El 24 de febrero de 2022, el ejército ruso invadió Ucrania por orden del régimen de Vladimir Putin. Ante la superioridad militar rusa, Putin esperaba obtener una rápida victoria pero se enfrentó con una heroica resistencia del pueblo ucraniano. Fue el inicio de una larga y cruenta guerra que, con una dinámica cambiante, continúa hasta hoy[1].
CORI-CI
Ante la guerra ruso-ucraniana, la izquierda mundial se dividió en tres posiciones. Una de ellas apoyó la invasión y defendió las falsificaciones de Putin para justificar: la invasión. En primer lugar, Rusia tenía el “derecho natural” a apropiarse de Ucrania porque era parte de su territorio histórico. En segundo lugar, que solo se estaba defendiendo de la agresión contra Rusia que estaba preparando la OTAN a través de Ucrania. En tercer lugar, que, al igual que en la IIa Guerra Mundial, Rusia se estaba defendiendo de una agresión de los nazis (que gobernaban Ucrania)[1]. La conclusión fue que Rusia y Putin era el “lado bueno” en esta guerra y por lo tanto había que apoyarlos, y defender sus acciones criminales para que derrotasen a la resistencia ucraniana.
El segundo sector también caracterizó que lo que estaba sucediendo era una guerra entre Rusia y la OTAN. Por ello, adoptó una la posición pacifista de “No a la guerra”. Es decir, en esta guerra no había “lado bueno” y, por lo tanto, llamaba a los combatientes de ambos bandos a deponer sus armas. Fue el caso de los diputados del FIT argentino[2]. Aunque parecía ser equidistante, esta posición era funcional a la invasión rusa porque llamaba al pueblo ucraniano a no resistir.
Un pacifismo más sofisticado fue defendido por el intelectual franco-libanés Gilbert Achcar, ligado a la organización internacional del NPA francés. Achcar proponía apoyar a la resistencia ucraniana pero sin darle armas para combatir porque una escalada militar de ese conflicto tenía el riesgo de derivar en la IIIa Guerra Mundial[3]. La guerra es fundamentalmente una lucha militar y, en este campo, Rusia y Putin tenían una gran superioridad. Negarse a luchar porque la resistencia ucraniana recibiese más y mejores armas era condenarla de antemano a la derrota.
La tercera posición fue defendida por algunas organizaciones trotskistas y de izquierda, entre ellas la LIT-CI. Afirmaba que, en esta guerra, la Rusia de Putin (un país mucho más poderoso, especialmente en el terreno militar) era el agresor (el “lado malo”) y Ucrania el agredido. Por ello el pueblo ucraniano tenía el pleno derecho de defenderse y había que apoyarlo incondicionalmente para que derrotase al ejército ruso. Esta posición se concretó en la consigna Armas para la resistencia ucraniana[4]. No era una guerra de “lados iguales”: Rusia llevaba adelante una guerra de agresión y rapiña, el pueblo ucraniano una legítima guerra de resistencia y liberación nacional
La revolución de Maidán y la respuesta de Putin
En realidad, la agresión rusa ya había empezado varios años antes. Luego de la disolución de la Unión Soviética (en 1990/1991), Ucrania obtuvo su independencia de Rusia. En ambos países, ya se había restaura el capitalismo y se habían instalado regímenes políticos dictatoriales basados en sectores de la vieja burocracia estalinista, ahora transformados en burgueses y oligarcas. En Ucrania, la figura central de ese régimen era Viktor Yanukovich.
A finales de 2014, estalló en Ucrania un gran proceso revolucionario democrático que derribó al régimen de Yanukovich e instaló un régimen burgués electoral (fue conocido como Revolución de Maidán)[5]. En las primeras elecciones libres, fue electo presidente el magnate Petró Poroshenko que logró una claro triunfo electoral. Impulsó el ingreso de Ucrania a la Unión Europea, como país estructuralmente subordinado a las principales potencias de la UE, en especial a Alemania.
Putin percibió rápidamente el peligro de que este proceso revolucionario se extendiese a Rusia contra su régimen y llevó adelante acciones político-militares pata establecer un “cordón sanitario” entre Rusia y Ucrania. Anexó la península de Crimea e impulsó la separación de las “repúblicas independientes” de Donetsk y Lugansk, en la región oriental de Ucrania, donde predominaban los ucranianos ruso-parlantes. Luego armó fuertemente a sus gobiernos. Podemos decir que aquí ya había comenzado la invasión rusa.
