La Voz Obrera
El 11 de setiembre se cumple un nuevo aniversario del sangriento golpe encabezado por el general Augusto Pinochet que derrocó al gobierno constitucional de la Unidad Popular y el presidente Salvador Allende (el Pinochetazo). Se inició un período de durísima represión con miles de chilenos encarcelados, torturados y asesinados. El modelo del Pinochetazo fue luego tomado por nuevos golpes en otros países del continente (Argentina 1976).
Por eso, publicamos la Introducción del folleto “Las lecciones estratégicas de la revolución chilena durante la Unidad Popular (1970-1973)” elaborado por La Voz Obrera de Chile. Continuaremos la publicación de sus capítulos en las próximas semanas (Ver texto completo del foilleto en https://lavozobrera.cl/la-victoria-era-posible-las-lecciones-estrategicas-de-la-revolucion-chilena-durante-la-unidad-popular-1970-1973/)
Introducción
La experiencia de la Unidad Popular constituye uno de los procesos políticos más trascendentes de la historia contemporánea de Chile y América Latina. Durante mil días, millones de trabajadores, pobladores, estudiantes y campesinos protagonizaron un intento de transformación social que conquistó importantes avances económicos y democráticos. La nacionalización del cobre, la ampliación del Área de Propiedad Social, la reforma agraria y la irrupción de nuevas formas de organización obrera y popular marcaron profundamente la historia del movimiento obrero chileno.
Más de cinco décadas después, el debate sobre la revolución chilena continúa concentrándose muchas veces en cuestiones parciales: la política económica, la nacionalización del cobre, el papel del imperialismo norteamericano, la intervención de las Fuerzas Armadas o las responsabilidades del golpe de Estado. Todos estos aspectos poseen enorme importancia histórica. Sin embargo, existe una cuestión que atraviesa el conjunto del proceso: el problema del poder.
Este folleto parte de una pregunta sencilla, pero decisiva: ¿cómo puede la clase trabajadora conquistar y ejercer el poder político durante un proceso revolucionario? ¿Basta con nacionalizar las principales empresas? ¿Es suficiente ampliar la participación de los trabajadores en la producción? ¿O toda revolución plantea inevitablemente la necesidad de construir un nuevo poder político basado en la organización independiente de la clase trabajadora?
Responder estas preguntas exige confrontar dos estrategias históricas. La primera, basada en distintas formas de colaboración de clases, busca ampliar la participación de los trabajadores dentro de las instituciones existentes, preservando el Estado burgués y su democracia. Esta perspectiva continúa presente bajo formulaciones contemporáneas como la democracia industrial, la codeterminación, el diálogo social o el social partnership, que institucionalizan la negociación entre capital y trabajo sin plantear la sustitución del poder político de la burguesía.
La segunda, desarrollada por el marxismo revolucionario, sostiene que la emancipación de la clase trabajadora exige la destrucción del Estado burgués y la construcción de un nuevo poder político basado en sus propios organismos democráticos. Desde esta perspectiva, el control obrero constituye una forma transitoria de poder dual, ligada a una estrategia de conquista del poder por la clase trabajadora.
Esta tradición continúa presente en las organizaciones del marxismo revolucionario que buscan arraigarse en los sectores estratégicos de la clase trabajadora y reconstruir una dirección política independiente, armada con un programa para la conquista del poder. La construcción de La Voz Obrera en sectores estratégicos de la clase obrera chilena se inscribe conscientemente en esa tradición.
Estudiar la derrota para preparar las futuras revoluciones
Estudiar críticamente la revolución chilena de 1970-1973 no significa buscar retrospectivamente una fórmula que hubiera garantizado mecánicamente su victoria. Tampoco constituye un ejercicio académico destinado únicamente a establecer responsabilidades sobre una derrota ocurrida hace más de medio siglo. El marxismo se construyó extrayendo conclusiones estratégicas de las victorias y, especialmente, de las derrotas de la lucha de clases.
Marx y Engels estudiaron las revoluciones europeas de 1848 y la Comuna de París para desarrollar su concepción del Estado y de la dictadura del proletariado. Lenin y los bolcheviques hicieron de aquellas experiencias parte del arsenal estratégico con que prepararon la Revolución de Octubre. El estudio crítico de las derrotas no significaba contemplar el pasado, sino extraer lecciones para intervenir sobre el futuro.
Ese mismo método debe aplicarse a la revolución chilena. Su principal lección no consiste únicamente en afirmar que la Unidad Popular fue reformista, que faltó independencia de clase o que era necesaria una política más radical. La conclusión es más profunda: las crisis revolucionarias plantean inevitablemente el problema de qué clase ejerce el poder y qué Estado expresa ese dominio. Resolverlo en favor de los
trabajadores exige construir antes de la crisis aquello que no puede improvisarse cuando ésta ya se encuentra abierta.
Las revoluciones no pertenecen únicamente al pasado. El capitalismo continúa generando crisis económicas, sociales y políticas que vuelven a colocar a las masas en el centro de la historia. La Revolución Rusa de 1917, la Revolución Boliviana de 1952, la revolución chilena de 1970-1973 y o la revolución iniciada en Chile el 18 de octubre de 2019 muestran que la cuestión del poder reaparece bajo nuevas formas.
Por ello, este folleto no aspira simplemente a comprender la revolución chilena, sino a contribuir a que una nueva generación de trabajadores pueda armarse políticamente con las lecciones de las revoluciones del pasado. Como señalaba Lenin: *“La experiencia de todas las revoluciones nos enseña que la cuestión fundamental de toda revolución es la cuestión del poder del Estado”.¹
Notas
1. V. I. Lenin, Una de las cuestiones fundamentales de la revolución, septiembre de 1917. Allí Lenin formula que “la cuestión fundamental de toda revolución es, indudablemente, la cuestión del poder del Estado”.
2. Karl Marx y Friedrich Engels, Manifiesto del Partido Comunista. Prefacio a la edición alemana de 1872; y Karl Marx, La guerra civil en Francia (1871). Ambas obras recogen las conclusiones extraídas de la experiencia de la Comuna de París acerca de la imposibilidad de que la clase trabajadora se limite a utilizar la máquina estatal existente para sus propios fines.
3. V. I. Lenin, El Estado y la revolución, 1917, especialmente los capítulos I y III, donde sistematiza las conclusiones de Marx y Engels sobre el Estado, la Comuna de París y la necesidad de sustituir el aparato estatal burgués por un nuevo poder de la clase trabajadora.
4. León Trotsky, Historia de la Revolución Rusa, Prólogo, 1930; y La agonía del capitalismo y las tareas de la IV Internacional (Programa de Transición), 1938.

