¿A quién debería pertenecer la inteligencia artificial?

Una respuesta a Bernie Sanders

Por Debbie Leite (VOS – Brasil)

En junio de 2026, Bernie Sanders (político estadounidense que ganó notoriedad internacional a partir de sus campañas presidenciales de 2016 y 2020, y actualmente senador independiente por el estado de Vermont) publicó un artículo de opinión en el New York Times, titulado “La IA (Inteligencia Artificial) es un recurso público. Deberías ser dueño de la mitad de ella” [1]. Su argumento es que, dado que la IA fue entrenada a partir del conocimiento colectivo producido por la humanidad, la riqueza generada por ella no puede quedar restringida a las manos de media docena de multimillonarios de Silicon Valley, sino que debe distribuirse entre el conjunto de la población. O, al menos, entre el conjunto de la población de los Estados Unidos.

Su proyecto de ley, presentado en el Senado ese mismo mes [2], establecería la creación de un Fondo Soberano de Riqueza para la Inteligencia Artificial, mediante el cual el Estado controlaría el 50 % de las acciones de empresas como Anthropic, OpenAI, xAI, entre otras, lo que resultaría en un valor estimado de 7 trillones de dólares (NdT billones en inglés/portugués).

Sanders plantea importantes cuestionamientos sobre quién debe poseer y beneficiarse de una tecnología producida a partir del conocimiento y del trabajo social: si la sociedad o unos pocos individuos. Sin embargo, su análisis y su propuesta dejan algunos vacíos: los datos utilizados para entrenar la Inteligencia Artificial producida en los Estados Unidos se extraen de la población de todo el mundo; y, más allá de los datos, esta tecnología no sería posible sin la apropiación de recursos naturales, obtenidos mediante la explotación del trabajo humano en países de la periferia del capitalismo. Los trabajadores de esos países, sin embargo, quedan fuera de la propuesta. Si la obtención de riqueza por parte de la industria tecnológica hoy se da a través de una dinámica colonialista, ¿sería suficiente distribuir parte de ella al sector público de la nación imperialista?

En este artículo queremos analizar críticamente cuestiones relacionadas con la Inteligencia Artificial, quién son explotados para desarrollarla y quiénes deberían controlarla y disfrutar de los avances tecnológicos.

La minería de datos (data mining) MINERÍA DE DATOS**

Coincidimos con Bernie Sanders cuando señala en su artículo:

* “La inteligencia artificial no surgió de la nada. Los datos y el lenguaje utilizados por las herramientas de IA generativa no simplemente brotaron de la cabeza de Sam Altman o de la imaginación de Elon Musk. La IA fue construida sobre nuestra inteligencia colectiva: nuestros libros, músicas, obras de arte, periodismo, códigos informáticos, investigaciones científicas, videos, conversaciones, imágenes e ideas acumuladas a lo largo de generaciones. […]”

* “En gran medida, los oligarcas de la tecnología alimentaron sus modelos de IA con ese conocimiento sin autorización, sin reconocimiento y sin ningún tipo de remuneración. En otras palabras, el trabajo creativo de millones de personas […] fue, en la práctica, robado por algunas de las personas más ricas del mundo. Ya es hora de recuperarlo.” [3]

“Los datos obtenidos de millones de personas (no solo a través de las redes sociales y aplicaciones de uso personal, sino también de fuentes más sensibles) son hoy una mercancía en sí mismos. Una mercancía extremadamente lucrativa y estratégica; no es casualidad que Elon Musk se haya convertido recientemente en el primer billonario del mundo, y que su decisión en 2022 de comprar Twitter, un poderoso medio para la recolección de datos, haya sido una parte importante de ello”.

Una explicación sobre el proceso llamado minería de datos puede encontrarse en el siguiente fragmento del libro *Colonialismo Digital: por una crítica hacker-fanoniana*, de Deivison Faustino y Walter Lippold:

“Al mismo tiempo, en todo el mundo se observa una minería de datos, metadatos y biodatos vitales de los ciudadanos para el aprovechamiento privado de las grandes tecnológicas del valle del Silicio. Datos confidenciales de los sistemas de salud, educación y justicia han sido sistemáticamente absorbidos por los grandes monopolios de la información”.

