El 26 de junio pasado, el gobierno israelí de Benjamín Netanyahu y el gobierno libanés encabezado por el general cristiano maronita Joseph Aoun firmaron un “alto el fuego” en la guerra entre ambos países, iniciada con la invasión de tropas israelíes que ocuparon la parte sur del territorio libanés y enfrentan la resistencia de Hezbolá. Este alto el fuego debía ser el primer paso de un “plan de paz” entre ambos países. Este acuerdo fue impulsado por el gobierno de Donald Trump. Sin embargo, nació prácticamente muerto porque tanto las tropas israelíes como Hezbolá han continuado combatiendo.
Alejandro Iturbe
El gobierno israelí inició esta última invasión a Líbano luego de la dura derrota que el país había sufrido en la guerra que realizaron contra Irán (junto con EEUU). En ese marco, Netanyahu intenta conseguir una victoria en un frente secundario: destruir a Hezbolá y apropiarse de una franja en el sur del territorio libanés.
Desde su derrota en la invasión a Líbano en 2006, Israel quiere cerrar el “síndrome de Hezbolá” porque esta organización ha desafiado exitosamente su rol de “gendarme regional” del imperialismo. Si bien en los últimos años le ha asestado algunos golpes duros, Hezbollah no se ha rendido, continúa resistiendo y combatiendo eficazmente contra Israel.
Incluso, importantes periódicos israelíes como Haaretz y Maariv analizan que si el objetivo principal de la invasión era destruir a Hezbolá, Israel estaba perdiendo la guerra. Más aún, ya en la anterior invasión de 2024, el general israelí retirado Yitzhak Brik había declarado a Haaretz que si las FFAA israelíes no habían podido destruir a Hamas menos aún podrían hacerlo con Hezbolá. Llegó a advertir que, de continuar con esa guerra. “Israel podría colapsar”.
Con esta última invasión, Netanyahu mantuvo y “redobló la apuesta”. A pesar de haber ocupado nuevamente una franja del sur del Líbano, semidestruido sus pueblos y ciudades y obligado a desplazarse a 1,4 millones de habitantes, la está perdiendo.
En este sentido, la firma de un alto el fuego representaría un reconocimiento en los hechos de esa derrota. Un poco menor que la sufrida en 2006, cuando las tropas israelíes se vieron obligadas a retirase “de apuro” del territorio libanés. Pero es una derrota al fin que se suma a la que Israel sufrió en la guerra contra Irán.
En esta situación, tal como lo había intentado sobre Gaza, Trump trata ayudar a su aliado: el alto el fuego sería parte de un “plan de paz” que pretende “cambiar en los papeles” el resultado real de la guerra. Al mismo tiempo, Trump tiene otra aguda necesidad.
El trasfondo del “plan de paz”
Ante la derrota en la guerra contra Irán, Trump-EEUU están desesperados por firmar un acuerdo de paz con Irán que les permita “dar vuelta la hoja”. Este acuerdo se viene postergando porque Irán pone como condición el fin de los ataques israelíes y la retirada de sus tropas del territorio libanés. Por eso, promueve este acuerdo entre Israel y el gobierno libanés para mostrar que “ha logrado la paz”. De paso, se ubica como supervisor del acuerdo y beneficiario de la reconstrucción.
Hemos dicho que este “plan de paz” pretende “cambiar en los papeles” el resultado real de la guerra. En primer lugar, es firmado por el gobierno de Joseph Aoun cuyo ejército no está defendiendo el territorio libanés ni combatiendo contra Israel. A pesar de ello, se le reconoce la autoridad para representar a Líbano en este “plan de paz”.
En segundo lugar, la retirada de las tropas israelíes del territorio libanés ocupado y su transferencia al control del ejército libanés será gradual y sin plazos establecidos (se irá viendo “sobre la marcha”). En tercer lugar, dado que Israel no ha podido lograrlo, el gobierno y el ejército libanés asumen la tarea de desarmar a Hezbolá.
En resumen, considerado en su conjunto, la firma de este acuerdo significa una traición abierta del gobierno libanés a su país y a su pueblo, En los hechos, el gobierno del presidente cristiano maronita Joseph Aoun ha pasado integrar un frente único con Israel y el imperialismo estadounidense contra Hezbolá.
Es necesario hacer una consideración importante. Desde hace décadas, la burguesía cristiana maronita libanesa y sus brazos armados vienen intentando desarmar a Hezbolá. Nunca han podido hacerlo. Parece muy difícil que ahora lo logren: Hezbolá organiza casi la misma cantidad de combatientes que el ejército libanés pero tiene buen armamento provisto por Irán y su fuerza militar es más homogéneo porque tiene mucha mayor convicción ideológica.