El nuevo régimen democrático burgués ucraniano no se encontraba en una situación cómoda. En primer lugar, era el resultado de una revolución democrática triunfante y el gobierno de Pososhenko estaba condicionado por la resistencia de las masas a las medidas de ajuste que debía aplicar para que Ucrania ingresara a la UE. En segundo lugar, no podía responder a la aspiración del pueblo de recuperar la unidad territorial del país. Su figura estaba muy desprestigiada.
Por ello, en las elecciones presidenciales de 2019, Volodomir Zelenski (un comediante sin ninguna experiencia política previa) derrota de modo contundente a Poroshenko. Poco después, disolvió la Rada (parlamento) y, en las elecciones legislativas, su partido recién formado obtuvo la mayoría absoluta de legisladores. Su política fue impulsar en la integración de Ucrania en la UE (lo que implicaba un plan de ajuste y privatizaciones junto con un ataque a las conquistas de los trabajadores). También impulsó el ingreso del país en la OTAN, al tiempo que “miraba para otro lado” en la cuestión de Donetsk y Lugansk.
En este contexto, se produce la invasión rusa y la heroica respuesta de la resistencia ucraniana. Ante ello, Zelenski da un giro y pasa a presentarse como el símbolo y el comandante de la unidad y la resistencia del pueblo ucraniano. Lo hace al servicio de los intereses de los magnates y oligarcas.
Las fases de la guerra
La invasión del ejército ruso a Ucrania fue seguida de una ofensiva que, ante la débil oposición del ejército ucraniano, llegó rápidamente a las afueras de Kiev e intentó tomar el control de la capital del país. En ese momento, apareció un factor que Putin no había previsto: la heroica del pueblo ucraniano contra la invasión. Con armas obsoletas, herencia de la época soviética, por todo el país, se formaron milicias obreras y populares que enfrentaron al ejército ruso y detuvieron su avance sobre Kiev y otras ciudades. Los trabajadores y las masas ucranianas tomaron en sus manos la tarea de defender al país de la invasión que los magnates y oligarcas habían sido incapaces de realizar.
Una vez detenido el avance ruso comenzó una contraofensiva ucraniana que fue retomando ciudades como Bucha (a unas decenas de kilómetros de Kiev). Al liberarse esta ciudad, quedaron en evidencia los métodos genocidas y de “tierra arrasada” que habían utilizado las tropas rusas en su ofensiva.
Esta contraofensiva fue recuperando cada vez más territorio y obligó a las tropas rusas a retroceder cada vez más hacia la zona oriental de Ucrania. Quedaron así demostradas dos cosas. La primera es que, en una guerra de liberación, el heroísmo de los trabajadores y las masas puede compensar la superioridad militar del otro bando, especialmente en el combate por el dominio permanente de territorios. La segunda es que la Rusia de Putin estaba muy lejos de ser una potencia militar invencible y, como ocurrió muchas veces con las potencias ocupantes que deben enfrentar una dura resistencia, su ejército comenzó a desmoralizarse y a retroceder rápidamente.
Las fuerzas ucranianas llegaron a las cercanías de Donetsk y Lugansk donde se había reagrupado el ejército ruso. Estaba planteada la posibilidad de que la resistencia asestase el golpe definitivo para derrotar la invasión de Putin e, incluso, que recuperare esos territorios usurpados en 2014. Para ello, hubiera necesitado armas en cantidad y calidad suficientes.
En esta situación, contra la ficción que afirma que en esta guerra, la OTAN era uno de los bandos combatientes, tanto EEUU como las potencias europeas integrantes de esta alianza militar se negaron a hacerlo. Si limitaron a dar algún apoyo logístico al ejército ucraniano, a entregarle armas con cuentagotas y, entre ellas, nunca le entregaron armas ofensivas pesadas que pudiesen ser cualitativas en el curso de la guerra. Luego retomaremos este punto de cuál fue la verdadera participación de la OTAN en esta guerra.
