANP, desconoce el resultado de las elecciones y el triunfo de Hamas, se autoproclama la única autoridad palestina y mantiene el control de las instituciones centrales de la ANP en Cisjordania (lo que es apoyado por Israel y por las potencias imperialistas).

Al intentar tomar el control de Gaza, se producen enfrentamientos entre las fuerzas de Hamas y las de Mahmoud Abbas: terminan con la victoria de Hamas, que se instala como gobierno legítimo de ese territorio. En ese momento, aún éramos parte de la LIT-CI y caracterizamos que la Franja de Gaza se había convertido en el único territorio palestino independiente de Israel. El gobierno de Hamas era la expresión política y militar de ello[5].

Esta independencia era inaceptable para el Estado sionista: necesitaba acabar con ella y, en ese proceso, destruir a Hamas. Para que su población se rindiera, aisló el territorio, bloqueó su economía y, de modo permanente, realizó bombardeos que destruyeron su infraestructura sanitaria y los suministros básicos de agua y electricidad.

Esta política da un salto a partir de la incursión de Hamas en territorio israelí, el 7 de octubre de 2023[6]. El ejército israelí invadió y ocupó Gaza y comenzó a realizar una limpieza étnica con métodos genocidas, destinada a expulsar un millón de palestinos, tomar el control definitivo del territorio e incorporarlo a Israel. Incluso algunos intelectuales israelíes compararon estas acciones con las de los nazis contra el levantamiento del gueto judío de Varsovia (1943)[7].

Sin embargo, ni siquiera la aplicación de esos métodos genocidas le garantizaron al Estado sionista la rendición de Hamas ni un control estable de la Franja de Gaza. Al mismo tiempo, por diversos factores, la continuidad de esta situación en Gaza desnudó y potencio varias crisis al interior de Israel[8]. Estas crisis debilitan el Estado sionista y, especialmente, el gobierno de Netanyahu y el sector que mantiene el proyecto del Gran Israel[9]. Incluso hubo grandes movilizaciones en las que varios sectores (aunque por razones diferentes) confluyeron en exigirle a Netanyahu que pusiese fin a la invasión a Gaza.

La guerra de los Doce Días

Cada vez que enfrenta situaciones de este tipo, el gobierno de Netanyahu intenta “salir para adelante disparando tiros”. Es decir, a través de mayores ofensivas contra Gaza/Hamas y también con ataques al Líbano, para que la sociedad israelí cierre filas detrás de su gobierno (la “unidad nacional contra el enemigo común”).

En junio de 2025, Netanyahu decidió “subir la apuesta” y atacar a Irán, con la convicción de que Israel tenía la superioridad militar-tecnológica para destruir rápidamente el poder militar iraní. Anteriormente, ya le había pedido “permiso” a Trump para hacerlo y este se lo había negado. En esta ocasión le dio el “visto bueno” y aportó apoyo tecnológico para la “cúpula de hierro” (el escudo antimisiles que protege el territorio israelí).

A pesar de este apoyo, la respuesta militar iraní mostró ser muy efectiva: quebró parcialmente la cúpula de hierro y uno de cada tres misiles iraníes impactaron en territorio israelí destruyendo edificios y ocasionando numerosas víctimas. Se terminaba así la nueva versión del mito de “Israel es invencible militarmente”, es decir, “los misiles enemigos nunca podrán llegar a territorio israelí”. Quedó demostrado que, incluso en este tipo de guerras, basadas en el empleo de alta tecnología militar, Israel también era vulnerable, y su población sufriría un alto costo.

Este es un punto central que tuvo un fuerte impacto en la moral de la sociedad israelí y en su actitud hacia la guerra. Esta sociedad está acostumbrada a ser impune cuando su país agrede a otros pueblos y fue educada en esa convicción. Al demostrarse equivocada, comienza a crecer rápidamente el miedo y la desmoralización. El apoyo inicial a la guerra fue muy alto (82%), pero luego fue derrumbándose, incluso en barrios que son bastiones de la coalición gubernamental de Netanyahu.

Por un lado, Netanyahu comprobaba que no podía conseguir una rápida victoria militar sobre Irán. Por el otro, se evidenciaba que no era capaz de proteger a la población israelí que, por ello, estaba dejando de apoyar esta guerra y a su gobierno. La combinación de ambos factores lo llevó entonces a firmar rápidamente un alto el fuego que ponía fin a la guerra con Irán.

En el campo estrictamente militar, la llamada “Guerra de los Doce Días” terminó en un “empate”. Sin embargo, al mismo tiempo, este resultado significó una clara derrota política para Israel y para el gobierno de Netanyahu que había pronosticado una victoria fácil sobre Irán. No pudo lograrlo ni estaba en condiciones de derrotarlo en una guerra de largo plazo. Para el Estado sionista se instaló, así, lo que podemos llamar el “síndrome de Irán”, que lo debilita en su rol de gendarme regional. El gobierno de Netanyahu quedó muy debilitado, al borde de la caída.

