Del CENTAM Guardian al Escudo de las Américas

La construcción de una nueva arquitectura de seguridad regional bajo liderazgo estadounidense

PT El Salvador – CORI-CI

El reciente ejercicio militar CENTAM Guardian 2026 realizado en El Salvador no constituye un hecho aislado ni una simple actividad de cooperación entre fuerzas armadas de la región. Forma parte de un proceso más amplio de reorganización de los mecanismos de seguridad hemisférica impulsados por Estados Unidos en Centroamérica.

Durante las últimas semanas se han conocido nuevas iniciativas de cooperación militar y de seguridad entre Washington y los gobiernos de Guatemala, Honduras y Costa Rica, en el marco de estructuras como la Coalición Anticárteles de las Américas (A3C) y el denominado Escudo de las Américas.

Aunque cada país participa bajo modalidades diferentes, el sentido estratégico es común: fortalecer una red regional de coordinación militar, policial, de inteligencia y control territorial bajo liderazgo estadounidense.

Desde una perspectiva marxista revolucionaria, estos procesos deben analizarse más allá de los argumentos oficiales relacionados con el combate al narcotráfico o al crimen organizado.

La historia latinoamericana demuestra que las doctrinas de seguridad impulsadas por Washington nunca han respondido únicamente a objetivos policiales. Han sido instrumentos destinados a garantizar estabilidad política, preservar gobiernos aliados, proteger intereses económicos estratégicos y fortalecer la capacidad de control frente a posibles escenarios de conflictividad social.

Hoy, en medio de las crecientes tensiones geopolíticas internacionales, la disputa comercial y tecnológica entre grandes potencias y el ascenso de nuevas expresiones de autoritarismo en distintos países, Centroamérica vuelve a adquirir una importancia estratégica para Estados Unidos.

Guatemala: cooperación ampliada bajo supervisión estadounidense

Las recientes negociaciones entre Guatemala y Estados Unidos muestran una profundización de la cooperación en materia de seguridad y lucha contra el narcotráfico.

El gobierno guatemalteco de Bernardo Arévalo ha insistido en que no autorizará operaciones militares estadounidenses independientes dentro de su territorio. Sin embargo, sí ha solicitado asistencia técnica, intercambio de inteligencia, equipamiento y coordinación operativa para enfrentar estructuras criminales.

Más allá de las declaraciones oficiales, el resultado práctico es una creciente integración de las capacidades de seguridad guatemaltecas dentro de los marcos estratégicos promovidos por Washington.

La dependencia contemporánea no se expresa únicamente mediante bases militares permanentes o intervenciones directas. También se construye a través de doctrinas, financiamiento, capacitación, sistemas de inteligencia y mecanismos de coordinación operativa.

Honduras: continuidad de una alianza histórica

En Honduras la cooperación militar con Estados Unidos posee raíces mucho más profundas. La presencia histórica estadounidense en Soto Cano (Palmerola) ha convertido al país en uno de los principales puntos de apoyo de Washington en Centroamérica durante décadas.

Las negociaciones recientes encabezadas por Nasry Asfura para ampliar operaciones conjuntas contra el narcotráfico y fortalecer la coordinación militar reflejan la continuidad de una relación estratégica que trasciende los cambios de gobierno.

La importancia hondureña para Estados Unidos radica tanto en su ubicación geográfica como en su papel dentro de la infraestructura regional de seguridad construida durante las últimas décadas. Por ello, más que una novedad absoluta, lo que observamos es una actualización de mecanismos ya existentes para adaptarlos a las nuevas prioridades geopolíticas de Washington.

Costa Rica: la seguridad sin ejército

Costa Rica representa una dimensión distinta del mismo fenómeno. Durante décadas fue presentada como la excepción centroamericana debido a la abolición de su ejército en 1948. Sin embargo, la ausencia de fuerzas armadas no ha impedido una creciente integración de sus estructuras de seguridad a los programas impulsados por Estados Unidos.

La expansión de la cooperación en inteligencia, vigilancia tecnológica, seguridad fronteriza, control migratorio y combate al narcotráfico ha acercado cada vez más al Estado costarricense a las estrategias promovidas por Washington.

La llegada de Laura Fernández al gobierno parece expresar una continuidad de la orientación desarrollada durante la administración de Rodrigo Chaves. La relevancia de Costa Rica para la estrategia estadounidense no reside en capacidades militares convencionales, sino en su papel como plataforma de coordinación policial, inteligencia regional y legitimación política de las iniciativas hemisféricas de seguridad.

Esto demuestra que la arquitectura impulsada por Washington no depende exclusivamente de ejércitos. También incorpora policías, sistemas de vigilancia, organismos migratorios, agencias de inteligencia y mecanismos de cooperación tecnológica.

El Salvador: el laboratorio regional

Dentro de este esquema regional, El Salvador ocupa una posición particular.