”Estamos ante un verdadero saqueo millonario de informaciones transformadas en activos económicos, perpetrado por corporaciones imperialistas que extraen, almacenan y procesan datos, conocimientos especializados y patrones sociales, cuantificando una parte fundamental de nuestra vida para mercantilizarla mejor.” [4]

Es importante destacar la falta de consentimiento o incluso de transparencia en este proceso, en el que el trabajador pierde el control sobre su propia información personal, ya que los métodos de recolección están incorporados en mecanismos indispensables de su vida cotidiana (el transporte, la salud, los bancos, el comercio, etc.). Las formas en que esos datos serán utilizados son diversas y también están fuera de nuestro control: en gran parte de los casos, serán apropiados por empresarios de la tecnología, utilizados en la creación de nuevos productos que luego serán vendidos nuevamente al trabajador y que, a su vez, funcionan como un medio para recolectar aún más datos.

“Las noticias nos traen con frecuencia nuevos casos de uso indebido y filtraciones de datos que refuerzan la preocupación por las violaciones de la privacidad cometidas por esta industria. Un caso notorio fue el de la empresa consultora británica Cambridge Analytica, que, a través de Facebook, recopiló sin autorización los datos personales de miles de usuarios, los cuales fueron utilizados para construir perfiles de votantes y dirigir anuncios políticos, entre ellos los de la campaña de Donald Trump para la presidencia en 2016” [5].

Más recientemente, Microsoft reconoció un “error” que permitió a su herramienta de IA generativa, Copilot, acceder a los correos electrónicos confidenciales de los usuarios [6]. Al mismo tiempo, influenciadores pagados por Microsoft para promocionar Copilot están incentivando a los usuarios a enviar al chatbot sus documentos financieros, como extractos bancarios, para solicitar consejos personalizados, sin que se ofrezcan garantías reales sobre cómo serán tratados los datos sensibles contenidos en esa documentación [7].

Este tipo de extracción depredadora de datos no solo ocurre a nivel mundial, con usuarios de las plataformas distribuidos por todo el mundo, sino que ocurre específicamente bajo una dinámica imperialista. Es decir, las mayores empresas, en gran parte estadounidenses, poseen el monopolio sobre los medios más avanzados de almacenamiento y procesamiento de datos a gran escala y sobre las patentes de la tecnología. Así, logran mantener a las naciones explotadas en una posición de dependencia tecnológica, ampliando el mercado consumidor de estas empresas e imposibilitando que esas naciones produzcan su propia tecnología en condiciones de competitividad, transformándolas de hecho en grandes colonias de datos.

Esto puede observarse, por ejemplo, a nivel de las ciudades. En “La Ciudad Inteligente: tecnologías urbanas y democracia”, los autores Evgeny Morozov y Francesca Bria analizan procesos de implementación tecnológica en las ciudades impulsados por la iniciativa privada, en los que las empresas no solo obtienen beneficios de la recopilación de datos de los ciudadanos, sino que también crean una dependencia de sus servicios.

“En ese punto, las ciudades se colocan en una posición peligrosa de dependencia que inevitablemente terminará pasándoles factura. Al fin y al cabo, Google no está recopilando datos solo para ayudarlas a vender anuncios; en muchos casos, la recopilación de datos no tiene nada que ver con la publicidad. Más precisamente, los datos solo son necesarios para acelerar el desarrollo de tecnologías de inteligencia artificial y para ayudar a Google a automatizar procesos que dependen de la interacción humana, desde la conducción de vehículos hasta la detección de tendencias. […] En definitiva, quien controla los medios de producción de la mayor parte de los datos consigue la mejor inteligencia artificial y hace que todos dependan de ella, la cual podrá desarrollarse como un servicio accesible únicamente a través de un sistema basado en ‘permisos’.” [8]

Este proceso no ocurre exclusivamente en las ciudades de las naciones dependientes, sino que tiene consecuencias aún más graves cuando se trata de la acción de empresas imperialistas sobre ellas. El mismo libro detalla, por ejemplo, el interés de empresas chinas, rusas, japonesas, estadounidenses, alemanas y francesas en el proyecto de construcción de “ciudades inteligentes” en la India. La alta concentración de datos estratégicos de los países dependientes en manos de empresas extranjeras puede representar, además, una amenaza para su defensa y soberanía en casos de conflictos militares.