Una nueva guerra contra Irán

Llegamos así al momento en que el gobierno de Netanyahu decide atacar nuevamente a Irán. La razón más profunda de este ataque es intentar cerrar el “síndrome de Irán” y, más coyunturalmente, salvar el gobierno de Netanyahu a través del mecanismo político que ya hemos analizado. Esta vez el gobierno de Trump no solo “le dio permiso” sino que conformó una coalición militar para atacar e intentar derrotar a Irán.

Sin embargo, Netanyahu y Trump cometieron dos graves errores de caracterización. El primero: considerar que, en el marco de las grandes movilizaciones obreras y populares recientes contra el régimen de los ayatolás, el ataque militar sería apoyado en las calles por la población porque los “liberaría” de ese régimen[10]. Como mínimo, que un sector del régimen rompería y se mostraría dispuesta a sacarse de encima el ala más dura y negociar con EE.UU. (como lo hizo el chavismo en Venezuela). Nada de eso ocurrió.

El segundo error fue la evaluación equivocada que hicieron de la correlación militar de fuerzas. Incluso que el ataque unitario de dos de las principales potencias militares del mundo lograría una victoria rápida. Como contrapartida, la respuesta militar iraní fue dura y contundente y provocó importantes daños militares y políticos a sus enemigos.

La crisis del frente interno israelí

En Israel se repite lo ocurrido en la “Guerra de los Doce Días”, ahora en un nivel mayor: el impacto, tanto en la moral como en la actitud hacia la guerra de la sociedad israelí, que tuvo la comprobación de que pueden ser derrotados. Inicialmente, el ataque también tuvo un alto apoyo (82%). Pero ese apoyo a Netanyahu disminuye cada día, como analiza con preocupación el diario Haaretz.

Nuevamente, cobra gran importancia la percepción de que “no hay impunidad” sino un alto costo a pagar en destrucción de viviendas y vidas. Ese debate ha llegado a la propia Knesset (parlamento israelí) con el tratamiento de la cuestión de la indefensión de un sector importante de la sociedad porque no tiene refugios antiaéreos para protegerse de los ataques de misiles y drones iraníes[11].

En ese debate, varios diputados y representantes de comisiones estatales afirmaron que 32% de la población israelí está en esta situación, lo que representa un aumento de 5,6% desde 2018. La situación más grave se presenta en los pueblos y ciudades del norte del país. El alcalde de Haifa, el principal puerto marítimo de Israel, afirmó: «en una ciudad donde el tiempo de alerta es de apenas un minuto, 40% de los habitantes no tiene ningún lugar al que huir». En el mismo debate, hubo denuncias de que el gobierno de Netanyahu ha gastado gran parte del presupuesto militar del país en la fabricación de costosos misiles interceptores y en la tecnología de la “cúpula de hierro” pero casi nada en la construcción de nuevos refugios antiaéreos.

Es decir, cada vez más, la sociedad israelí percibe que Netanyahu se mete en guerras que no puede ganar y, al mismo tiempo, que no le importa el precio de vidas israelíes que esas guerras implican. Esa es la base de la creciente caída del apoyo a su gobierno y a la guerra actual. Por otro lado, algunos hechos pueden estar indicando un proceso incipiente contra Netanyahu.

A finales de marzo, en Tel Aviv hubo una manifestación de unas 200 personas con la consigna “No a la guerra”. Aunque fue pacífica, la policía detuvo a un manifestante[12].  En el aeropuerto Ben Gurion de esa ciudad (que no está operando por la guerra), un grupos de israelíes quisieron comprar pasajes de avión para la Argentina, país en el que el gobierno de Milei firmó en 2024 un acuerdo con Israel facilitando la radicación automática de ciudadanos israelíes. Cuando los empleados les informaron que no podían vendérselos, este grupo reaccionó con violencia gritando: “¡Queremos salir de Israel! No nos quedaremos hasta que los misiles iraníes nos aplasten”[13].

Las movilizaciones contra Netanyahu están creciendo, a pesar de la aceptación de hecho del alto el fuego con Irán. En torno a 5.000 personas se manifestaron en Tel Aviv y otros cientos en el resto de Israel contra la continuación de la guerra regional, mientras el país continúa bombardeando el Líbano”. Uno de los oradores expresó: “Nuestra protesta es contra un gobierno de muerte, que está incendiando toda la región”. Luego de referirse a los sufrimientos que pasaron los israelíes por los ataques iraníes, agregó: “¿Para qué? Desde el principio era posible llegar a un acuerdo”. Hubo represión policial y varios manifestantes detenidos[14].

La guerra con Hezbollah

Ante la clara evidencia de que había perdido la guerra contra Irán, Netanyahu intentó disimular la derrota. Por eso, se vio obligado a decir que “El futuro del régimen de los ayatolás está en manos del pueblo iraní”[15].

En el marco de esta derrota y fiel a su estilo político, Netanyahu intenta conseguir una victoria en un frente secundario de esta guerra: destruir a Hezbollah y apropiarse de una franja en el sur del territorio libanés.

