Por América Rivero, VOS Brasil
Como vimos, la situación de la mujer de la clase trabajadora —así como la de toda nuestra clase— está cada vez peor. El capitalismo hace todo lo posible para descargar el peso de su crisis sobre nuestras espaldas, atacando derechos, reduciendo salarios, recortando servicios de asistencia social. En este escenario, es extremadamente necesario que nuestra clase se organice para resistir y enfrentar a empresas y gobiernos. Pero para acabar con la opresión de las mujeres, es necesario ir más allá. Necesitamos construir otro tipo de sociedad, que no gire en función de la ganancia de un puñado de empresarios a costa de nuestro sufrimiento.
Defendemos que, además de necesaria, la construcción de una sociedad sin explotación ni opresión es completamente posible, como nos muestra la historia de la revolución rusa. Por eso, desde ya debemos señalar un programa que apunte a nuestra liberación total del yugo capitalista. Ese programa debe atender nuestras demandas más inmediatas, pero apuntar a la construcción de una sociedad donde el poder sea ejercido por quienes todo producen en esta sociedad, es decir, por la clase trabajadora.
Trabajo y salario
Debemos exigir desde ya la reducción de la jornada laboral sin reducción salarial, sin pérdida de derechos y sin imponer mecanismos que aumenten la presión por mayor productividad; y, principalmente, el fin de los despidos sin causa. Abajo las reformas laborales que precarizan aún más nuestras vidas. Al contrario, debemos exigir un aumento general de salarios para garantizar una vida digna para toda la clase. Igual trabajo, igual salario. Estas medidas son esenciales para el conjunto de la clase trabajadora, porque buscan disminuir la explotación y mejorar la calidad de vida.
Violencia machista: recursos reales, no marketing
Fortalecer las campañas contra la violencia es muy importante, pero de nada sirve que los gobiernos gasten en campañas de marketing contra la violencia hacia la mujer si no garantizan las condiciones objetivas para romper el ciclo de opresión. Exigir la construcción de casas refugio, comisarías especializadas, asistencia médica y psicológica para las víctimas de la violencia machista; garantizar salario e ingresos para que las mujeres tengan independencia financiera; además de la criminalización con castigos ejemplares a los agresores y a quienes hagan apología de la violencia contra la mujer, deben formar parte de nuestras reivindicaciones.
Ya que nada de eso será realmente efectivo si no se invierte dinero y si no se combate la opresión exigiendo que la burguesía deje de lucrar con nuestro sufrimiento, mediante el fin del pago de salarios menores y de peores condiciones de trabajo.
Socializar el trabajo doméstico: comedores y lavanderías
Necesitamos exigir que gobiernos y empresas construyan lavanderías y restaurantes comunitarios de calidad, quitando de las espaldas de la mujer de la clase trabajadora ese trabajo que es esencial para el sostenimiento de la vida, pero que no es pago y aprisiona a las mujeres dentro de la casa. Además de liberar a las mujeres de la esclavitud del hogar, esta medida genera empleo al socializar esas tareas.
Cuidados como responsabilidad social: del hogar al Estado
Esta discusión se extiende a las tareas de cuidado en general. El cuidado de hijas e hijos, personas mayores y enfermas no puede ser una tarea impuesta a las mujeres. Exigimos la creación de servicios asistenciales para personas mayores y enfermas. Es necesario que todas las tareas de cuidados sean reconocidas con la importancia que tienen y que sean asumidas por el Estado, dejando de ser sólo tareas nuestras, de las mujeres.
Infancia y licencias: tiempo para vivir, no para sobrevivir
Debemos exigir especial atención al problema de la maternidad y la protección de la infancia, empezando por exigir la ampliación de la licencia por maternidad y paternidad rumbo a los dos años, con estabilidad laboral después del regreso, para que madres y padres puedan turnarse en el cuidado de sus hijas e hijos en la primera infancia y equilibrar las condiciones profesionales de ambos. Parte de proteger la infancia y la maternidad es exigir que empresas y gobiernos garanticen guarderías en los barrios y en los lugares de trabajo de hombres y mujeres, incluso con funcionamiento nocturno, ampliando las posibilidades de que las mujeres participen de la producción social con la tranquilidad de que sus niñas y niños están bien cuidados.
Derechos democráticos: igualdad jurídica
Debemos también exigir que en cada país se garantice la igualdad jurídica entre hombres y mujeres, eliminando de las leyes cualquier mecanismo que subordine a la mujer al hombre o al Estado.
Decidir a decidir sobre la maternidad
En ese sentido, luchar por la despenalización y legalización del aborto en los países donde aún se considera un delito. La mujer es la única que debe tener el poder de decidir sobre su cuerpo, si quiere o no llevar adelante un embarazo. El Estado y la Iglesia no sólo no pueden legislar sobre nuestros cuerpos, sino que además deben garantizar las condiciones necesarias para un aborto seguro y gratuito.
Organizaciones obreras sin violencia ni desigualdad
Además de las reivindicaciones anteriores, las propias organizaciones de clase como sindicatos, asociaciones barriales y partidos políticos no pueden permitir que ocurran actos de violencia y desigualdad entre hombres y mujeres. Al contrario: debemos dar el ejemplo, garantizando las condiciones para que las mujeres participen de la vida política y social, incentivando y promoviendo el desarrollo de las mujeres.
Revolución para la liberación
Sabemos que todas esas medidas son difíciles de conquistar precisamente porque chocan con los intereses de la burguesía, que oprime para explotar más. Por eso, un programa para el fin de la opresión de las mujeres no puede estar separado de la necesidad de luchar contra el capitalismo. Organizar a la clase trabajadora para expropiar a la burguesía y poner fin al Estado burgués es el único camino que podrá garantizar el fin de la opresión de las mujeres trabajadoras.
Por eso invitamos a todas las mujeres y hombres que no están de acuerdo con la opresión y la explotación a construir una organización que señale ese camino: el de la revolución para construir una sociedad socialista.