Sin duda es necesario establecer un control público sobre las principales empresas de inteligencia artificial, tanto para implementar normas más estrictas de transparencia y responsabilidad en la recopilación, el almacenamiento y el uso de datos, como para garantizar que todo lo que se produzca sobre la base de los datos del pueblo pueda beneficiar al pueblo, y no solo aumentar la fortuna de algunos multimillonarios. Sin embargo, también es necesario romper las ataduras que las grandes empresas tecnológicas estadounidenses tienen hoy sobre las naciones oprimidas, para permitir que estas sean una parte activa del desarrollo tecnológico y que sus trabajadores también puedan disfrutar de sus resultados. Principalmente porque, como veremos a continuación, la contribución de las naciones oprimidas a esta industria no se da únicamente en forma de datos.

Una cuestión de hardware

Aunque conceptos como la “nube” puedan dar la ilusión de que los datos se almacenan en un espacio etéreo que flota sobre nuestras cabezas, es necesario recordar una verdad fundamental: no existe software sin hardware. De este modo, el entrenamiento y desarrollo de las tecnologías de inteligencia artificial no se producen únicamente mediante la apropiación de la información, sino que dependen de computadoras con una alta capacidad de procesamiento. Estas máquinas, a su vez, no pueden construirse sin minerales, ni funcionar sin recursos hídricos vinculados a la electricidad y la refrigeración. Estos recursos naturales se extraen, en gran medida, de las naciones periféricas.

La cuestión se plantea nuevamente en el libro de Faustino y Lippold:

“Como ya se ha dicho, no hay software sin hardware. Falta decir que tampoco hay hardware sin oro, litio, columbita y tantalita (coltán), cobalto, entre otras materias primas que con frecuencia se extraen de forma violenta de tierras indígenas o africanas mediante la minería ilegal depredadora. Dada la importancia de la industria electrónica para las formas de existencia del capitalismo contemporáneo, es fácil concluir que su reproducción sería inviable sin el acceso a estas materias primas. Una vez más, se observa una de las facetas más violentas del colonialismo digital, ya que, en este ámbito, el extractivismo no ha evolucionado desde las antiguas colonias del siglo XIX. Los conflictos en torno a estas materias primas, provocados en naciones como la República Democrática del Congo, Nigeria o Malí por milicias financiadas por empresas participantes de la cadena productiva de la información, son emblemáticos en ese sentido.” [9]

No sorprende, entonces, que el gobierno de Trump haya estado buscando aumentar su control sobre los minerales y las llamadas tierras raras (un grupo de 17 elementos químicos necesarios para la industria de la computación), principalmente frente a las disputas con China, que hoy posee una parte importante de estos recursos. Una de las formas en que esto se manifiesta es precisamente mediante la adquisición de participaciones accionarias en diversas empresas privadas del sector. En una lista publicada por el New York Times sobre las nuevas participaciones accionarias del gobierno, se destaca Intel como la mayor inversión, del sector de los chips, además de cinco empresas del sector minero: Lithium Americas, MP Materials, ReElement Technologies, Trilogy Metals y Vulcan Elements [11].

Las reservas de tierras raras en Brasil lo convierten hoy en un centro de marcado interés del imperialismo, mientras que las tendencias entreguistas del gobierno nacional de Lula amenazan la soberanía del país [10]. Otros países de América del Sur también sienten la presión del imperialismo, como es el caso de Bolivia, que posee una de las mayores reservas de litio del mundo; cabe señalar que el sector de la minería ha estado al frente de importantes procesos de lucha en el país recientemente.

