Reelegido el 10 de octubre, tras dimitirse cuatro días antes, el primer ministro francés Sebastian Lecornu tuvo pocos días para presentar un gobierno y un presupuesto a prueba de censura en la Asamblea Nacional. La suspensión de la reforma de las pensiones, anunciada el 14 de octubre, hasta las presidenciales de 2027, y el anterior rechazo al uso del famoso «Artículo 49.3»[1] fueron las razones que permitieron mantener en pie el gobierno Lecornu II tras el rechazo de las dos mociones de censura[2] presentadas por la LFI y el RN en la Asamblea la mañana del 16 de octubre. Con la ayuda del Partido Socialista, sectores de la derecha y del partido de Macron, el gobierno pasó así su primera prueba, pero sigue siendo muy débil, y la crisis en Francia dista mucho de estar resuelta.
Por: Equipo Europeo de la CORI-CI
Francia sufre desde hace mucho una larga inestabilidad política. La Quinta República fue creada por Charles de Gaulle como una salida a la crisis política en la que se encontraba sumida la Francia de posguerra, sobre todo debido a la cuestión colonial: la situación en Argelia, pero también en Indochina. Esta nueva Constitución fue entonces votada en 1958 para otorgar más poderes al Presidente de la República con el fin de brindar una hipotética estabilidad al régimen burgués, que, sin embargo, a lo largo de su existencia ha sido todo menos consistente. Esta inestabilidad, si bien no es nueva, ha aumentado durante el mandato de Macron en los últimos años y, en particular, en los últimos meses. Esto se explica, en nuestra opinión, principalmente por los dos grandes movimientos sociales que fueron los Chalecos Amarillos en 2018 y las grandes movilizaciones contra la reforma de las pensiones en 2023.
Macron, otro presidente formado en la Escuela Nacional de Administración (ENA[1]), elegido en 2017 y ya en su segundo mandato, ostenta el récord de gobiernos y de primeros ministros, superando incluso al primero de Lecornu, que a su vez ostenta el récord del mandato más corto de la Quinta República. ¡Hasta la fecha, ha habido nueve gobiernos y siete primeros ministros, y desde 2024 hasta ahora, seis gobiernos y cinco primeros ministros! Curiosamente, recordar el gobierno más largo de la Quinta República significa remontarse más de 20 años, al primer ministro socialista Lionel Jospin, que gobernó desde junio de 1997 hasta mayo de 2002, durante el primer mandato de Jacques Chirac.
De hecho, Macron, con su postura de “centro”, continúa los ataques contra la Seguridad Social perpetrados por Sarkozy (actualmente preso por corrupción tras aceptar fondos de Libia para su campaña electoral a cambio de favores) y la política del presidente socialista Hollande, quien, al igual que su predecesor, también en prisión, tuvo que conformarse con un solo mandato. Nadie ha resuelto aún la crisis del régimen que, por el contrario, aumenta.
La crisis económica y una burguesía que no se entiende
En Francia, al igual que en el resto de la Unión Europea (y del mundo), la burguesía aún no ha logrado resolver la crisis que comenzó en 2008. La fuerte desindustrialización sufrida en las últimas décadas, debido al proyecto neoliberal de desplazamiento de la industria en busca de mano de obra más barata, ha transformado regiones enteras en auténticos focos de desempleo y exclusión social, allanando el camino para el ascenso electoral del partido de extrema derecha de Marine Le Pen.
Francia es hoy el país de la Unión Europea con la mayor deuda pública (3.300 millones de euros) y el tercero con mayor deuda pública en relación con su PIB (113%), solo por detrás de Grecia (154%) y de Italia (135%). Presenta una tasa de desempleo de 7,5%, superior al 6,3% de la eurozona, y un desempleo juvenil de 18%, frente a 6,5% en Alemania y 14% en la eurozona. El incumplimiento de las restricciones presupuestarias de la UE presiona a la burguesía francesa para que recorte el gasto público, de ahí las reformas en la seguridad social, la sanidad y el sistema de pensiones. El problema radica en que la lucha de clases en Francia está polarizada por la enorme resistencia de los trabajadores y las trabajadoras, y la forma de resolver esta ecuación se depara con una burguesía dividida, lo que provoca un estancamiento y una crisis en el régimen.