Si Guatemala se incorpora mediante acuerdos de cooperación ampliada, Honduras mediante la actualización de alianzas históricas y Costa Rica mediante mecanismos policiales y de inteligencia, El Salvador se presenta como el principal laboratorio político de esta nueva etapa regional.

La realización del CENTAM Guardian 2026 en territorio salvadoreño tuvo un significado que trasciende lo estrictamente militar. Los ejercicios multinacionales se desarrollan periódicamente desde hace años en Centroamérica. Lo que vuelve especialmente significativa la edición de 2026 es la decisión de convertir a El Salvador en anfitrión de una de las principales operaciones coordinadas por el Comando Sur en la región.

Durante los últimos años se ha profundizado la cooperación militar, policial y de seguridad con Estados Unidos, mientras el gobierno salvadoreño se consolida como uno de los actores más influyentes de la nueva derecha centroamericana. El Salvador aparece hoy como un punto de convergencia entre cooperación militar, control territorial, fortalecimiento de aparatos de seguridad y estabilidad política favorable a los intereses estratégicos estadounidenses.

Por ello, el papel de Bukele adquiere una dimensión regional. Su gobierno se ha convertido en una referencia para sectores que impulsan modelos de seguridad basados en el fortalecimiento de aparatos coercitivos y en una mayor participación estatal en tareas de control social.

Centroamérica frente a una nueva etapa

Lo que observamos actualmente no es una reedición mecánica de las intervenciones militares que marcaron el siglo XX. Las formas de dominación han evolucionado.

La presencia de Washington se expresa hoy mediante redes de cooperación, inteligencia compartida, capacitación, financiamiento, coordinación operativa, vigilancia tecnológica y construcción de agendas comunes de seguridad.

Sin embargo, el objetivo estratégico sigue siendo esencialmente el mismo: preservar la influencia estadounidense en una región considerada fundamental para sus intereses políticos, económicos y geopolíticos.

La creciente articulación de mecanismos de seguridad impulsados por Washington demuestra una realidad fundamental: el imperialismo piensa Centroamérica como una región integrada.

Las redes de inteligencia, los acuerdos militares, los corredores logísticos, las estrategias migratorias y los programas de seguridad son diseñados desde una perspectiva regional. Frente a ello, las respuestas fragmentadas y estrictamente nacionales resultan insuficientes.

La necesidad de una estrategia revolucionaria centroamericana

Hace décadas, Nahuel Moreno planteaba en su documento Centroamérica: seis nacionalidades y una revolución que los grandes problemas de la región no podían resolverse dentro de las fronteras heredadas de la fragmentación centroamericana.

La dependencia económica, la subordinación imperialista, la pobreza, la migración forzada, la explotación laboral y las distintas formas de autoritarismo constituyen problemas comunes que exigen respuestas comunes. Hoy esa reflexión mantiene plena vigencia.

Las mismas fronteras que dividen a los pueblos centroamericanos no impiden que las grandes corporaciones, los organismos financieros internacionales, los acuerdos militares y las estrategias geopolíticas operen sobre la región como una totalidad.

Por ello, la lucha contra la militarización, la dependencia y el autoritarismo exige recuperar una perspectiva internacionalista centroamericana.

La construcción de una alternativa real para los pueblos de la región requiere algo más que resistencia social o movilizaciones episódicas. Exige la construcción de organizaciones revolucionarias arraigadas en la clase trabajadora, la juventud, el campesinado y los sectores populares de toda Centroamérica.

La experiencia histórica demuestra que las luchas heroicas de los pueblos centroamericanos han encontrado repetidamente sus límites en direcciones reformistas, burocráticas o nacionalistas incapaces de llevar hasta el final las tareas de transformación social.

Frente a la nueva arquitectura regional de seguridad impulsada por Washington, los movimientos populares necesitan avanzar también hacia una coordinación política regional capaz de enfrentar de manera unificada las ofensivas del imperialismo, las oligarquías locales y los gobiernos que administran este sistema de explotación.

La perspectiva estratégica no puede limitarse a resistir las políticas de turno. Debe orientarse hacia la construcción de partidos revolucionarios en cada país y hacia una articulación común de las fuerzas revolucionarias de Centroamérica.

La unidad centroamericana no debe entenderse como un simple acuerdo entre gobiernos ni como una nostalgia histórica. Debe asumirse como una tarea política de la clase trabajadora y de los pueblos de la región.

Frente a una Centroamérica fragmentada, subordinada a intereses extranjeros y sometida a distintas formas de explotación y dominación, los revolucionarios levantamos la perspectiva de una Centroamérica unificada, socialista, democrática e internacionalista.

Porque frente a una estrategia imperialista regional, la respuesta de los pueblos también debe ser regional.

¡Fuera el Comando Sur de América Latina!

¡No a la militarización de Centroamérica!

¡Por la unidad revolucionaria de los pueblos centroamericanos!

¡Por la construcción de partidos revolucionarios de la clase trabajadora en toda la región!

¡Por la Federación de Repúblicas Socialistas de Centroamérica!

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