Partido de la Clase Trabajadora El Salvador-CORI CI
La reciente campaña impulsada por organizaciones sindicales y populares para denunciar ante la Organización Internacional del Trabajo (OIT) las graves violaciones a la libertad sindical y los derechos laborales en El Salvador deja importantes lecciones para la clase trabajadora. Lecciones que van más allá de si el país fue o no incluido en la Lista Corta de la Comisión de Aplicación de Normas de la Conferencia Internacional del Trabajo. Lecciones que nos obligan a reflexionar no solamente sobre la situación actual del movimiento sindical, sino también sobre el papel de las instituciones internacionales, los límites de la lucha reivindicativa y la necesidad de una perspectiva revolucionaria para la transformación de la sociedad.
Campaña El Salvador en la Lista Corta
Durante semanas, sindicatos independientes, organizaciones sociales y activistas desarrollaron una intensa campaña nacional e internacional para denunciar las muertes de sindicalistas en las cárceles, capturas de sindicalistas, despidos antisindicales, persecución de dirigentes, obstáculos a la libertad de organización y el deterioro general de los derechos laborales. La campaña permitió visibilizar una realidad que el gobierno intenta ocultar tras discursos de modernización y desarrollo.
Permitió construir vínculos con organizaciones sindicales de otros países, llevar la voz de las y los trabajadores salvadoreños a escenarios internacionales y demostrar que la situación laboral del país continúa siendo motivo de preocupación para amplios sectores del movimiento obrero mundial.
Nada de esto debe ser minimizado. La denuncia internacional es una herramienta legítima y necesaria para quienes enfrentan condiciones de desigualdad extrema frente al Estado y los empresarios. La solidaridad internacional de la clase trabajadora sigue siendo un principio fundamental del movimiento obrero.
Sin embargo, sería un error extraer de esta experiencia conclusiones equivocadas.
Los problemas de la clase trabajadora no los resolverá la OIT
Sería un error pensar que la solución a los problemas de la clase trabajadora salvadoreña depende de las resoluciones de la OIT, de las recomendaciones de organismos internacionales o de la voluntad de gobiernos burgueses extranjeros. Sería un error convertir la denuncia internacional en una estrategia política.
La OIT no es una organización obrera revolucionaria. No fue creada para acabar con la explotación capitalista. Su origen histórico está ligado a los intentos de las clases dominantes por estabilizar el sistema capitalista después de las grandes convulsiones sociales del siglo XX. Su función consiste en mediar los conflictos entre capital y trabajo, promover determinadas normas laborales y contribuir a la gobernabilidad del sistema, no a su transformación.
Esto no significa que los trabajadores deban ignorar o abandonar estos espacios; significa que deben comprender claramente sus límites y únicamente confiar en sus propias fuerzas.
Ninguna tribuna es rechazada tácticamente, pero sin depositar nuestras esperanzas estratégicas
Los revolucionarios participamos en todas las tribunas donde la clase trabajadora pueda hacer escuchar su voz. Participamos en los sindicatos, en las organizaciones sociales, en las luchas democráticas y también en escenarios internacionales como la OIT. Pero participamos sin alimentar ilusiones. Utilizamos estos espacios para denunciar, organizar y elevar la conciencia de clase, no para depositar en ellos nuestras esperanzas estratégicas.
La experiencia salvadoreña demuestra precisamente esta contradicción. Aun cuando existan informes, recomendaciones y observaciones internacionales, los gobiernos continúan violando derechos laborales cuando consideran que hacerlo favorece sus intereses políticos y económicos. La historia reciente está llena de ejemplos: numerosos países han sido cuestionados durante años por organismos internacionales sin que ello haya significado cambios estructurales para la clase trabajadora.
La razón es sencilla: la explotación laboral no es un problema jurídico, es un problema de poder.
Los despidos antisindicales, la persecución de dirigentes, la precarización laboral y las restricciones a las libertades democráticas no son accidentes ni errores administrativos. Son expresiones concretas de una sociedad organizada para garantizar las ganancias de una minoría —la burguesía— y la subordinación de la mayoría trabajadora —el proletariado—.
La lucha sindical es importante, pero también tiene sus límites
Por ello, la lucha sindical, siendo importante, tiene límites objetivos. Los sindicatos son herramientas valiosas de defensa. Permiten resistir abusos patronales, conquistar mejoras salariales, proteger condiciones de trabajo y desarrollar experiencias de organización colectiva. Son escuelas de solidaridad y de lucha. Sin sindicatos fuertes, la clase trabajadora queda completamente indefensa frente al capital y el Estado capitalista; pero los sindicatos, por sí mismos, no pueden abolir la explotación.
La lucha sindical se desarrolla principalmente en el terreno económico. Busca mejorar las condiciones bajo las cuales se vende la fuerza de trabajo. Negocia salarios, prestaciones y derechos. Sin embargo, no cuestiona necesariamente quién posee los medios de producción, quién controla el Estado ni quién ejerce el poder político.
Por esta razón, incluso los mayores triunfos sindicales pueden ser revertidos cuando cambian las condiciones económicas o cuando las clases dominantes deciden pasar a la ofensiva.
La historia del movimiento obrero internacional demuestra que ninguna conquista es permanente mientras el poder económico y político continúe en manos de la burguesía. De ahí surge la necesidad de una lucha política revolucionaria.
Nuestra tarea estratégica es transformar radicalmente la sociedad
La tarea estratégica de la clase trabajadora no consiste únicamente en defender derechos dentro del sistema existente. Consiste en construir la fuerza necesaria para transformar radicalmente ese sistema. Consiste en luchar por una sociedad donde la riqueza producida colectivamente sea controlada colectivamente; una sociedad donde la economía esté organizada para satisfacer necesidades humanas y no para generar ganancias privadas; una sociedad donde los trabajadores y las comunidades organizadas ejerzan directamente el poder político.
Construyamos el sujeto político de la clase trabajadora
Esto exige algo más que sindicatos. Exige organización política independiente de la clase trabajadora. Exige programas de transformación social. Exige la construcción de una alternativa revolucionaria capaz de disputar el poder a las clases dominantes.
La campaña sobre la Lista Corta deja precisamente esta enseñanza. Fue correcto denunciar. Fue correcto buscar solidaridad internacional. Fue correcto utilizar la tribuna de la OIT para desenmascarar la realidad salvadoreña. Pero el resultado más importante de la campaña no debe medirse por las decisiones de una comisión internacional; debe medirse por el grado de organización, conciencia, articulación y acumulación política que haya contribuido a desarrollar entre las y los trabajadores.
Las instituciones burguesas pueden servir como espacios de denuncia. No pueden convertirse en sustitutos de la organización independiente de la clase trabajadora.
La historia demuestra que ninguna institución construida para administrar el capitalismo acabará con el capitalismo. Ninguna institución diseñada para conciliar los intereses de explotadores y explotados resolverá definitivamente las contradicciones entre ambas clases.
La emancipación de la clase trabajadora será obra de la propia clase trabajadora.
Esa sigue siendo la lección más profunda que debemos extraer de la experiencia reciente. Y esa debe ser también la brújula que oriente nuestras luchas futuras; ese es el horizonte del Partido de la Clase Trabajadora.