Se abrió así una larga fase de estancamiento en la guerra con un equilibrio en la correlación de fuerzas militar. El ejército ucraniano no tenía condiciones de quebrar la defensa rusa. El ejército ruso se concentraba en mantener el control de la región del Donbass. Al mismo tiempo, utilizaba drones para realizar ataques a distancia sobre las ciudades ucranianas para destruir su infraestructura de abastecimiento de agua potable, energía y calefacción para que la condiciones de vida del pueblo ucraniano fuesen cada vez difíciles.
La verdadera política del imperialismo estadounidense y de la OTAN
Hemos visto que para justificar sus posiciones frente a la guerra ruso-ucraniana: varios sectores de izquierda caracterizan que este conflicto militar fue, en realidad, una guerra entre la Rusia de Putin y EE.UU./OTAN. El pueblo ucraniano y su resistencia a la invasión habrían sido apenas un instrumento del imperialismo yanqui en esta guerra.
Pero la realidad muestra que nunca hubo tal guerra entre EE.UU./OTAN y Rusia. Desde la asunción del régimen de Putin, la política del imperialismo yanqui, las potencias europeas y la OTAN fue de “coexistencia pacífica” y de hacer muy buenos negocios con este régimen, en especial el imperialismo alemán.
Durante su primera presidencia, en el curso de la guerra civil siria, Trump estableció un acuerdo de hecho con Putin (que apoyaba la dictadura de al-Assad) para dividir el país en dos áreas de influencia separadas por el río Éufrates.
La presidencia de Biden introdujo cambios en esta política: en su discurso de asunción, ubicó el enfrentamiento con el régimen de Putin como su segundo objetivo internacional, luego de China. Tras la invasión a Ucrania, subió el tono y declaró que, al haber roto las reglas de la “coexistencia pacífica”, el presidente ruso “no podía seguir en el poder”[12].
Pero este endurecimiento de palabra se expresó de modo muy parcial en la guerra de Ucrania. Aunque los países de la OTAN se estaban rearmando hasta los dientes, el suministro de armas a la resistencia ucraniana y a su ejército siempre fueron muy limitados en cantidad y en potencia de destrucción. Y se redujeron al mínimo cuando la contraofensiva ucraniana podía derrotar categóricamente al ejército ruso y expulsarlo del país[13]. Nunca hubo soldados de la OTAN combatiendo en Ucrania, aunque sí hubo apoyo logístico al ejército ucraniano desde EE.UU. y entrenamiento de oficiales ucranianos en países europeos.
En 2014, los países de la OTAN “miraron para otro lado” cuando el régimen de Putin anexó de hecho y ocupó Donetsk y Luhansk. Lo cierto es que, desde el inicio de esta guerra, estaban dispuesto a dividirse el país con Putin y pactar con él. Pero también fueron sorprendidos por la fuerza de la heroica resistencia ucraniana que paró la ofensiva rusa e inició una poderosa contraofensiva. En ese contexto, la combinación de varias razones los obligó a una intervención mayor.
En primer lugar, necesitaban debilitar a Putin en la perspectiva de la negociación por la división de Ucrania. Al mismo tiempo, debían evitar una categórica derrota de Putin frente a la resistencia ucraniana, lo que llevaría al derrumbe de su régimen y a un proceso de dinámica irreversible en todo el Este de Europa. Por eso, su apoyo militar siempre fue con cuentagotas.
En segundo lugar, tenían que ver cómo controlar y frenar el proceso del “pueblo en armas” que se desarrollaba en Ucrania. Una gran amenaza al capitalismo para después que terminara la guerra. Necesitaban construir un ejército burgués clásico como sólida base de un Estado burgués en la posguerra. Por eso, nunca dieron armas de modo directo a las milicias de la resistencia sino al gobierno de Zelenski, que fue el instrumento de esta política.
La política del imperialismo yanqui y de la OTAN fue extender la guerra todo lo posible para desgastar y desangrar al pueblo ucraniano, avanzar en la destrucción de la economía y de la infraestructura del país, y dejarlo totalmente endeudado y comprometido. De esa forma, por un lado intentan obligarlo a aceptar este acuerdo de “paz” y, por el otro, se aseguran que la reconstrucción del país sea la vía para someterlo completamente como una semicolonia[6]. Esta política del imperialismo estadounidense de extender la guerra tuvo fuertes contradicciones con el imperialismo alemán que tiene lazos económicos muy profundos con la Rusia de Putin: ha realizado grandes inversiones en las principales empresas rusas y este país provee gran parte del petróleo y el gas que consume Alemania. Por eso, quería terminar la guerra cuanto antes y que se firmase un acuerdo de paz que, de contenido significaba la entrega ucraniana a Rusia de toda la región oriental del país. El objetivo del imperialismo estadounidense era el mismo pero, por las razones que ya hemos analizado, impulsaba una política de más largo plazo para lograrlo.