Los «Chalecos Amarillos» y el bonapartismo de Macron
Los Chalecos Amarillos, surgidos contra el alza de los precios de los combustibles, marcaron el inicio del mandato de Macron, cuya dimisión llegó a ser pedida por los manifestantes en las calles. Este movimiento, mediante la fuerte movilización y las numerosas protestas, logró hacer retroceder la implementación del impuesto sobre los combustibles y conquistar otras exigencias, como el aumento del salario mínimo.
Las movilizaciones y acciones impulsadas por los Chalecos Amarillos fueron tan contundentes que por veces la policía llegó a ser derrotada en las calles, y Macron y su gobierno incluso solicitaron el apoyo del ejército. La fuerza entonces ejercida por las autoridades fue tan desproporcionada que Amnistía Internacional, la ONU e incluso el Comisionado de los Derechos Humanos del Consejo Europeo denunciaron el uso excesivo de la fuerza por parte de la policía francesa.
Aún hoy, este periodo marca la actualidad francesa y explica, entre otras cosas, la continua agresión y persecución judicial contra manifestantes, activistas y sindicalistas del movimiento propalestino. Durante estos dos años de genocidio perpetrado por el Estado colonialista de Israel, al que Francia apoya, más de 350 activistas por Palestina han sido condenados en Francia por apología del terrorismo.
La reforma de las pensiones de 2023, promesa política con la que Macron fue reelegido, reavivó una vez más la lucha de clases en Francia. Las fuertes manifestaciones, la violencia policial, los bloqueos y las huelgas solo se calmaron bajo la batuta de las tradicionales burocracias sindicales. Sin embargo, poco después, el caso Nahel (el joven asesinado a tiros por la policía a plena luz del día) reencendió la ira de los suburbios franceses repletos de una juventud oprimida y marginada por Francia. Esta juventud reactivó las barricadas y encerró un gran capítulo, hasta el 10 de setiembre de 2025 y el movimiento «Bloquons Tout».
«Bloqueemos Todo» ¡o nada!
El movimiento «Bloquons Tout» del 10 de setiembre fue visto por los sindicatos como una posible reedición de los Chalecos Amarillos, algo «inorgánico» y «espontáneo» que, al igual que en 2017, no estaban interesados en apoyar. Por lo tanto, solo el sindicato Solidaires y algunos sindicatos de la CGT se posicionaron a favor. La táctica de la burocracia fue convocar la huelga general del 18 de setiembre antes del día 10, intentando así vaciar y debilitar esta convocatoria. Tanto el 10 como el 18 de setiembre fueron días de huelga importantes, con algunos sectores, como el metro de París, que registraron tasas de adhesión superiores a 80%, asambleas en muchos sectores para debatir qué hacer, y ocupaciones de estaciones de trenes y de liceos que se destacaron entre las acciones más contundentes. Pero la burocracia, después del 18, ya con la dirección del movimiento en sus manos, se pavoneó y lanzó un “ultimato” a Lecornu: o aceptaba algunas demandas o se llevaría a cabo la huelga del 2 de octubre. De este modo, debilitaron la movilización, dejando pasar dos semanas hasta el 2 de octubre agitando ya algunas pequeñas victorias, como la marcha atrás en el retiro de los dos feriados.
Palestina marca la lucha de clases mundial y en Francia en los dos últimos años
Palestina ha marcado los últimos dos años de la política francesa. Por un lado, un gobierno proisraelí; por otro, un creciente movimiento pro Palestina con una importante presencia juvenil. Las manifestaciones semanales lideradas por el movimiento «Urgence Palestine», las diversas acciones de los sindicatos y del movimiento «STOP Arming Israel» contra la industria armamentista francesa y sus ventas a Israel, las manifestaciones en el aeropuerto de Roissy (Charles de Gaulle) contra el transporte de material militar, o la movilización de estudiantes de los liceos en apoyo a Palestina en las recientes huelgas son ejemplos de la fuerte solidaridad de la juventud y de gran parte de la clase trabajadora francesa.
