Jorge Robles
Sería equivocado no ver que [el presidente} Milei sale fortalecido de las elecciones. Ganó legitimidad política para avanzar con sus medidas antipopulares y proimperialistas, y se fortaleció institucionalmente pasando a tener un bancada de 100 diputados (incluídos los 7 que rompieron esta semana con el PRO y se sumaron a La Libertad Avanza) y 19 senadores que le dan mejores posibilidades para blindar vetos o votar leyes. Se fortaleció también en su relación de fuerzas con los gobernadores y la oposición en general, ganando en 14 provincias y CABA, derrotando a la mayoría de los gobernadores de Provincias Unidas y otras fuerzas provinciales y perdiendo por poco en varias gobernadas por el peronismo.
Pero es igualmente equivocado tomar el resultado como un apoyo popular a sus políticas de ajuste antiobrero, represión, entrega al imperialismo yanqui y ataque a los derechos de las mujeres, diversidades sexuales, inmigrantes y pueblos originarios. Interpretación que hacen intencionadamente el gobierno, sus medios y periodista afines, y que repiten también lastimosamente medios y militantes kirchneristas para responsabilizar al pueblo de su fracaso.
En relación con la primera vuelta de las presidenciales del 2023 el espacio sumado de LLA y el ex Jungos x el Cambio perdió 5 millones de votos, lo que marca una fuerte pérdida de base social. Pero además distintos estudios de consultoras vienen señalando que el voto a Milei, a diferencia del 2023, es mayor en los distritos y barrios de clase media, media alta y ricos (su núcleo duro ideológico de 25/30%), y cae en los más populares y pobres. Por otro lado está claro que 6 de cada 10 de los votantes no apoyó al gobierno y rechazan sus políticas.
Pero lo más importante es que Milei está aún muy lejos de lograr los éxitos de Menem a comienzos de los ‘90 con la convertibilidad, por ejemplo. Los grandes empresarios y especuladores financieros imperialistas festejaron con una fuerte alza de la bolsa y la caída del riesgo país los resultados del gobierno. También se estabilizó la suba del dólar aunque cerca de los $1500. Pero la economía continúa en un proceso recesivo. Hay caída de la producción, del consumo, del salario y las jubilaciones, crecen las suspensiones, despidos y cierres de empresas (recientemente cerró SKF y hasta UALA despidió), caen las inversiones y se van del país empresas imperialistas, etc. Por otro lado, la inflación si bien se mantiene controlada por la fuerte recesión, tiende a subir y se vienen nuevos aumentos de los combustibles, el transporte y algunos servicios.
El capital financiero imperialista y nacional festejó eufórico porque ve en Milei la garantía de continuidad de la fiesta permanente de endeudamiento monstruoso y usurario de la cual son los principales beneficiarios. Los grandes capitalistas industriales y agrarios se alegraron más moderada y cautamente. Reclaman al igual que Trump y el FMI que Milei negocie con la oposición patronal para que salgan las leyes de reforma laboral, fiscal y previsional que están esperando para garantizarles altas ganancias para sus posibles inversiones. Donde no hubo festejos fue en los lugares de trabajo, de estudio o en los barrios populares. Primaron el desconcierto, la bronca, la desazón, la preocupación y los debates. Gran parte de esos debates tiene que ver con el rol de la oposición y en especial del peronismo.
El peronismo en su laberinto
La crisis del peronismo ha pegado un salto luego de la reciente derrota electoral. Está escalando el enfrentamiento entre Cristina y la Cámpora por un lado y Kicillof y los intendentes afines por el otro. También hay malestar con Cristina entre algunos gobernadores. Más allá de los pases de factura y las discusiones sobre táctica electoral, lo que no aparece es otro proyecto de verdad alternativo al ajuste y la sumisión del gobierno al imperialismo, y que responda a las necesidades del pueblo trabajador. Esa es la razón más profunda de su crisis y su nueva derrota, para la cual no tienen respuesta ni salida a la vista. Visto desde esta perspectiva, lo inusual fue el amplio triunfo anterior en PBA en septiembre, no la derrota en octubre.
¿Qué tiene de raro que millones de trabajadores no quieran volver a votar al partido que de la mano de Alberto, Cristina y Massa hizo lo contrario de lo que prometió en campaña? Los mismos que denunciaban el acuerdo de Macri con el FMI terminaron aceptando pagar sin chistar hasta el último dólar. Muy lejos quedó la vuelta del asadito y la creación de empleo. Por el contrario, para la mayoría de los trabajadores/as y jóvenes está fresco el recuerdo de la pandemia, que fue aprovechada por las patronales para imponer peores condiciones laborales y salariales para los declarados “imprescindibles”, incluso arriesgando la vida. Y las situaciones de miseria y hambre para los más precarizados que se tenían que arreglar con los ridículos IFEs (Ingreso Familiar de Emergencia). Por no hablar de la brutal represión comandada por [el ministro] Berni y Kicillof (gobernador de la provincia de Buenos Aires) contra los vecinos de Guernica que intentaban acceder a un pedazo de tierra para vivir. O el recule en la expropiación de [la empresa quebrada] Vicentín al mismo tiempo que se recortaban planes sociales y se reprimían los piquetes. Y mientras la inflación se desbocaba y llegaba a más del 160% interanual pulverizando el salario y las jubilaciones, aumentando la pobreza y la indigencia, se conocían las fotos de la fiesta del [ex presidente Alberto Fernández en [la residencia de Olivos] y el yate de Insaurralde.(intendente peronista de Lomas de Zamora).