El “plan de paz” de Trump y Putin
El sacrificio del pueblo ucraniano en esta guerra ha sido muy grande en muertos, heridos y muchísimos sufrimientos en su vida cotidiana. Sería muy natural que el sentimiento predominante sea de cansancio con la guerra y el deseo de que se termine, que haya “paz” para que se puedan retomar condiciones más tranquilas de vida.
Ese era precisamente el objetivo del imperialismo yanqui para quebrar a la resistencia ucraniana. Trump busca aprovechar esta y lanza su “plan de paz” que eje es la firma de un acuerdo entre él Putin. Hemos definido que este acuerdo significa una “paz” contra el pueblo ucraniano en el que el imperialismo estadounidense y la Rusia de Putin se reparten Ucrania y sus riquezas.
Es un acuerdo claramente contrarrevolucionario porque legaliza la derrota del pueblo ucraniano y le hace pagar un altísimo costo por ella. Por todo lo expuesto, llamamos a los trabajadores y a la izquierda de todo el mundo a rechazar este acuerdo de “paz” propuesto por Trump a Putin. Mantenemos todo nuestro apoyo a la lucha de los trabajadores y el pueblo ucraniano en su guerra de liberación nacional para que derrote la agresión y la invasión de Putin.
Al mismo tiempo, por lo que hemos expuesto, comprenderíamos completamente si el pueblo ucraniano aceptase dicho “acuerdo de paz” para tener un poco de descanso en sus sufrimientos. Como revolucionarios, somos conscientes que una lucha con un resultado desfavorable puede obligar a aceptar condiciones muy duras por esa derrota. Lo que nunca se puede hacer es presentar lo que se aceptó como “algo bueno”.
En esa situación, se trata de dar uno o dos pasos para atrás, curar las heridas y reagrupar fuerzas para preparar con paciencia una nueva lucha. Una parte importante de esa preparación es sacar conclusiones de las causas de esa derrota y sus responsables. En el caso de la guerra ruso-ucraniana, es muy evidente la responsabilidad del gobierno de Zelenski y de los magnates y oligarcas ucranianos. Con la clásica cobardía de las burguesías de los países dependientes para defenderlos frente a las potencias, hicieron todo para perder la guerra, con tal de defender sus propios intereses.
En el caso de los luchadores de todo el mundo, un parte importante de este balance, es retomar el debate entre las posiciones diferentes y enfrentadas que tuvieron las diferentes corrientes de izquierda y evaluar cuáles fueron a favor del triunfo de la resistencia obrera y popular ucraniana y cuáles jugaron en contra.
[1] Sobre este tema, recomendamos leer el artículo: https://litci.org/es/las-falsificaciones-de-putin-sobre-la-batalla-de-stalingrado-y-la-guerra-en-ucrania/?utm_source=copylink&utm_medium=browser
[2] https://litci.org/es/sobre-la-consigna-no-a-la-guerra-en-ucrania/?utm_source=copylink&utm_medium=browser
[3] https://litci.org/es/debate-con-el-buro-politico-de-la-iv-internacional-y-gilbert-achcar/?utm_source=copylink&utm_medium=browser
[4] https://litci.org/es/armas-para-la-resistencia-ucraniana/?utm_source=copylink&utm_medium=browser
[5] https://litci.org/es/5-anos-revolucion-ucraniana-subestimada-incomprendida-calumniada/?utm_source=copylink&utm_medium=browser
[6] https://litci.org/es/la-guerra-de-ucrania-y-el-imperialismo-estadounidense/?utm_source=copylink&utm_medium=browser
[1] En abril de 2022, cuando aún integrábamos la LIT-CI, esta organización publicó el número 25 de la revista Correo –Internacional –Tercera Época, dedicado a esta guerra. Consideramos que el análisis, la caracterización y la política formulados en esa revista continúan siendo correctos, así omo otros artículos publicados en estos años.