Como ya vimos, el bonapartismo del «macronismo» también queda claro también aquí. Esto se evidencia en la fuerte represión al movimiento pro Palestina y en la persecución judicial de sindicalistas y de dirigentes del movimiento, como es el caso del «Colectivo Urgence Palestine», contra el cual se ha iniciado un proceso judicial para su disolución. Este aumento de la represión va al encuentro de la tendencia mundial y europea en países como Alemania o Bélgica.
El Partido Socialista y la CFDT se alían con Macron y Lecornu
Con la burguesía dividida y en crisis en su parlamento, el Partido Socialista y la CFDT (la mayor y más colaboracionista central sindical) resolvieron tender una mano para salvar la nación, una mano “responsable” que enarbolaron desde sus púlpitos. Muchos militantes del Partido Socialista y de la izquierda francesa, además de indignados, incluso intentaron disuadir a los diputados socialdemócratas, pero la inmensa mayoría se mantuvo firme y votó en contra de las censuras al gobierno, alineándose así con el bando “responsable” de Macron y con un presupuesto que ataca ferozmente a la clase trabajadora.
Los diputados socialistas elegidos en las últimas elecciones, en el marco del Nuevo Frente Popular, hicieron lo que se esperaba: traicionaron la “unidad de la izquierda” y a la clase trabajadora, como el partido burgués que son. En cuanto a la CFDT, el gobierno necesitaba como aliado a una organización que representara directamente a la clase trabajadora para intentar controlar las calles.
En el otro extremo de la izquierda parlamentaria se encuentra la LFI (La France Insoumise / France Submissive), considerada radical de extrema izquierda, con Mélenchon como su figura principal y su apuesta electoral para las presidenciales de 2027. Este partido opera sobre todo en el terreno electoral, como lo demuestran los frentes populares de 2024 del NFP (Nouveau Front Populaire / Nuevo Frente Popular) y de 2022 de la NUPES (Nouvelle Union Populaire Écologique et Sociale / Nueva Unión Popular Ecológica y Social). Si bien participan en las luchas y han apoyado las protestas del 10 de setiembre, su objetivo es llevar estas luchas a las urnas, a menudo de la peor forma, creando alianzas ilusorias «por la unidad de la izquierda» con partidos de la burguesía, como el Partido Socialista.
La única opción que les queda a los trabajadores es romper de una vez por todas con estos partidos y organizaciones que los traicionan sistemáticamente poniéndose del lado de la burguesía, del gobierno y de los patrones cuando es necesario. Por eso, acabemos con estas ilusiones disfrazadas de «izquierda» pero que representan y trabajan para la burguesía. Rompamos con este gobierno y exijamos la renuncia de Macron a través la movilización, ya que hoy gobierna un país sin mayoría y sin ninguna credibilidad.
Construyamos en las luchas una organización de los trabajadores que rompa con la corrupta y represiva Quinta República, perjudicial para la clase trabajadora y para Palestina, actualmente blanco de los ataques del imperialismo. ¡Movilicémonos y organicemos la huelga como los/as trabajadores/as italianos/as para derrotar a Macron, al sionismo y a sus aliados imperialistas!
Traducción: Natalia Estrada.
[1] Una «gran escuela» de cuadros para administrar el Estado, creada y pensada por el primer gobierno provisional francés de posguerra, presidido por Charles de Gaulle, en el marco de una reforma de la administración pública dirigida por Maurice Thorez, secretario general del Partido Comunista Francés y vicepresidente del Consejo de Ministros del gobierno provisional. Esta escuela formó, y forma, sobre todo a las elites y a la burguesía, de donde surgieron numerosos presidentes de la República y gobernantes.
[1] En términos generales, se trata de un artículo de la Constitución francesa que permite la aprobación de leyes con un gobierno en minoría en la Asamblea Nacional. Se ha aplicado más de 100 veces desde el inicio de la Quinta República y más de 20 veces solo durante el “reinado” de Macron.
[2] Se trata de una propuesta presentada por uno o varios partidos en la Asamblea que, de tener éxito, derrocaría al gobierno.