Pero el peronismo (y sus aliados) además siguen gobernando 8 provincias, entre ellas Buenos Aires, donde también se aplica el ajuste. Los residentes de los hospitales bonaerenses ganan sueldos miserables no tan distintos a los del Garrahan y hay ajustes a la salud, la educación y los salarios estatales. Kicillof tampoco interviene ante el creciente cierre de empresas, exigiendo por ejemplo que muestren su contabilidad o provincializándolas para preservar la fuente de trabajo e integrándolas a un plan productivo al servicio de las necesidades populares.
Tampoco el peronismo ha sido la herramienta para “frenar a Milei” como agitaban en su última campaña. Varios de sus diputados y senadores le votaron la Ley Bases, el RIGI y otras leyes importantes a Milei. El kirchnerismo no apoyó con su voto pero tampoco pasó de algunas acciones testimoniales en vez de impulsar un plan de lucha con paros y movilizaciones, apelando a las organizaciones que dirige como las CTA, sindicatos de la Corriente Federal, la UTEP, Ni una menos, etc. para derrotar las medidas reaccionarias de Milei.
Batallas decisivas
Milei ya se reunió con la mayoría de los gobernadores (incluidos varios peronistas) para tratar de acordar la votación de la reforma laboral y el presupuesto este verano. Para imponer esa dura derrota a la clase obrera que no logró Macri; Trump, el FMI y los grandes empresarios le reclaman que unifique el frente patronal. Si bien el gobierno se ha fortalecido la crisis económica y social del país condiciona las negociaciones porque los gobernadores reclaman presupuesto y obra pública y sectores capitalistas exportadores una devaluación. Ambas cuestiones entran en contradicción con la política económica de Milei de ajuste fiscal y dólar bajo para controlar la inflación, su único capital político.
En realidad esta primera gran batalla que se avecina es la llave para abrir paso a una reestructuración capitalista más global y estratégica del país condensada en las tres reformas. El imperialismo y los grandes capitalistas quieren retomar la agenda inconclusa de Menem y la Alianza de insertar a la Argentina en la división mundial del trabajo establecida por los yanquis. Buscan mejorar la competitividad de la economía en base a un aumento de la superexplotación obrera, la agroindustria y el extractivismo al servicio de los planes de recolonización y saqueo yanqui.
Esa agenda sufrió una gran derrota con el Argentinazo del 2001. Ante el pánico de la burguesía por el proceso revolucionario que volteó a De la rúa y puso en crisis el viejo bipartidismo pero también el parlamento y la justicia capitalistas, debieron posponer sus planes. Tuvieron que permitir que el peronismo, luego mutado en kirchnerismo, aplicara retenciones al capital agrario y usara presupuesto del Estado para planes sociales y subsidios a los servicios para frenar el proceso revolucionario, cooptar dirigentes y organizaciones populares y “normalizar” las instituciones de la democracia capitalista. Esto lo pudo hacer por las especiales condiciones de la economía mundial de comienzos de este siglo donde se produjo una inusual alza del valor de los comodities (soja, petróleo, minerales, etc.), el famoso “viento de cola” que impulsó el crecimiento de esos años junto con la devaluación de la salida de la convertibilidad. Ya sin esas condiciones por la crisis de 2007/09 Cristina intentó retomar el ajuste y fue perdiendo apoyo social. Macri después del triunfo de 2017 creyó que podía retomar la agenda de reformas pero aunque avanzó en la reforma previsional, fue derrotado por la gran lucha del 14/18 de diciembre.
La crisis del gobierno de Alberto [Fernández], Cristina [Kirchner] y [Sergio] Massa, que se profundiza con la derrota actual, es la crisis de un proyecto patronal que busca conciliar los intereses de los trabajadores con los de los capitalistas, pero sin las condiciones favorables del primer kirchnerismo [2003/2015]. En la medida que la clase obrera y los sectores populares sigan confiando en ellos, sus burócratas sindicales y piqueteros, sufrirán nuevas y duras derrotas. Para derrotar la reforma laboral y las siguientes es necesario construir una nueva dirección obrera que les pase por encima e imponga desde abajo la huelga general y el plan de lucha que no pare hasta derrotar el conjunto del plan de saqueo imperialista y patronal de Milei.