En este contexto, el objetivo real del “plan de paz” posiblemente sea que el ejército libanés ataque a Hezbolah por la retaguardia para debilitarlo en el frente sur contra las fuerzas israelíes, en un “movimiento de pinzas”. Refiriéndose a este aspecto del acuerdo firmado, el diputado de Hezbolá, Hassan Fadlallah, “advirtió que el acuerdo entre el Líbano e Israel firmado en Washington no puede implementarse por la fuerza sin arrastrar al país hacia una guerra civil”.
El alto el fuego ya está roto
Lo concreto es que el alto el fuego nunca se implementó y fue quebrado de inmediato. Ante las presiones de Trump, Netanyahu hizo lo mismo que en Gaza: aceptó firmarlo y de inmediato lo rompió en los hechos (siguen los ataques israelíes en el sur de Líbano).
Por su parte, Hezbolah rechazó el acuerdo desde su inicio. Por eso, sigue atacando a las tropas israelíes y ocasionándoles víctimas. Al mismo tiempo, ha comenzado a impulsar movilizaciones en Beirut contra lo firmado por el gobierno libanés.
Dado que su primer punto (el alto el fuego) nunca llegó a implementarse, el “plan de paz” propuesto por Trump nació agonizante y con escasísimas posibilidades de supervivencia.
La situación actual
En este sentido, la situación actual en esta guerra entre Israel y Hezbolá es muy similar a la que existía con el acuerdo sobre Gaza (13/10/2025): nació herido y no podía llevarse adelante. Sin embargo, se ha producido un cambio importante: aunque no se disolvió como organización ni se comprometió a entregar sus armas, Hamas ha entregado el gobierno de Gaza a la Mesa de Paz (Board of Piece) dirigida por Trump.
Existen otras diferencias importantes entre ambas situaciones que es importante considerar:
1.- Aunque Hezbolá ha recibido algunos golpes fuertes (como el asesinato de importantes cuadros políticos y militares), su capacidad de combate y de resistencia militar se mantiene intacta y es muy superior a la de Hamas.
2.- La crisis político-militar de Israel se ha agudizado por las contradicciones internas de su sociedad y esencialmente por las dos derrotas sufridas contra Irán. Hemos visto los análisis de la prensa israelí y las opiniones de altos militares retirados.
3.- A diferencia de Gaza, en Líbano existe un sector político-militar (el gobierno cristiano maronita y el ejército oficial libanés) dispuesto a atacar a Hezbolá por la retaguardia para debilitarlo y colaborar con Israel en esta guerra.
4.- El gobierno de Trump está mucho más debilitado que en 2025 por su derrota en la guerra contra Irán. También por las grandes luchas de los negros contra el racismo y de los latinos contra el ICE. A ellos, se suman las luchas de los blancos pobres en el movimiento No Kings.
Algunas consideraciones sobre Hezbolá
Hezbolah puede ser caracterizada como una organización nacionalista dirigida por la burguesía chiita libanesa. Su programa no defiende cambiar la estructura económico-social del país. En su fundación planteaba como estrategia crear un estado islámico en Líbano. En 2009, realizó una modificación profunda: abandonó este objetivo y postuló una plena adaptación al régimen político actual y sus instituciones.
Es decir, a pesar de contar con una poderosa fuerza militar y una gran influencia política no se propone cambiar nada de fondo en el país sino lograr un mayor espacio político y económico para la burguesía chita. Con ese objetivo, ha participado de distintos gobiernos de coalición con sectores sunitas e incluso con cristianos maronitas.
El accionar político-militar de Hezbolah cambia radicalmente cuando hay una agresión y/o una invasión israelí. Ante la inacción del ejército libanés estáorganizaión actúa plenamente como fuerza armada de la soberanía nacional. Así sucedió en 2006, 2024 y ha vuelto a ocurrir con la última invasión israelí.
Incluso, en ese marco, los trabajadores y el pueblo libanés necesitan construir una alternativa de dirección revolucionaria que supere los límites burgueses de Hezbolá.
Por todo ello, consideramos que una política revolucionaria frente a esta guerra debe tener algunos ejes centrales. El principal es que estamos en el campo militar de Hezbolá, lo respaldamos para que gane la guerra y derrote a Israel. Eso no significa ninguna confianza política en su dirección. En segundo lugar, repudiamos este “plan de paz” y la traición del gobierno de Joseph Aoun. Para Hezbolá y el pueblo libanés está planteada la tarea de derrocarlo.
Finalmente, hay que exigirle al régimen iraní que no se limite solamente a la presión diplomática sobre Trump. Es una acción correcta pero insuficiente. Es imprescindible que Irán apoye militarmente de modo concreto (con armas y con contingentes de soldados) la lucha de esta organización contra Israel. La victoria que logró en la guerra contra EEUU e Israel debe ser una palanca para avanzar en la gran tarea planteada para los pueblos árabes y musulmanes en la región: la destrucción definitiva del Estado de Israel, causa fundamental de las guerras y conflictos en la región.