El interés de las big techs extranjeras en los países explotados no se limita a sus reservas minerales, sino también al potencial de construir allí sus centros de datos y operarlos a costos reducidos; siendo el mayor costo asumido por la población local, en forma de impacto ambiental. Los centros de datos son una infraestructura física que alberga una gran cantidad de servidores, ejecutando programas y almacenando datos para atender las demandas de millones de usuarios, muchas veces a nivel internacional. El profesor Daniel Cordeiro, entrevistado para el *Jornal da USP*, destaca que entre los desafíos de los

centros de datos se encuentra la necesidad de funcionar de manera constante, con un suministro energético ininterrumpido y sistemas de refrigeración [12].

Brasil ha venido atrayendo el interés de inversionistas en este sector, como se destaca en la entrevista citada debido a sus recursos energéticos, terrenos favorables, bajo riesgo de desastres naturales y su posición con respecto a las rutas de cables submarinos. El primer centro de datos que se construirá en la Amazonia (el BEL1), tendrá un consumo energético estimado equivalente al de alrededor de 500 mil hogares [13]. El proyecto de construcción de un centro de datos de TikTok en Caucaia, en el estado de Ceará, también genera preocupaciones, ya que la ciudad tiene un historial de sequías, y la Secretaría de Recursos Hídricos de Ceará ya autorizó al proyecto a utilizar 7,3 veces más agua de la prevista en el proyecto original de licencia ambiental [14]. Las promesas de que los proyectos generarían empleos no se confirman en la realidad, pues la mayor parte de esos empleos es solo temporal, durante la construcción, mientras que el impacto ambiental local es permanente.

Es comprensible, entonces, que los habitantes de las zonas donde se construyen los centros de datos a menudo se opongan y luchen contra el proyecto. Un informe de Data Center Watch señala que, en Estados Unidos, el equivalente a 18 mil millones de dólares en proyectos de centros de datos fueron bloqueados, y otros 46 mil millones sufrieron retrasos en los últimos dos años debido a la oposición política y al activismo de los residentes [15]. En Chile, en 2022, acciones judiciales emprendidas por vecinos lograron impedir la construcción de un centro de datos de Google [16].

Al afirmar que la Inteligencia Artificial se está construyendo sobre la base de recursos sociales, es necesario ver el panorama completo: están los datos, extraídos de todo lo que ha sido escrito, creado y documentado por la humanidad, muchas veces apropiados de personas de naciones explotadas por empresas de naciones imperialistas, aprovechándose de su dependencia tecnológica. También están los minerales, extraídos de países de África y de América del Sur por mineros sometidos a duras condiciones de trabajo, y llevados a los países imperialistas para ser transformados en chips y baterías y vendidos de vuelta en forma del producto industrializado final. Lo mismo ocurre con la construcción de los centros de datos, que pueden ocupar cada vez más el territorio de países periféricos y consumir sus recursos hídricos y energéticos, con impactos que son sentidos primero por la población local, pero eventualmente por todo el mundo. Estas contradicciones coloniales e internacionales se mantienen, incluso si parte de la riqueza producida fuera devuelta al pueblo estadounidense mediante un fondo soberano.

La IA debe estar en manos de los trabajadores del mundo

Bernie Sanders plantea las preguntas esenciales sobre la inteligencia artificial: “¿Quién tendrá la propiedad y el control del futuro? ¿Quién se beneficiará de ella y quién se verá perjudicado por ella? ¿Se utilizará la IA para mejorar la vida de las familias trabajadoras?” [17]. Sin embargo, su respuesta demuestra el límite de un “socialismo” que aceptó desempeñar el papel de ala izquierda del imperialismo. Su propuesta no es más que adquirir, a través del Estado, una parte de la riqueza extraída en gran medida de la explotación colonialista llevada a cabo por las Big Tech estadounidenses sobre las naciones oprimidas, y redistribuirla indirectamente entre los trabajadores de la nación imperialista.

Cabe recordar que el gobierno de Trump ya está acostumbrado a adquirir participaciones accionarias en empresas privadas de sectores estratégicos. De hecho, él mismo planteó, en más de una ocasión, la posibilidad de reunirse con los empresarios de la IA para discutir la provisión de acciones para el país, que «serían devueltas al público estadounidense» [18].