Desde su derrota en 2006, Israel quiere cerrar el “síndrome del Líbano”. Si bien en los últimos años le ha asestado algunos golpes duros, Hezbollah no se ha rendido, continúa resistiendo y combatiendo eficazmente contra Israel[16]. Incluso algunos analistas consideran que se ha fortalecido políticamente al tomar nuevamente la tarea de resistencia nacional contra Israel[17]. Más aún, el periódico Maariv publicó que su corresponsal de guerra ha informado que las unidades militares israelíes han comenzado a retirarse del Líbano con un ánimo de “fracaso y mucha amargura”[18]. Este cuadro indicaría una nueva derrota militar del Estado sionista.

En este marco, el gobierno de Netanyahu ha intensificado los ataques contra el pueblo palestino: por un lado, mantiene la ocupación con métodos genocidas en la Franja de Gaza; por el otro, la Knesset aprobó, el 30 de marzo pasado, una ley “para aplicar la pena de muerte a los palestinos condenados por actos de ‘terrorismo’”[19]. En el mismo sentido van los ataques a la nueva Flotilla Global Sumud, en aguas internacionales, para evitar que llegue a las costas de Gaza para entregar alimentos y suministros médicos[20].

En este sentido, la manifestación a la que ya nos hemos referido incorporó como reclamos el fin de los ataques al Líbano y el cese de la ocupación en Gaza. Se trató de una acción contra el gobierno de Netanyahu, de la que participó una vanguardia todavía pequeña. Sin embargo, la experiencia de los últimos años ha mostrado que el tamaño de estas movilizaciones puede crecer muy rápidamente y jaquear al gobierno de Netanyahu.

Consciente del peligro de que Netanyahu caiga por la acción de los israelíes en las calles, y para evitarlo, un amplio espectro de organizaciones políticas burguesas ha formado una coalición electoral para que la salida de Netanyahu se produzca a través de las elecciones generales de octubre próximo[21].

Queremos terminar este artículo, reiterando que la causa fundamental de las guerras y conflictos en la región de Medio Oriente es la existencia del Estado de Israel como enclave militar y gendarme del imperialismo. También es la causa de los padecimientos que sufre el pueblo palestino desde 1948.  Por ello, la gran tarea planteada para los pueblos árabes y musulmanes es la destrucción definitiva del Estado de Israel. Las condiciones para lograrla son hoy mejores que nunca.


[1] https://litci.org/es/palestina-israel-son-posibles-dos-estados/?utm_source=copylink&utm_medium=browser

[2] https://litci.org/es/egipto-el-impacto-de-la-situacion-en-gaza/?utm_source=copylink&utm_medium=browser

[3] Oslo, la paz de los cementerios para la continua Nakba – Liga Internacional de los Trabajadores (litci.org)

[4] https://litci.org/es/cisjordania-el-otro-frente-del-ataque-israeli-a-los-palestinos/?utm_source=copy Olink&utm_medium=browser

[5] https://litci.org/es/nuestros-acuerdos-y-diferencias-con-hamas/?utm_source=copylink&utm_medium=browser

[6] https://litci.org/es/palestina-el-ataque-del-7-de-octubre-y-su-lugar-en-la-historia/?utm_source=copylink&utm_medium=browser

[7] https://litci.org/es/hoy-el-gueto-de-varsovia-es-gaza/?utm_source=copylink&utm_medium=browser

[8] https://litci.org/es/las-crisis-del-estado-de-israel/?utm_source=copylink&utm_medium=browser

[9] Es decir, la apropiación de todo el territorio histórico de Palestina y también del sur del Líbano y de una parte del territorio sirio,  

[10] https://corici.org/apoyemos-la-lucha-de-las-masas-iranies-contra-la-dictadura-de-los-ayatolas/

[11] https://www.facebook.com/share/p/1JnuKncLTa/

[12] https://www.instagram.com/reels/DV4jcc8DsgW/

[13] https://www.facebook.com/reel/1457557066002578

[14] https://www.swissinfo.ch/spa/m%C3%A1s-de-5.000-asistentes-en-israel-a-las-primera-protestas-contra-la-guerra-de-la-tregua/91242384

[15] https://www.democrata.es/internacional/netanyahu-insiste-en-que-el-futuro-del-regimen-irani-esta-en-manos-del-pueblo-de-iran/

[16] https://www.youtube.com/watch?v=NerGSbHMAjQ

[17] https://www.colglob.com/article/hezbola-se-fortalece-tras-un-mes-de-conflicto-con-israel-mientras-libano-sufre-1775258532268

[18] https://www.instagram.com/p/DXrhR9xCBBQ/?igsh=eWl3ZzA5NWpjaHd2

[19] https://www.bbc.com/mundo/articles/c895g22n1qvo

[20] https://www.dw.com/es/flotilla-rumbo-a-gaza-denuncia-que-fue-interceptada-por-israel/a-76988533

[21] https://www.dw.com/es/la-oposici%C3%B3n-en-israel-une-fuerzas-para-desbancar-a-netanyahu/a-76984925

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