PST-Perú[1]
En medio de una profunda crisis del régimen político, que no cierra desde 2017, y que tiene cada vez más síntomas de una descomposición avanzada, el próximo 7 de junio volveremos a las urnas. Y esta vez solo habrá dos candidaturas: la de Keiko Fujimori y la de Roberto Sánchez.
La elección es, de por sí, un elemento más de esa crisis que no cierra. Las dos candidaturas ya mencionadas, pasan a la segunda vuelta con el 10,5% y el 7,3% de los votos emitidos respectivamente. Lo que pone de manifiesto un hecho rotundo: tras las elecciones, la crisis continuar y se profundizará, por lo que tendrá que definirse en el terreno de la lucha directa entre las clases, y no en el de las urnas. Esa es la conclusión fundamental a la que debemos llegar desde la clase trabajadora y el pueblo pobre.
Así como hoy en Bolivia, el pueblo trabajador ha salido a enfrentar combativamente al gobierno conservador y reaccionario de Paz Pereira, paralizando el país, movilizándose hacia La Paz, y ejerciendo su derecho a la autodefensa contra la feroz represión desatada por el gobierno boliviano, será en las calles que tendremos que defender y conquistar también, gane quien gane esta segunda vuelta, nuestro derecho a una vida mejor.
Esto no quiere decir que Sánchez y Fujimori sean “lo mismo”.
Las clases adineradas, e incluso un sector de la clase media, que ya en la segunda vuelta anterior se pasó al lado del fujimorismo, son conscientes de que Keiko Fujimori es su candidata. Por eso tienen definido su voto, y harán campaña por ella desde sus medios de comunicación y por medio de las redes sociales, movilizando millones en recursos para este propósito.
No cabe duda, Keiko es su candidata pues es heredera directa del dictador Fujimori, que de la mano de Vladimiro Montesinos y la represión ejercida por las fuerzas armadas y policiales, impuso un retroceso colosal a los derechos laborales y sociales conquistados, abriendo la puerta de cientos de miles de despidos y cierres de fábricas en todo el país, e implantando finalmente el modelo económico neoliberal que nos somete completamente al imperialismo, y del cual solo se benefician las grandes empresas.
También existen sectores pobres que se inclinan por la heredera del exdictador. Lo hacen con la esperanza de que, frente a la crisis generalizada, el caos y la criminalidad, ella imponga «orden». Y, ante el abandono estatal, al menos reparta dádivas.
Para esos sectores, los métodos represivos, el abuso de poder y las políticas que le llenan los bolsillos a los ricos que defiende Keiko Fujimori, no son más importantes. No ven el problema de clase: votan por su verdugo.
El problema es que del otro lado, del de la clase obrera, trabajadora, y del pueblo pobre, no existe una candidatura alternativa, propia, que exprese genuinamente sus intereses y luchas.
Roberto Sánchez, no es ese candidato. No concita el entusiasmo mayoritario de la clase obrera, pues no ha sido dirigente de ninguna lucha. Tampoco levanta la necesidad de aplicar un plan radical de transformaciones económicas, políticas y sociales. Por el contrario, día a día intenta mostrarse más “decente” para ganarse la confianza de los patrones. Y mucho menos, es portavoz de las luchas que actualmente se están librando desde las organizaciones de los trabajadores y el pueblo.
Quiénes nos llaman a votar por él, son sectores de «izquierda» y cúpulas sindicales como la CGTP que, soñando algunos con un cargo público, nos aseguran que defenderá los derechos laborales, etc. Pero eso es mentira. No resolverán nada, como no lo hizo Pedro Castillo, que asumió el poder en mejores condiciones. Lo mismo sucedió con Ollanta Humala y tantos otros que llegaron a Palacio cargados de promesas.
No vivimos épocas de bonanza, sino de crisis. Una crisis mundial a la que el Imperio responde con más ataques a los pueblos (Venezuela, Cuba), más ataques a los trabajadores (en los propios EE.UU.) y guerras que profundizan la crisis. Ante este escenario, cualquier gobernante elegido estará obligado a cumplir la agenda patronal de ajustes contra los trabajadores. Y es que ellos llegan al «gobierno», pero no tienen el poder real, que sigue en manos de los grandes grupos capitalistas.
Frente a esto, direcciones como la cúpula de la CGTP hacen exactamente lo contrario de lo que los trabajadores necesitan. No fortalecen las organizaciones, las debilitan; no unen las luchas, las dispersan. En lugar de desarrollar la conciencia de clase y la confianza en las fuerzas propias, depositan ilusiones en tal o cual candidato, practican la confianza en las instituciones burguesas, concilian con los empresarios y dejan pasar los ataques contra los trabajadores. En pocas palabras, confunden y desarman a la clase trabajadora frente a sus enemigos.
Ante esto tenemos la inmensa tarea de desarrollar nuestras organizaciones, movilización y lucha con una nueva dirección verdaderamente clasista y combativa. A nivel nacional, enfrentamos el desafío de preparar una salida ante la bancarrota a la que nos conduce la burguesía. Esto implica unir a oprimidos y explotados en torno a sus reivindicaciones, y pasa por la lucha por una Asamblea Constituyente Soberana y un gobierno de las organizaciones obreras y populares como única salida real.
Siendo esa la enorme tarea que la clase trabajadora tiene por delante, y a la cual nos entregamos por completo desde el Partido Socialista de los Trabajadores (PST).
Pero también somos conscientes que la vanguardia obrera siente necesario, y se ha propuesto, “cerrar el paso” a Keiko Fujimori, para lo cual tiene como única herramienta votar por Sánchez.
Repetiremos, porque hay que decir las cosas por su nombre. Nosotros no depositamos ninguna confianza ni levantamos expectativa alguna en Roberto Sánchez, un personaje ajeno a la clase obrera y a las organizaciones populares que hoy aspira a administrar esta democracia corrupta y mentirosa al servicio de los patrones.
Sin embargo, consideramos legítimo acompañar a la vanguardia obrera y popular en el voto por él —sin darle ningún apoyo— porque expresa su repudio a la dictadura, a su heredera y las penurias que vivimos día a día por el modelo económico neoliberal que impuso a sangre y fuego, y que la democracia corrupta no ha podido ni puede desmontar, porque sirve a los mismo patrones que se beneficiaron del gobierno de Fujimori. Y vamos a decir, al día siguiente de la elección, que tenemos que prepararnos para resistir y, apenas podamos, avanzar en nuestra lucha, que es lo único que realmente determinará nuestro futuro y puede cambiar nuestras vida, como nos muestra el hermano pueblo trabajador boliviano.
[1] El PST peruano actualmente no tiene afiliación internacional