No se trata aquí de oponernos a la idea de un mayor control público sobre las empresas tecnológicas, sino de comprender las contradicciones del actual modelo de desarrollo tecnológico que esa propuesta no contempla. El Estado de los países imperialistas, históricamente, siempre ha sido un gran aliado de la iniciativa privada en las empresas colonizadoras: desde la asociación entre los Estados europeos y las compañías comerciales para la colonización de las Américas, hasta la disposición del actual gobierno estadounidense a intervenir política y militarmente para garantizar a las empresas nacionales el acceso al petróleo y a los minerales de América del Sur. La balanza puede inclinarse hacia un lado o hacia el otro, entre el neoliberalismo puro y una mayor intervención estatal en la economía, pero nunca se renuncia al dominio sobre los países dependientes.

La forma en que hoy se desarrolla la industria de la IA no es sustentable. Está consumiendo recursos naturales a un ritmo desenfrenado, violando los derechos de millones de personas mediante la recolección abusiva de datos y enriqueciendo a los multimillonarios hasta niveles nunca antes alcanzados, mientras millones de trabajadores temen perder sus empleos debido a la automatización. El impasse de la inteligencia artificial refleja el impasse de la propiedad bajo el capitalismo: la producción social, la apropiación privada y la desigualdad impuesta entre los países.

La salida que proponemos debe ser, ante todo, antiimperialista; preocupada por devolver a la población de los países que fueron saqueados de diversas maneras para construir esta tecnología aquello que les fue arrebatado, además de romper con las ataduras de la dependencia tecnológica, más aún hoy, cuando esta se impone de forma tan directa y brutal mediante aranceles y la prohibición de la venta de chips.

El problema nunca fue la tecnología, sino en manos de quién está. Lo decimos claramente: la IA es un recurso público; los trabajadores del mundo deberían ser sus dueños.

REFERÊNCIAS:

[1] https://www.nytimes.com/2026/06/01/opinion/artificial-intelligence-bernie-sanders.html

[2] https://www.sanders.senate.gov/press-releases/news-sanders-introduces-legislation-to-

create-7-trillion-ai-sovereign-wealth-fund/

[3] Idem ao 1.

[4] FAUSTINO, Deivison; LIPPOLD, Walter. Colonialismo Digital: por uma crítica hacker-fanoniana. Editorial Boitempo (Brasil), 2023. Página 78.

[5] https://www.theguardian.com/news/2018/mar/17/cambridge-analytica-facebook-

influence-us-election

[6] https://www.bbc.com/news/articles/c8jxevd8mdyo

[7] https://edition.cnn.com/2026/05/13/business/ai-financial-statements-money-advice

[8] MOROZOV, Evgeny; BRIA, Francesca. A Cidade Inteligente: tecnologias urbanas e democracia. UBU Editora (Brasil), 2023. Página 58.

[9] FAUSTINO, Deivison; LIPPOLD, Walter. Colonialismo Digital: por uma crítica hacker-fanoniana. Editora Boitempo (Brasil), 2023. Página 86.

[10] https://g1.globo.com/ciencia/noticia/2025/07/25/terras-raras-o-que-sao.ghtml

[11] https://www.nytimes.com/2025/11/25/us/politics/trump-intel-steel-minerals-china.html

[12] https://jornal.usp.br/campus-ribeirao-preto/expansao-dos-data-centers-no-brasil-pode-

por-em-risco-a-transicao-energetica/

[13] https://cartaamazonia.com.br/primeiro-data-center-de-inteligencia-artificial-da-

amazonia-pode-consumir-a-mesma-energia-de-500-mil-casas/

[14] https://www.intercept.com.br/2025/11/27/ceara-autoriza-data-center-tiktok-sete-vezes-

mais-agua-licenciamento/

[15] https://www.datacenterwatch.org/report

[16] https://www.intercept.com.br/2025/07/14/grupo-vizinhos-venceu-google-barrou-data-

center-chile/

[17] Ídem referencia 1.

[18] https://www.nytimes.com/2026/06/10/technology/president-trump-americans-sharing-ai-

wealth.html

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