¿Cómo seguimos la lucha contra la Reforma Laboral?

Voz Obrera Socialista

No alcanza con una marcha débil, menos con la rosca parlamentaria

El pasado jueves 18, la CGT convocó a una movilización a Plaza de Mayo y todas las plazas del país, en rechazo a la reforma laboral que impulsa [el gobierno de Javier] Milei.

Largamente esperada, dada la pasividad de la dirigencia sindical ante los ataques libertarios, las expectativas en torno a la marcha eran enormes. Si bien en diferentes puntos del país esas expectativas se cumplieron; el acto central en Plaza de Mayo dejó mucho que desear…

Un acto débil y sin perspectiva

Aunque el acto fue más nutrido de lo que quiso presentar el gobierno y sus medios adictos; la convocatoria estuvo lejos de la que se puede esperar de la CGT. Pero esa ausencia de poderosas columnas de decenas de miles de trabajadores no se debió al desinterés obrero, sino a la voluntad del triunvirato dirigente de la central obrera: no llamaron a los gremios a parar y movilizar a las bases (excepto el sindicato de [los trabajadores] Aceiteros). Ubicaron el escenario sobre el último tercio de la plaza y, finalmente, arrancaron antes de la hora convocada su brevísimo acto (25 minutos incluyendo el himno. pruebas de sonido y la marcha peronista del final). Es decir, cada decisión que tomaron conspiró contra la masividad del acto.

Los discursos tampoco dijeron nada nuevo: no propusieron un plan de lucha, ni siquiera poner fecha para un paro nacional… solo palabras vacías, por compromiso.

El “triunvirato” no se opone a la reforma laboral

¿Qué pasó? ¿Acaso a la dirigencia de la CGT se le “escapó la tortuga”[1]? La realidad indica otra cosa. Marcadamente dialoguista, el nuevo triunvirato de la CGT no tiene como objetivo hacer caer la Reforma Laboral; sino simplemente “suavizarla” y sobre todo garantizarse la plata de las obras sociales, las cuotas sindicales y su poder de intermediación. Por eso, en lugar de apostar a la acción directa con un plan de lucha, se dedicaron a la rosca parlamentaria; asegurándose no afectar los intereses de sus socios, los empresarios.  Y la marcha a Plaza de Mayo, en ese sentido, solo buscaba hacer de acompañamiento de esa peregrinación por los despachos.

Esos tejemanejes en el Congreso tienen como base la negociación. Y “negociación” significa ceder parte de nuestros derechos o, mejor dicho, de los pocos derechos que nos quedan en un país en el que las patronales hacen lo que quieren y ya hay un 50% de los trabajadores en la informalidad. En lugar de comportarse como representantes, los líderes sindicales actúan como abogados maliciosos que quieren asegurarse su ganancia a costa de los intereses de sus clientes.

Un tiro en el pie

En su obra “El 18 brumario de Luis Bonaparte” Marx comentaba irónicamente que la Historia se repite dos veces: la primera como tragedia y la segunda como farsa. Este 18 de diciembre se cumplieron ocho años del día en que cientos de miles de trabajadores nos plantamos en Plaza Congreso contra la represión que buscaba hacer pasar el robo a jubilados, pensionados y héroes de Malvinas; primera fase de un plan que incluía la reforma laboral. Esa batalla derrotó a los intentos de quitarnos derechos, y al propio gobierno de Mauricio Macris y fue el principio del fin de su proyecto político.

Si en ese 18-D se demostró una vez más el coraje rebelde del pueblo trabajador y la dignidad de su lucha, en este se evidenció la cobardía infame de unos dirigentes que solo saben transar, y una base obrera que aún no tiene condiciones de pasarlos por encima.

Pero así y todo, esta cobardía no sería lo más patético de la jornada; porque el gobierno libertario agradeció el gesto de la CGT que se cubrió de una vergüenza aún mayor, al desperdiciar todo su capital político en un solo día.

Sucede que, al votar el Presupuesto en la Cámara de Diputados, el gobierno intentó meter artículos de ajuste ya rechazados por el Congreso, que afectaban directamente a los intereses de sus aliados. Y para completarla, durante la madrugada hicieron un acuerdo con el kirchnerismo para repartirse unos cargos en la Auditoría General de la Nación; “puenteando” a macristas, radicales, etc.

Esto terminó con que el Presupuesto fuera rechazado. Pero como su aprobación era exigida por el FMI, el gobierno debió negociar para que, en esa Cámara, se termiase aprobando una versión con cambios, que pasó al Senado. Y en el Senado, se vio obligado a ceder sus posiciones de fuerza, y en lugar de votar (y aprobar) la Reforma Laboral este 26 de diciembre, tuvo que pasar el debate al 10 de febrero.

Este ida y vuelta, que fue reivindicado como un triunfo por sectores afines a la conducción de la CGT, tiene que ver con la naturaleza del gobierno de Milei. A pesar de haber salido relativamente fortalecido de las elecciones, necesita hacer acuerdos con los gobernadores radicales y peronistas y otras fuerzas patronales para imponer sus leyes. Por otro lado, su plan económico está cada día más deteriorado y sobrevive fundamentalmente por el sostén de Trump y el FMI, quienes, a cambio, se muestran cada día más inflexibles.

Impongamos a los dirigentes un plan de lucha

Así atrapados entre la sumisión sindical y el extravío presidencial; los trabajadores arrancamos un 2026 en la mayor de las incertidumbres. Entonces ¿qué hacemos?

Para tirar abajo esta Reforma Laboral, hay que unir las luchas por trabajo y salario; pero también la pelea contra el ajuste en salud y educación, las luchas contra el saqueo ambiental, etc. De esa manera, el movimiento obrero logrará encabezar a todos los sectores populares afectados por el saqueo libertario; en una gran batalla contra este plan de vaciamiento.

Obviamente, no podemos esperar que los capos de la CGT hagan esto por propia voluntad. Hay que organizarse desde cada lugar de trabajo, desde cada barrio; para movilizarse a las seccionales de cada sindicato para imponerlo. Porque para vencer a la reforma laboral hace falta un paro nacional activo en el marco de un plan de lucha hasta que el gobierno retroceda definitivamente en este ataque a nuestros derechos. Y la debilidad que exhibe el gobierno demuestra que con organización y lucha es posible lograrlo y derrotar el conjunto de su plan antiobrero y entreguista.

A pesar de que los sindicatos movilizaron poca base y llevaron delegados y sectores controlados por las direcciones, en la Plaza se escucharon cánticos pidiendo un paro nacional. Lamentablemente la izquierda y los sectores sindicales que influencia, una vez más marchó separada y entró a la Plaza cuando ya se estaba desconcentrando.

 En cada fábrica, en cada empresa o lugar de trabajo, tenemos que impulsar y organizar la lucha que los dirigentes se niegan a encabezar.   El plazo que puso el gobierno da tiempo de sobra para hacerlo. Desde Voz Obrera Socialista; nos ponemos al servicio de la tarea de organizar la rebelión contra los acuerdos y pactos que nos tienen maniatados; para que el pueblo trabajador vuelva a mostrar toda su fuerza en la lucha y para construir en el interior de la clase obrera una alternativa por un programa socialista, que deje de hacernos girar siempre en torno de las roscas de los distintos sectores patronales, sino que construya una perspectiva desde y para la clase obrera y el pueblo trabajador.


[1] Frase que utilizaba Diego Maradona para decir que alguien había dejado pasar una oportunidad muy favorable.

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